La conversación libre. (Free-floating conversation)

Mi cuaderno de Bitácora del 2009-2000
Sunyer, J.M. · 19/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
En la sexta entrega, realizo unas reflexiones sobre qué escuchar. No resulta fácil escuchar y al tiempo oír. Pero los que estamos en esta profesión debemos hacer uso de los dos oídos para que cada uno de ellos se especialice en cada uno de estos aspectos de la relación asistencial.

La conversación libre. (Free-floating conversation)

La cuestión de definir un espacio no es fácil. Los aspectos históricos, la forma cómo se gestionaron, aparecen en toda su comprensión y condicionan lo que con ellos se hace. Creo que esta idea la pueden entender bastante bien. Hemos podido ver cómo la conceptualización viene condicionada por elementos históricos. Tras éstos, podemos ver otros, como los de poder que, sumados a los históricos, acaban conformando parte de las luchas entre las que uno se encuentra. Hasta ahora, la cosa está bastante clara. Hay un espacio, el de la Orientación Psicológica, que se ubica entre la psicoterapia y la educación, entre lo psicoterapéutico y lo educativo. Hay unos profesionales que la ejercen. Unos provienen del campo de la psicología y otros no. El conflicto comienza a aparecer en tanto que unos consideran que es campo propio y los otros también. O que unos tienen más razón que los otros.

Pero hay otra cuestión. Sé que lo que les pido no es fácil. Sé, soy consciente de la dificultad que supone para Uds., modificar su habitual forma de ver las cosas y ubicarse en un terreno absolutamente profesional en el que se trabajan todas las cosas que aparecen en él. Y al tiempo ser parte de él. Pero como sé que sabrán hacerlo, sigo. Decía en alguno de mis escritos que formamos parte de lo que realizamos. A diferencia de otras profesiones, nuestra implicación o participación en la relación se torna base fundamental para comprender algo de lo que sucede. Ahora hago una pregunta que, por cierto, ya les hice en otra ocasión. ¿Por qué, habiendo tantas cosas que aparecían en el texto, sólo se tocaron estas? A partir de aquí surgen varias hipótesis de trabajo. La más normal, quizás, es que no había tiempo suficiente para ello. Pero había momentos en los que parecía que no había nada qué decir; y desde una perspectiva voluntariosa, podríamos exigir que se comentasen todas las cosas.

Otra hipótesis podría ser que no se nos ocurrió qué otras cosas comentar. Por ejemplo, no se nos ocurrió comentar la definición de Orientación Psicológica dada por Dietrich; definición que, por cierto, más allá de ser bastante completa y compleja, apuntaba a los elementos estructurales mínimos de toda relación de Orientación. Pero claro, si somos psicólogos, si nos consideramos como tales, qué querrá decir eso de no se nos ocurrió. Parece que podríamos formular la hipótesis de que si algo no se le ocurre a alguien es porque sucede algo que priva, que evita, el que aparezca en la mente; o incluso si aparece, el que no se verbalice. Una tercera hipótesis podría ser que no nos consideramos psicólogos, lo cual, más allá de los elementos de la legalidad vigente, no deja de ser un tanto relativo. Uno se considera a sí mismo psicólogo, independientemente del reconocimiento exterior. Y más cuando uno está acabando los estudios para ello. Claro que esta hipótesis podría vincularse a otras muchas que creo que serán capaces de elaborar. En todo caso, el hecho real es que no aparecieron otros comentarios. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver con la Orientación todo eso?

Vayamos al campo profesional, pero antes desearía comentarles que para mí es más claro (y más coherente) que hablemos de lo que nos pasa más que hablar de lo que les pasa a los pacientes ya que pocos de Uds. tienen práctica clínica real. Pero vayamos al campo profesional manteniendo el paralelismo al que siempre recurro. Si fuésemos capaces de considerar el grupo grande como un símil del cerebro, o más exactamente de la mente de la persona, ¿qué conclusión podríamos deducir? ¿Sería descabellado pensar, pregunto, que esa mente, a lo largo de los aproximadamente cuarenta y cinco minutos de nuestra charla, abordó, de un conjunto X de elementos (los que había en los textos y los que provenían de las discusiones grupales), un número Y menor o diferente al de X.? ¿Y que el resto de los elementos se mantuvieron callados, sin ser expuestos al conjunto de personas que oíamos a “ese grupo”?

Con esta hipótesis de trabajo podríamos pensar que cuando estamos ante una persona o institución, aquello que se nos dice sólo forma una parte del conjunto de cosas que se nos puede decir. Algo así como la parte visible del iceberg. Con lo que ya comenzamos a saber algo más. Es decir, sabemos que hay algo que se nos dice, se nos comunica, y algo que queda oculto, algo que no se dice. Arribados a este punto, el profesional de la psicología (de la psicología tal y como yo la entiendo), se pregunta: ¿qué es lo que no me explicó? ¿Por qué no me lo dijo? Y ¿qué me dijo cuando me dijo lo que me dijo? Seguramente otras muchas cosas. Respecto la primera pregunta es cierto que hay una infinidad de cosas que quedan en el tintero, pero algunas pueden ser más significativas que otras. Uno puede no decir que está casado, o que tiene otras relaciones; o que tiene hijos o que le gusta el montañismo. Esta y otras informaciones pueden parecer no relevantes, pero la decisión de si son no relevantes no es del paciente, sino del profesional. Claro que el paciente, la institución, considerará relevantes unas cosas y otras no; pero hay que pensar que esta decisión está al servicio de la censura, y no del tratamiento. ¿Se imaginan Uds., que cuando van al traumatólogo para hacerse unas radiografías, Uds., son los que deciden qué parte del hueso debe salir y qué parte no en ellas? Esa decisión, en caso de poderse tomar, dependerá de los elementos de censura que Uds., coloquen en la radiografía.

La segunda pregunta va en relación con la primera. Lo que sucede es que no siempre las razones son necesariamente internas. Pueden ser externas. O ambas. Volviendo momentáneamente a la clase, la hipótesis de que no había tiempo tiene, en principio, una connotación externa más que interna. Y, en este caso, yo, como conductor de ese grupo, debo plantearme si los cuarenta y cinco minutos son suficientes o no. Aquí se abriría otra puerta interesante, pero no voy a entrar en ella. La tercera pregunta también tiene su enjundia. Si fuese arqueólogo o geógrafo e hiciese una cata, una prospección en un terreno para tratar de hallar vestigios de épocas anteriores, sería demasiada casualidad que al horadar a 50 metros encontrase una vasija perteneciente al paleolítico superior; posiblemente, lo que encontraré serán restos que me permiten suponer que hay algo importante. Y esos restos pueden ser ínfimos. Será mi capacidad de análisis la que me permitirá deducir que, efectivamente, aquí hubo y hay algo. Siguiendo pues con ese ejemplo, en lo que se dijo debe haber cosas suficientemente importantes como para que apareciesen en la conversación. La escucha atenta y relajada de lo que se dice en una conversación nos permitirá reconocer algunos elementos que hablan de algo más profundo. Esto es a lo que llamamos asociación libre de ideas, o discusión libre. Es decir, crear este estado en el que no no está preocupado por decir algo concreto, algo valioso: sólo está preocupado por conectar con aquellas cosas que le brinda la libre asociación de ideas a partir de lo que el paciente le va señalando. De ello podremos deducir dos cosas: que da igual de lo que se hable ya que contendrá elementos que permitan iluminar áreas de preocupación. Y que todo, absolutamente todo lo que se hable tiene igual importancia.

Volvamos a la experiencia nuestra. Se inicia con el deseo de delimitar el término, con apuntes a centrarse en el aquí y ahora. Posteriormente se alude a las diferencias entre clínica e industrial, introduciéndose, poco después el elemento historia. Para finalizar aterrizando en el terreno de las competencias de cada profesional, las rivalidades entre ellos y la necesidad de ajustarse a las demandas de los que acuden a nosotros. Fíjense cómo, de forma muy sutil, entran en el ruedo aspectos que directamente les vinculan con la futura experiencia profesional. Y aquí acaba. Y así está bien. Podríamos decir que el grupo, por ejemplo, hace un enunciado de algunas preocupaciones latentes y, al tiempo que las hace, comprueba el grado de fiabilidad que existe en el terreno. Y esto precisamente es lo que van a ver cuando trabajen. El paciente, persona, grupo o institución, cuando conecte con Uds., va a ir soltando de forma sutil elementos que por un lado le informarán de algunas de sus preocupaciones latentes y por otro tratan de estudiar la fiabilidad que les ofrece dicha confesión. Ante todo ello, tranquilos. No somos los toreros que nos ponemos de rodillas ante la puerta del toril. ¿Se han fijado lo que, los toreros que no necesitan hacerse los héroes, hacer? Dejan que salga el toro, se meten a realizar unos primeros pases para ver de qué va ese morlaco y después, cuando comienzan a ver de qué va, comienzan a torearlo.

Un fuerte saludo.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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