Resumen. En este texto hablo de la transferencia y de las relaciones transferenciales. 

Palabras clave: sentimientos, equipo, grupo.

Introducción

 

Mirad, aunque todo el esfuerzo de Freud fue el descubrir y describir lo que podemos llamar “aparato psíquico” del individuo, y todo su afán se centró en el estudio del sujeto entendido individualmente, lo cierto es que hay algunos de sus trabajos que nos hablan de un científico que descubre también que entre el sujeto que se analiza (el paciente) y el analista (es decir, el psicoanalista que lo analiza) hay una serie de vínculos que los entrelazan. Pero huía de ese lazo porque, como evidenció, perdía objetividad en el trabajo que quería realizar. Y la verdad de los hechos nos indica que esa objetividad no puede existir: desde el momento en el que dos personas se comunican (aunque solo sea con el cruce de miradas) la objetividad desaparece.

 

Uno de los elementos que distorsionaban el análisis del paciente era eso que llamó transferencia. Y a lo que el paciente activaba en él (es decir, la reacción a esa transferencia) la denominó contratransferencia. En realidad y desde mi perspectiva es más una situación transferencial la que se da; y mucho más cuando hablamos de grupo. Es por esto que me voy a meter en este berenjenal.

Situación transferencial

 

Desde Foulkes denominamos fenómenos T (con mayúscula) al conjunto de procesos transferenciales y los derivados de la situación real que se dan en toda situación grupal. Para ser precisos, Foulkes nos dice que «La situación psicoanalítica es conocida en tal carácter como una “situación de transferencia”. Ezriel señala que la situación terapéutica grupal es, ni más ni menos, una situación de transferencia en un marco de grupo. (…) Nosotros proponemos simbolizar aquellas propiedades de una situación terapéutica con el símbolo “T”. Entonces podemos formular que ciertos autores consideran “T” como igual a transferencia (T=t), mientras que nosotros una situación “T” debe permitir la confrontación dinámica del paciente con ambos aspectos, el de la transferencia (t) y el de la no transferencia (x= relaciones actuales del aquí y ahora) con lo que (T= t+x)» (S. H. Foulkes y E.­ J.Anthony, 1964: 72).

 

El concepto proviene de lo que Freud descubrió a partir de las experiencias con una paciente que a lo largo del tratamiento fue desarrollando una particular relación con él. Cuando Freud se preguntaba acerca de las características de esta relación, pronto descubrió que esas características se asemejaban muy mucho con el tipo de relación que había mantenido con su padre. Fue de esta manera que Freud pudo describir el proceso de la transferencia: se transfieren buena parte de las características estructurales con figuras del pasado a la figura del profesional. Para precisarlo más quizás convenga subrayar que no es tanto que “esta persona me recuerde a tal otra”, no. Esto puede suceder y muchas veces sucede: dado que las personas somos complejas pero todas miembros del planeta tierra, es muy posible que una o varias características de cualquiera de las personas que conocemos nos recuerden a alguna otra que hemos conocido y con quien hemos establecido una relación determinada. Pero esto es algo así como el establecer paralelismos, semejanzas con imágenes del pasado o de otro lugar con el de aquí. Cierto que en ello hay otros elementos, pero de entrada no estamos hablando de los elementos transferidos.

 

Lo que se transfiere es la estructura relacional (total o parcial) que se estableció con tal persona que resultó significativa para uno en el pasado, sobre la persona que se encuentran aquí y ahora conmigo. Esta estructura está formada por muchos aspectos: hay elementos favorecedores como el descubrimiento de determinadas similitudes físicas (tiene la misma mirada, anda igual, gesticula como él…); a ellas se le añaden otros elementos que acaban condicionando cómo se sitúa uno ante el otro, qué tipo de relación establece, qué afectos se activan, qué elementos simbólicos se articulan, qué fantasmas, fantasías, deseos y prohibiciones se instalan en esta relación que se asemejan como dos gotas de agua, a aquella otra relación. Para ponerlo en lenguaje de la calle, es algo así como que “con esta persona me relaciono igual que con mi padre, mi madre, mi tía…”

 

Una cuestión es si esto se da siempre o sólo en las circunstancias asistenciales. En esto hay posiciones muy diversas. Hay quienes restringen la transferencia a la situación analítica o, si queremos decirlo de forma un poco más amplia, a la relación asistencial. También hay quienes indican que ese proceso sólo aparece en un tipo de pacientes (fundamentalmente de registro neurótico) y no en aquellos de registro psicótico. Pero luego hay quienes como Ezriel y otros entre los que me encuentro, consideramos que el ser humano siempre transfiere: no puede no transferir; y por lo tanto tampoco se puede circunscribir la transferencia a un tipo de relación, a un tipo de patología o de personalidad. Es decir, la transferencia no es algo voluntario por lo que se da cuando se concitan una serie de circunstancias que lo favorecen.

 

Y ¿qué circunstancias son esas? Para no entrar en terrenos que consideraríais cercanos a la parapsicología, pensad que los humanos somos una unidad que mantiene las vivencias y las experiencias tenidas desde su minuto cero hasta el final de su vida. Estas experiencias y vivencias constituyen su forma de ser. Entonces, cuando nos encontramos con otra persona nos relacionaremos con ella con la totalidad de nuestra forma de ser; si bien seremos más conscientes de aquellos elementos de los que tengamos consciencia que de los que no. Si la persona con la que nos encontramos tiene unas formas de hacer o de hablar que nos permiten una relación cómoda, la relación puede irse afianzando. De forma involuntaria, cuando esta relación se afianza un poco, la posición en la que nos colocamos frente a ella comienza a asemejarse a la relación que tuvimos con alguien (que fue significativo en positivo o negativo) y cuyas características se parecían a esa persona que tengo aquí. A medida que la relación se va afianzando, aquella estructura relacional (eso es, con sus fantasías, sus temores, sus patrones de relación) comienzan a tomar acomodo e involuntariamente nos quedamos colocados en una muy, pero muy similar relación a aquella.

 

Y como el ser humano es un ser histórico, guarda en su ser (no solo en su memoria) el resultado de todas sus experiencias vitales de forma que es esencialmente eso: su vida. Y esto es lo que nos permite por un lado poder sentirnos con presente, pasado y un cierto futuro. Puede establecer vínculos significativos con los demás, sentirse arraigado al grupo en el que permanece y proyectarse hacia un futuro. Y es gracias a este magnífico mecanismo psíquico que podemos establecer como una línea de desarrollo coherente con nosotros mismos y con los demás. O lo más coherente posible.

 

Y dado que somos humanos, nosotros también transferimos. También establecemos vínculos con los demás que vienen cargados y condicionados por todo ese engranaje de afectos, significados, fantasmas, y estructuras relacionales con las que nos hemos ido haciendo (y nos seguimos haciendo). La cuestión se hace más compleja en el terreno profesional. Ahí, un mayor conocimiento de lo que se activa en las relaciones con los demás (los pacientes, por ejemplo) nos puede permitir manejarlas un poco mejor. Y lo mismo con nuestros compañeros de trabajo.

 

Decía que todos transferimos, ¿verdad? Eso significa que los demás también transfieren sobre nosotros sus propios elementos lo que condiciona las relaciones profesionales con los pacientes, por ejemplo, y con los compañeros de trabajo. Aquí la situación es T. Aunque prefiero llamarla situación transferencial, t., ya que no existe una diferenciación entre los elementos del aquí y ahora (que decía Foulkes al principio del artículo) ya que ese aquí y ahora está impregnado de lo transferido. Entonces fijaros que el lío es descomunal porque lo que transferimos se mezcla con lo que los demás nos transfieren; y eso que nos transfieren genera en nosotros una reacción que hace más compleja la relación que se da.

 

Hay una serie televisiva, CSI, en la que los investigadores buscan los elementos transferidos sobre el cadáver para poder localizar la persona que hizo aquel estropicio: buscan pistas. Y se ponen guantes (e incluso a veces, muchas más cosas), para evitar transferir sus propias características sobre las muestras que van tomando. De esta forma aparece un análisis más objetivo de lo que han obtenido. Pero en el caso nuestro, no hay manera de ponerse guantes, no existen máscaras protectoras de ese contacto y de ser modificados por ellos o de modificar la visión de quien tenemos delante. Es más, esa propia transferencia activa en nosotros una reacción que hace más complejo atender como Dios manda a lo que tenemos que atender. Esa transferencia que se activa como respuesta a la que percibimos se denomina contratransferencia.

 

Eso hace más compleja la situación, ¿verdad? Pero os la voy a complicar más. Un hospital es un centro que está repleto de profesionales de todo tipo. ¿El hospital transfiere? No. Pero el paciente sí transfiere las fantasías que se le activan en relación a sus propias experiencias con otros médicos. Por lo que entra en el centro con una serie de prevenciones que no son reales, sino que quedan articuladas con su pasado. Pero lo mismo cuando entro en el Ayuntamiento, o en un Centro o Institución pública. Se activan una serie de cosas relacionadas con el pasado que condicionan la relación que se establece con las personas del lugar. Si estas personas no saben que ellas no son responsables pero sí son pantallas sobre las que el paciente o usuario deposita sus cosas, y que esto explica sus comportamientos, entonces mal vamos. Mal porque activados por su contratransferencia acaban constituyendo una relación con el usuario… de pena.

 

También hay otro elemento: le llaman sentido corporativo. ¡Guau! Las transferencias que los de un determinado grupo han ido tejiendo entre sí, los constituye como un cuerpo unificado que puede ver a los usuarios como los “contrarios”, como los que vienen a ver qué hacemos y cómo lo hacemos. Esto enrarece las relaciones.

 

Un saludo.

 

Dr. Sunyer (11 de septiembre del 2010)

 

Los comentarios se refieren a las sesiones que he realizado con los profesionales que han acudido al curso que organizó la Diputación de Barcelona.