La relación asistencial

Consideracione en torno a este tema tan importante.
Sunyer, J.M. · 08/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Siendo un 30 de septiembre parece momento adecuado para empezar a hablar de la relación asistencial. Pero en el contexto de la clase, ¿se puede hablar de relación académica? ¿Tiene algún paralelismo entre ésta y aquella? Considerar estas cosas nos acercan a una realidad muy nuestra.

La relación asistencial.

Tras la visita hospitalaria de rigor pensaba en la experiencia lectiva de hoy. En los diversos grupos hablasteis de varias cosas: unos poníais la atención en la idea de “empatía”, pero otros en las características de los profesionales, en la capacidad de conectar con el paciente… Quiero pensar que eso es debido a que los que habéis leído el texto hay temas que os son más sugerentes que otros. Ahora bien, cuando nos ponemos en el grupo grande, la cosa es algo diferente. La fluidez no aparece tanto como en los espacios pequeños. El temor a “no sé qué va a pasar si hablo” parece que es uno de los responsables de esa falta de fluidez. Y vuestro silencio “me obliga” a hablar. Quizás un poco demasiado, sí. Pero… ¿qué es esa presión que siento y que hace que hable? Porque no tengo especial dificultad en permanecer callado los cuarenta minutos o los que sean. Estoy muy habituado a estar en contextos de grupos tan grandes o más que el que tenemos en clase. O sea que no creo que provenga de la ansiedad que me puede genera la situación. Posiblemente haya algo que tenga que ver con el contexto académico en el que el “marco de trabajo” me dice que “el profe debe aportar información”, aspecto éste que lleva implícito el “el alumno debe atender al profesor”. Esto es una estructura latente que va más allá de cada uno de nosotros. Si esto fuese algo relacionado con lo que podríamos llamar “el problema” del grupo que es diferente al “motivo de consulta”, ¿qué podríamos decir?

A ver. El “motivo de consulta” en el espacio en el que nos encontramos es algo parecido a “vengo a aprender”. Hablábamos de que tras ese “motivo” hay otras cosas que nos acercan al “problema”. ¿Podríamos considerar este aspecto de la relación que aparece como algo que nos acerque al problema? Creo que sí; pero no voy a contestarlo porque preferiría que fueseis vosotros los que lo hicierais. ¿Y eso? Pues precisamente para no tapar la posibilidad de que seáis vosotros los que lo descubráis.

Siguiente aspecto. En las conversaciones que aparecían en los grupos y también un poco en la que se desarrolló en el grupo grande, hablábamos de la empatía, de la capacidad de poder conectar con el otro, de algo que tenía que ver con la relación que se establecía, del deseo o incluso necesidad de no mezclar nuestras propias necesidades con las del paciente, del necesario esfuerzo por el conocerse uno a sí mismo… y todo esto quedaba enmarcado en lo que podrían ser ideas, opiniones. Creo que cuando incidía en cómo articulábamos esto en nuestra relación en la clase, todos o muchos de vosotros, ofrecíais una cara como de… “uy, qué quiere ese ahora”. Dicho de otra manera, parece que hay una dificultad en desmarcarnos del terreno de lo que podríamos llamar “racionalización o intelectualización” y meternos en el propiamente relacional. La tendencia me parece que es más hablar casi como en abstracto y no tanto desde la propia experiencia personal de cada uno. ¿Cómo podríamos entender eso? Porque desde la psicología, ese movimiento espontaneo que nos lleva a hablar de esta manera (que por cierto es una forma muy académica e incluso diría “políticamente correcta”), tiene un nombre. ¿Cómo lo llamaríais? NO respondo por la misma razón que antes.

Tercer aspecto. En el terreno en el que nos movemos, todo es información. Todo es mensaje. Es decir, no sólo importa lo que se dice sino lo que no se dice, lo que se hace, lo que… Y eso porque desde la psicología en la que nos movemos, todo lo que sucede en el marco y contexto en el que se da una relación, todo está relacionado. No sólo el lenguaje verbal sino el no verbal. No sólo lo que se dice sino lo que se calla. No sólo lo que se habla en público sino lo que se dice en privado. Por esto, cuando indico que los comentarios que algunos hacen en “petit comité” deberían hacerse en voz alta y para todos, no lo digo desde la bronca, el enfado. (Podría ser pero no es el caso): lo digo porque quiero y deseo que todos estéis y estemos en la misma barca. El hecho que unos remen y otros sólo metan la mano en el agua pero moviéndola en direcciones diferentes a la que estamos intentando dirigirnos, no deja de ser una especie de boicot al trabajo de todos. Sucede en todas partes, cierto. Y me diréis, pero soy libre de hacer lo que quiera, ¿no? Y os diré sí, claro; pero entonces no nos quejemos de los resultados. En una familia, en un contexto institucional u organizativo, a nivel social, etc., la no contribución al desarrollo de todos, el juego por debajo de la mesa es el que daña. Uno puede no estar de acuerdo con lo que se dice, pero el problema no es ese. El problema es no decirlo de forma clara y manifiesta. Porque eso trocea, desmenuza el esfuerzo colectivo. Y no deja de ser un movimiento (posiblemente involuntario) de resistencia al trabajo propuesto. De alguna forma, a nivel social, no es el voto en contra sino el no-voto, la abstención. Porque es la que daña el esfuerzo equivocado o no de los que sí votan. Esto en psicología tiene también un nombre, ¿seríais capaces de decir cuál?

Cuarto punto. Mirad: no somos ni vamos a ser amigos. El profe no es sino el profe y el alumno no es sino el alumno. No nos confundamos. Eso no significa que me podáis tener muy cerca de vosotros. Muy cerca que parezca que somos amigos. Podré comentaros cosas muy personales e incluso íntimas. Eso no hace la amistad. Sí nos acerca. Y vosotros podríais hacer lo mismo sabiendo, como sé, que no vais a ser amigos míos. Y posiblemente tampoco seáis amigos entre vosotros. Pero se pueden decir cosas muy íntimas y personales sin que eso signifique confundir los roles. Entiendo que eso puede confundir. Que no estando habituados a hablar desde la franqueza y desde lo personal uno crea que hacerlo equivale a otro tipo de relación. ¿Cómo pues se va a establecer una relación asistencial? La relación asistencial no es una relación “políticamente correcta”, no es una relación “como sí”, no es una “representación”. Es eso: una relación personal que busca ser una relación que aporte experiencias significativas. Desde cierto punto de vista, lo que dijo Rogers va en este sentido: coherencia, transparencia, empatía y comunicabilidad. Añadiría honradez, sinceridad, entrega y deseo de ayudar. ¿Hasta qué punto estamos en disposición de que las relaciones entre nosotros en el contexto de esta asignatura tengan estas características?

Un saludo

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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