Conocimiento y sabiduría (Knoledge and wisdom)

Mi cuaderno de Bitácora del 9 de octubre del 2002
Sunyer, J.M. · 25/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
El conocimiento de las cosas nos viene de un largo aprendizaje a partir de las experiencias que vamos teniendo. Esto es lo que con los años va constituyendo la base del saber profesional. La psicología no es una cultura de microondas.

Conocimientos y sabiduría. (Knowledge and Wisdom)

Conocer: Del latín cognuscere ( lat. vg: cognoscere) tener idea o noción de una cosa; llegar a saber su naturaleza, cualidades y relaciones. Tener idea del carácter de una persona. Percibir el objeto como distinto de todo lo que no es él; distinguir . Entender, advertir, echar de ver alguna cosa.

Sabiduría. De Saber: Del lat. Sapere “tener inteligencia, ser entendido”. Prudencia, tener conocimiento profundo en ciencias, letras o artes.

Son dos ideas que aparecieron en clase. Y dicen que “el diablo sabe más por viejo que por sabio”; posiblemente tengan razón. Parece que el conocimiento, es decir, aquel bagaje de información recogida a través de la experiencia, los años y cocinada al fuego lento del tiempo, es mejor que disponer de muchas ideas sin más. Pero hay una sabiduría anclada en el conocimiento y que deriva del poso dejado por la experiencia. Aumentar el conocimiento puede ayudar a ser sabio en algo. Ese conocimiento es el que les, nos posibilita disponer de un mayor abanico de referencias. Estamos en esta fase; posiblemente la sabiduría les, nos llegue más adelante. Para ello se precisará cocinar a fuego lento de la experiencia que se acumula a través de los años. En esto el microondas no nos es útil; lo siento.

En su situación me resultaría muy difícil decir, o mejor, afiliarme a una teoría. No dudo que unas teorías les puedan resultar más sintónicas consigo mismos. Quizás esté ahí la clave: buscar la sintonía entre mi forma de ser y mi forma de pensar. Afortunadamente los bebés no se ven en esta tesitura: crecen en un entorno, van teniendo una serie de experiencias que les va marcando de una forma y no de otra. Y este bagaje acumulado a lo largo de los años y articulado con sus características biológicas generan que uno sea de derechas o de izquierdas, que sea religioso o no; que se sienta a gusto con unas cosas y discrepe de otras. Es su filosofía, su forma de ser, su forma de vivir la vida. Y por lo tanto marcará la manera con la que enfoca la vida.

E igual nosotros. Uno va naciendo a la vida profesional, va acumulando experiencias que se incardinan con su forma de ser, su pertenencia a un determinado grupo social y familiar, articulado con determinadas conceptualizaciones político – religiosas, y todo esto, junto con las horas de estudio y divertimiento, articulan una forma de ser psicólogo y una manera de actuar como orientador. Y no de otra.

VVV es una persona joven que acude porque “me paso el día vomitando. Vomito en cualquier situación, por lo general cuando estoy nerviosa. He consultado a varios profesionales. Me han sugerido dietas varias. Y he mejorado algo, pero no veo que me resuelvan nada. Me han recomendado que venga a donde Ud., y no sé si lo mío tiene remedio” Estas son más o menos las primeras palabras que VVV explica en la consulta. ¿Qué se preguntan ante ello? Esta persona pide ayuda, orientación, ¿Cómo la orientamos? ¿Qué le decimos? Tenemos varias opciones:

1. Hacerle un estudio detallado de su personalidad para diagnosticarla “bien”

2. Decirle que vaya a un especialista del aparato digestivo.

3. Devolverla a su psiquiatra de referencia ya que esta (o estaba) en tratamiento con ella.

4. Decirle que no entiendo de su problema y mejor se va a otro.

5. Empollarme la bulimia y los trastornos alimenticios y organizar un plan de abordaje para que controle sus conductas.

6. . …

7. Decirle que entiendo de su cabreo y que en su lugar estaría muy enfadado. Y que soy un técnico en enfados.

Creo que estas opciones, entre otras muchas otras que seguro que a Uds., se les ha ocurrido, son correctas. La que elijan dependerá de lo que entiendan al respecto. Porque (una pregunta un tanto ingenua): ¿por qué vomitarían Uds., cada dos por tres? ¿Alguna pista que les permita a Uds., hacerse una idea de lo que le puede suponer a alguien devolver con tanta frecuencia? Imagínense la situación: de pronto, uno se levanta de la mesa y va al cuarto de baño para ello. Y esto una y otra vez. Lo normal es que la familia, por ejemplo, se ponga del revés, preocupada por lo que le puede pasar. E incluso hasta un poco harta de esto. Además, piensen que el vómito daña el conducto digestivo, el esófago; lo quema. Es decir, que estos vómitos también le dañan. ¿y por qué alguien se dañaría tanto? Porque no estamos hablando de un vómito ocasional, producto de una comilona. Fíjense que la respuesta que le demos dependerá fundamentalmente de su teoría al respecto. Y, por supuesto, de su teoría del cambio.

¿Cómo hacer para mejorar su calidad de vida? De hecho, los psiquiatras con los que ha estado lo han intentado: modifican la dieta alimenticia y disminuyen los vómitos. Una estudiante de medicina le dice a su padre, psicólogo: -“Sabes de algún especialista en Anorexia? Es que a la hermana de mi amiga XX le han diagnosticado de Anorexia, y el psicólogo del centro le ha dicho que “o engordaba seis kilos o la ingresaba”. Y ella que dicho que nanai, que no, que no piensa ni engordar ni ingresar; que ella está bien. Pesa 51 Kg y mide 1.80. ¿tratas anorexias, papá? Lo sé porque una vez vi en tu consulta a una chica muy delgada y creo que era una Anorexia. Pero no sé. Es la hermana de mi amiga y no sé si tu… – me parece que tiene muy mala uva, esta persona. – Sí. Pero ella tiene una Anorexia. ¿qué hago con ella?”

Otra pregunta en la misma línea: ¿Por qué alguien tiene que elegir esta forma de comunicarse tan dramática? ¡Ajá, otra idea! Claro, porque también lo podemos entender como un problema de comunicación grave. Grave porque daña y se daña, claro. Les recomendaría que se olvidasen, momentáneamente de a qué línea ideológica, a qué concepción teórica deben afiliarse. Entiendo que debe ser algo personal mi pelea con las ortodoxias. Huyo como alma en pena de todo aquello que huele a ortodoxia. Me quedo con su doxia, con sus conocimientos. Pero este es mi problema y no el suyo.

Un saludo.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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