Paranoia

Mi cuaderno de Bitácora del 26 de septiembre del 2002
24/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Nos estamos centrando en el trabajo y aparecenlas desconfianzas, los elementos persecutorios, la paranoia se va haciendo evidente en los silencios. Y aunque hay una sana paranoia anticipatoria (O. Kernberg) también hay la paralizante. ¿Cómo se cuida una y no a la otra?

Desconfianza o mejor, prevención 26/9/02

Creo que estaremos de acuerdo en que el tema que centró la sesión de grupo grande de hoy fue el de la Desconfianza. El grupo se puso a pensar, a través de las diversas contribuciones, sobre este aspecto de la relación. En su proceso de pensamiento grupal, abordamos no sólo la confianza en el conductor de la misma (¿qué debe haber tras esos datos que no aparecen en los resultados que nos ha dado de la encuesta de ayer?) sino también sobre el grado de confianza que podríamos tener entre nosotros, en tanto que somos grupo.

En esta elaboración colectiva aparecieron ideas muy sugerentes en relación con si la desconfianza aumenta a medida que nos hacemos mayores, en qué medida hay contextos culturales, sociales, que favorecen climas de confianza o de desconfianza, de si depende de con qué personas me encuentro, del tamaño del grupo con el que me relaciono, de si es un proceso intuitivo, espontáneo, el que me lleva a valorar el grado de confianza que me despierta un grupo o una situación; también apareció una distinción entre lo que podríamos denominar confianza personal y confianza profesional. Numerosos temas, ideas, que se iban entretejiendo para configurar lo que podríamos llamar pensamiento grupal.

Claro que aquí algunos dirán, con toda lógica, que no hablamos todos. ¡Claro! Normal. Sobre todo en un primer día. Siempre habla aquella persona que se siente, en aquel momento, en mejor predisposición. Seguramente muchas de las cosas que se decían eran compartidas por otras personas que, con su silencio, aprobaban lo que otras decían. Pero también es cierto que había, a buen seguro, otras que opinaban cosas diferentes o les inquietaba cosas diferentes. Es imposible que todas las voces se oigan, lo que no significa que sería deseable. En todas las situaciones, el conjunto de elementos que no pueden acceder a expresarse contiene los aspectos que denominamos inconsciente. Lo inconsciente es justamente eso: aquello que queda fuera de la conciencia, fuera de lo que se habla. Es esa parte oculta que con acierto señalaba un compañero: ¿qué hay tras esos datos que no aparecen?

Es una pregunta que siempre debemos hacernos. Ello es ampliable a los contextos en los que van a trabajar. Por ejemplo en una empresa. Cuando uno entra en contacto con una empresa, conecta, en realidad, con las personas que trabajan en un proyecto compartido. De todas ellas, unas son las que les expondrán numerosos aspectos de la vida de la empresa y las preocupaciones que les afectan y que son el motivo por el que solicitan su ayuda. Y debemos interesarnos mucho sobre estos aspectos que son los que, a modo de mensaje oficial, le indican qué tipo de problemática tienen. Pero deben fijarse en el otro lado de la moneda. En aquello que no aparece encima de la mesa. En aquellas personas que, por razones desconocidas, no se sienten con la confianza como para exponer su punto de vista. En ocasiones ahí está la clave del problema o de su solución. Y lo mismo sucede en una familia.

Podemos pensar en otro planteamiento. ¿Podríamos pensar que cada uno de nosotros estamos ante un grupo como si ese grupo fuese la mente de una persona? Es decir, al tiempo que formamos el grupo, ¿podríamos separarnos mentalmente de él y considerar que el resto de las personas que lo conforman son una buena representación de lo que es la mente de una persona? Es un ejercicio que considero importante poder realizar. Si pensásemos por un momento que ante nosotros tenemos la representación de la mente de una persona, de la psique de una persona, ¿qué sugerencias aparecen ante el fenómeno grupal que hemos vivido hoy? Cuando realizo este ejercicio encuentro una línea de pensamiento que me facilita comprender, por ejemplo, las dudas, las desconfianzas que puede presentar una persona que acude a una entrevista. Por ejemplo, ¿qué esconde el profesional tras lo que me dice? ¿Hasta qué punto voy a confiar en esta relación? “Mire (dice un paciente), a medida que voy haciéndome mayor, mayor es la desconfianza que tengo hacia el otro. A veces pienso que en mi contexto familiar, a diferencia de otros, crecemos en la desconfianza, en el recelo. Ya me lo decía mi madre, o mi padre más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Fijaros que no estoy haciendo un juicio de valor ni de intenciones respecto a ninguna de las personas que brindaron sus pensamientos al resto del grupo. Es más, si no fuese por ellas sería muy difícil poder hablar de lo que estamos hablando. Quizás es uno de los aspectos más útiles de este trabajo: cada persona, con lo que dice, piensa, aporta al grupo, a cada uno de los compañeros que lo conformamos una serie de ideas, de sugerencias a partir de las cuales otro puede articular otra, y otra, y otra… Tal y como sucede en la mente humana. El pensamiento no es sino una red de elementos interconectados, elementos que provienen de nuestras experiencias que se articulan a través del lenguaje el cual, a su vez, se estructura como una red de núcleos conectados entre sí mediante las asociaciones que realizamos. Una palabra, un gesto, aluden a otra palabra, o gesto, o idea; pero también fragmentos de esa palabra alude a otras ideas, otras palabras.

Un ejemplo sencillo: estaba ayer en el bar que está frente a la Facultad junto con otros compañeros que nos reunimos a comer. En la pared estaba el dibujo del Capitán Harold (¿) con una pipa, fumando. El cartel anunciaba que allí era zona de fumadores. Uno de los compañeros señala, al ver que uno estaba fumando: ¿Aquí se puede fumar?, a lo que se le contestó señalando el dibujo: Es zona de fumadores. ¡Claro!, dice un tercero, ¡es que lleva pipa! ¡Sí!, contesta el primero, ¡lleva pipa pero no empipa! Una palabra alude a otra. Esto lo sabemos todos. Y esta articulación del lenguaje es la que nos lleva a pensar que el inconsciente se articula como el lenguaje.

Dejando de lado este tema que me parece apasionante, la idea de Desconfianza me remite también a las de Ingenuidad, Osadía. No significan lo mismo, claro. Pero al pensar en ellas creo que me permiten fijarme en otro aspecto. Si bien hablábamos de la desconfianza, posiblemente sería más ajustado pensar en otras cercanas como recelo, suspicacia, cuidado, prevención, temor, duda… Ello nos da otra pista frente a nuestra función como Orientadores. El uso de términos similares o sinónimos nos amplía el terreno en el que nos movemos y por lo tanto posibilita el que el flujo de ideas aumente. Y nos aleja de un elemento que podría aparecer: la sensación de que se nos tilde de desconfiados, cuando en realidad, lo que está apareciendo es un cierto recelo, una cierta duda frente a ese modo de trabajar. Frente a ello, la idea de ser ingenuos aparece la de ser precavidos. Frente la posible osadía de tirarse a la piscina sin saber si hay agua, la precaución de evaluar el grado de fiabilidad (otra palabra que apareció en el grupo) del contexto en el que trabajamos.

En un trabajo que posiblemente tengamos ocasión de leer, O. Kernberg introduce la idea de la “sana paranoia anticipatoria”. Los humanos podemos utilizar los elementos paranoicos como forma de prevención de riesgos. Esa sana paranoia anticipatoria nos aleja de la ingenuidad que sería la de los niños. Si así fuese, la idea de que al ir creciendo nos vamos haciendo más desconfiados quizás la podríamos sustituir por la de que nos vamos haciendo menos ingenuos, más previsores de los riesgos que podemos correr. Y esto tiene un grado de salud importante.

UN saludo.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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