Ansiedad y agresividad (Anxiety and aggression)

Mi cuaderno de Bitácora curso 2000
Sunyer, J.M. · 19/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Comienzo pidiendo disculpas por una solemne metedura de pata para pasar a hablar de la agresividad. En realidad en estas líneas enlazo la ansiedad con la agresividad ya que en cierto modo están emparentadas.

Ansiedad y agresión (Anxiety and aggression).

El primer contacto y primer desacierto. Siento un cierto bochorno. Creo que no empecé muy bien. Tuve un resbalón y de veras que lo siento; sobre todo por la persona a la que pude dañar. Y me di cuenta un poco tarde. Cuando ya había metido la pata. Unos minutos más tarde me descubrí pensando en lo que había pasado. Y más tarde observé que me había olvidado unas hojas, un escrito complementario que era para Uds., y que surgió a partir de los hechos del día 11. Mañana jueves se lo entregaré, junto con estas líneas. Pero, curiosamente, habla de lo que me ha pasado: agredí sin darme cuenta. Como para “hacerme el gracioso”, lo cual no me parece muy lógico, a estas alturas de la vida. Y realmente lo siento y pido disculpas de forma pública y notoria.

El tema, pues, es la agresividad. Podemos pensar que la agresividad es algo que surge sin más. Hay posicionamientos teóricos que niegan la existencia de un componente agresivo en el ser humano, y dichas teorías indican que en todo caso, la agresividad surgiría al verse frustrada la satisfacción de un deseo placentero. O sea, la agresividad como algo generado por la frustración. Y hay un punto de razón: cuando nos sentimos frustrados por algo, nos enfadamos, sentimos malestar o rabia (según el grado de enfado) y la agresividad emerge de forma más o menos automática. Sin embargo no comparto la idea de que lo agresivo derive sólo de la frustración que podemos sentir. Desde el psicoanálisis, desde los planteamientos de Freud y que posteriormente han sido confirmados por numerosos profesionales, partimos de la idea de la existencia de dos fuerzas instintivas. La que deriva del Eros y la que deriva del Tanatos. Es decir, dos polaridades que articulando su energía, su poder, posibilitan la vida de todo ser. Y no se puede vivir sin ambas.

La primera, Eros, es la fuerza que nos lleva hacia lo constructivo, hacia la integración de nuestros recursos, hacia lo que otros autores, no tan vinculados con el psicoanálisis denominan “crecimiento humano”. El Tanatos, trata de contribuir a ese crecimiento ofreciendo una notable resistencia a través de la destrucción, desintegración, y en último término, aniquilación del propio crecimiento; aniquilación que nos devuelve, menuda paradoja, al universo del que venimos. Por cierto, ¿habéis leído un libro titulado “la historia más bella del mundo” o algo así? Se trata de una entrevista (mañana buscaré más concretamente la referencia para quien la quiera) que una periodista, la autora del libro, realiza a tres científicos: un astrónomo, un biólogo y un antropólogo, creo recordar. En ella se realiza una conexión maravillosa entre el momento inicial en el que se supone fue creado el Universo y el desarrollo de la cultura. Fantástico. O a mí me lo parece. Pues bien, lo que entendí de su lectura es precisamente esa vinculación entre el universo del que venimos y la fuerza tanática. De hecho, dicha fuerza nos devuelve, en último término, al universo del que procedemos. Algo así se recoge en aquella frase “polvo eres y en polvo de vas a convertir” O sea, que la fuerza del Tanatos no es más que aquella, gracias a la cual, volvemos a la materia de la que procedemos.

Lo que sucede es que, de la misma forma que actúa a nivel del organismo (está claro que acabamos muriendo), también actúa a nivel psíquico. Pensad que existe una conexión permanente entre lo biológico y lo psicológico (y también con lo social, pero ya lo iremos viendo). Eros y Tanatos, pues, serían dos fuerzas que están presentes en todos nuestros actos, mostrándose una más que la otra, según las circunstancias. Y si esta hipótesis es cierta tendremos que pensar que en las relaciones que se den en este espacio, también aparecerán. Como aparecen también en las relaciones profesionales. Por ejemplo, cuando alguien solicita una entrevista hay muchas maneras de expresar esta agresividad. Tanto por parte de quien la pide como por parte de quien la da. En el caso que les hablé del niño que había estado desde las ocho de la mañana hasta la una y media del medio día, hay agresividad manifiesta y latente. La podemos ver en el hecho de que nadie le diga al niño y a su acompañante que tienen mucho tiempo de espera y que mejor, se van a desayunar. O en el hecho de tener a varios niños en una sala de espera, tiempo interminable y, seguramente, en condiciones ambientales desagradables. Y en el hecho de no pedir disculpas por el retraso. Podríamos seguir añadiendo cosas a esta lista. Y por supuesto en el hecho de no percibir nuestra propia agresividad como profesionales y adjudicar al niño “un carácter nervioso y agresivo”, con lo que le endosamos una etiqueta agresiva a alguien sin habernos preguntado, antes, cuánto había influido, por ejemplo, la espera en esta “manifestación agresiva”.

Pero por otro lado, la agresividad es necesaria. Sin ella no podríamos articularnos con los demás. No podríamos penetrar en el otro e incidir con nuestras ideas y pensamientos en el de los demás. A mi, lo que más me asusta, es un “niño bueno”. ¿Sabéis aquel dicho que dice “de las aguas tranquilas líbreme el Señor que de las bravas ya me libro yo”? Cuando en una entrevista, los padres os digan que su hijo, cuando era pequeño, era un santo, no rompía nada, no incordiaba jamás, id preparándoos para lo peor. Cuando una persona, profesional o no, resbala, se enfada, le veis de mal humor algún día, todo esto habla de alguien que vive. Con errores, pero vive. Sin embargo, cuando os encontréis con estas personas que “nunca han roto un plato”, preguntaros qué hace con su fuerza tanática. Porque posiblemente la esté guardando tanto que, o le acabará produciendo una enfermedad psicosomática, o estallará en un trastorno psicológico importante, o… La agresividad, pues, es necesaria. El problema, en todo caso, es el uso de la misma. Y el origen. Porque puedo estar enfadado por no haber dormido bien y expresar este enfado agrediendo a alguien.

O como me explicaba una persona ayer: resulta que hace tres días se le había muerto una tía suya, y esa muerte le hacía pensar en las que pueden comenzar a aparecer, por ejemplo, la muerte de su padre, de su madre… Y esto le hacía llorar un poco, pero básicamente, estaba agresiva. Se enfadaba con todos. Con los compañeros del trabajo y con el trabajo mismo. Hasta había pensado abandonar el trabajo que tenía. Estaba colérica, hasta el extremo que sus compañeros se le habían enfrentado. Y también se había enfadado con su padre. Y… Fijaros. La muerte de una tía en vez de ponerle triste, la pone rabiosa. Y es que en ocasiones, la agresividad camufla un elemento depresivo. En ocasiones nos sentimos tristes pero no somos capaces de conectar con esta emoción y utilizamos el recurso del enfado, de la agresión. Agresión que, en el caso de esta persona, puede llevarle a quedarse ¡sin trabajo! Fijaros cómo actúa, cómo puede actuar la fuerza tanática. Destruyéndose, quedándose en el paro, en una situación de necesitar del otro en grado extremo. Bueno, lo dejo por hoy.

Me gustaría que pudiésemos trabajar estas y otras muchas cosas. Y que me ayudéis lo más que podáis.

Gracias.

Dr. Sunyer.

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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