Encuadre (Setting)

Inicio de la relación
Sunyer, J.M. · 17/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Esta es una de las primeras cartas a mis alumnos que de alguna forma determinan el inicio de cada curso académico. Tiene dos vertientes: una es la de irles ubicando en lo que pretendo hacer; otra es ir haciendo el espacio mental para daarles cabida.

Encuadre (Setting)

Carta a mis alumnos antes del inicio del curso.

No se lo creerán Uds. Estoy a algo más de a dos meses vista del inicio de las clases (curso 1999-2000), y ya me he puesto a pensar en el curso. Y en Uds., personas desconocidas aún y que no sé si me proporcionarán una grata o ingrata experiencia lectiva. Deseo que sea grata, pero esto no depende de mí, sino de un conjunto de circunstancias que, hoy por hoy, se me escapan. Uno podría decir, ¿a qué viene que este señor se ponga a pensar en nosotros dos meses antes de empezar el curso y sin conocernos? Y ¿a qué viene que nos lo diga? ¿Y por qué nos trata de Ud.? Me resulta más fácil empezar por la segunda. Debe tener que ver con las canas, pero me parece que hay diferentes formas de conceptualizar la idea de dar clase. Una de ellas es la de transmitir los conocimientos que más o menos uno va teniendo y que los libros explican con mucha más claridad y profusión de detalles. Otra es la de transmitir lo que sucede por mi cabeza y que, junto con los elementos teóricos que pueden enmarcar mi experiencia profesional, configuran las directrices de lo que para mí es una relación educativa, y que en otros ámbitos se puede entender como relación terapéutica.

Como pueden ver Uds., en el esfuerzo por determinar el encuadre del trabajo, establezco un paralelismo entre las situaciones educativas y las terapéuticas. Yo prefiero esta segunda vía de transmisión de conocimientos. Si uno revisa la etimología de las palabras encontrará una abundante fuente de conocimientos que, si los utiliza con el objetivo de entender, le proporciona pistas más que sugerentes para comprender las cosas. En este punto tengo que agradecer a una profesora de la UAB, cuando estudiaba psicología del lenguaje, un comentario que jamás he olvidado: pensamos en griego y hablamos en latín. Y este comentario que agradezco (y siento un montón no recordar el nombre de dicha profesora, los años no han pasado en balde), me ha permitido ampliar el conocimiento de muchas cosas. Por esto se lo recomiendo. Busquen, si así lo desean, el significado y la etimología de las palabras Educación y Terapia. Creo que, quienes así lo hagan, comprenderán el porqué vinculo ambas relaciones.

Si me voy a la tercera pregunta, la que hace al tratamiento, les diré que forma parte del ejercicio profesional. Y forma parte de esto que llamamos encuadre o setting. Me resulta más fácil tratar de tú. La edad, creo que me lo permite. Pero el respeto que me merecen y, sobre todo, hasta que la confianza no se haya establecido, creo que nos debemos tratar de Ud. Cierto que lo pueden entender como una posición distante. Y en cierto modo así es. La distancia que el respeto que me merecen me permitirá (y nos permitirá) entendernos sin dañarnos. Entiendo que no les puedo pedir que entre Uds., se traten así. Sería un tanto ridículo ya que no sólo tienen una misma edad sino que comparten un montón de cosas. Es muy posible que llegue el momento en el que ese compartir cosas conmigo nos autorice a apearnos en el tratamiento. Pero siempre desde el respeto. Aquí les podría explicar más de una anécdota al respecto. Pero prefiero omitirla. Al menos de momento.

La primera cuestión, la que hace referencia al hecho de que meses antes de comenzar las clases les tenga en la cabeza es más compleja. Tiene varias lecturas. Una de ellas hace referencia a la capacidad que tenemos los humanos para crear un espacio interno en el que quepan las relaciones que vamos a establecer. Este espacio mental es muy similar (por no decir igual), al que las madres y padres generan desde el momento mismo en el que comienzan a pensar en un hijo. Uno puede pensar que es un poco estúpida esta idea. Acepto, pero no comparto, tal opinión. Y no la puedo compartir porque la experiencia indica que cuando nos hacemos cargo de cosas sin haber tenido tiempo mental para hacerlas nuestras, las consecuencias son nefastas. Uds., también lo han hecho. Posiblemente de forma diferente, porque la posición también lo es. El problema de las atenciones psicológicas y psiquiátricas de Urgencia es ese: que no hay posibilidad de establecer un tiempo mental que se pueda hacer cargo de lo que le sucede al otro. Y por esta misma razón son breves. Porque nadie ha tenido tiempo para interiorizar ni pensar en el otro. Tampoco el paciente. Ello no quiere decir que no tengamos que hacernos cargo de situaciones de emergencia sin ese tiempo interno. Sólo quiere decir que, cuando nos tengamos que hacer cargo de estas situaciones tengamos presente la dificultad derivada precisamente de este no poder hacernos cargo del paciente, o del tratamiento.

Cuando los profesionales tenemos que hacernos cargo (de forma similar a cuando los padres se predisponen a serlo), debemos poder desarrollar lo que se denomina «encuadre interno» que está constituido por todo aquel conjunto de ideas, pensamientos, deseos, miedos, fantasías que se nos activan antes del encuentro. Alguien habló de la capacidad de soñar, de imaginar. Esta capacidad que la tenemos los padres, y que debemos desarrollar como profesionales de la psicología, supone, de un lado, la posibilidad de imaginarnos al paciente, al alumno, de pensar en él antes de conocerlo. De otro, supone anticiparnos mentalmente a sus necesidades. Esta predisposición mental de alguna forma anticipadora, nos permite estar algo más a disposición del paciente en tanto que hemos destinado un espacio interno para él. La relación así establecida, posibilita (no asegura), el que “el otro” ya encuentre un lugar en el que sentarse, en el que estar. Me imagino que en alguna ocasión han ido a algún restaurante. Hay muchos tipos de restaurante. En unos, uno llega y tal cual aquí te pillo aquí te mato, te plantan en una mesa (a veces, en la que hay otra persona que no conoces de nada) y te “echan” la comida. En otros, te acompañan a una mesa, te preguntan si te gusta o no aquel lugar, te cogen el abrigo o la prenda que lleves, te preguntan si vas a tomar algo antes de pedir, etc. Son dos maneras. Comer, comer se come en las dos. Y hasta puede ser que la comida del primero sea mejor que la del segundo. Pero la atención no es la misma. Por esto el precio tampoco lo es. Y en el cómo te han atendido se percibe si eres persona grata o non grata; si te ven como alguien a quien servir (y no lo lean en tono peyorativo), es decir, a alguien a quien prestar una atención determinada o alguien a quien se le “pone para que coma” y luego pague.

En el primer caso se mira la persona, en el segundo el bolsillo. No es lo mismo. Y aquí, en esta profesión en la que todos estamos, tampoco. Curiosamente, he estado ojeando un poco los escritos de otros años. De aquellos que corresponden al primer día (que no es el de hoy, ya que en este curso me adelanto a los acontecimientos), quisiera destacar algunas cosas: en primer lugar la novedad de la experiencia que vamos a tener. Novedad, sobre todo, para Uds., que muy posiblemente no hayan tenido la oportunidad de ser arte y parte del aprendizaje. Novedad también para mí, porque no sé cómo van a aceptar mi propuesta de trabajo. Y ante esta novedad dos reacciones lógicas, o comprensibles: de un lado la ansiedad que supone cualquier nuevo curso. Ansiedad que no es patrimonio de una edad si y de otra no. Ansiedad que genera una serie de mecanismos anticipatorios con los que tratamos de prever una variedad de respuestas para hacernos cargo, lo mejor posible, a lo que se vaya dibujando. Y por otro lado, una cierta suspicacia, lógica en cualquier caso, y que pienso debe ubicarse en todas nuestras mentes. Suspicacia que nos hace pensar ¿y de qué va este? Por otro lado aparece una cuestión curiosa. ¿Cómo, me digo yo, voy a convencer a mis nuevos alumnos de la bondad de la propuesta de trabajo? Y descubro muy fácilmente un deseo de “convencer” a base de exceso de explicaciones que, muy posiblemente oculten la ansiedad que generan propuesta, reacción, aceptación y desarrollo del proyecto de este año. Pero trasladémonos un momento a la clínica, o al campo laboral.

Me imagino que en el último terreno es más fácil que hayan tenido alguna experiencia. ¿No sucede, cuando uno se va acercando al puesto de trabajo, que emergen en la mente una serie de pensamientos parecidos a los que he ido desgranando? Si nos ubicamos en la clínica también aparecen. Y, sobre todo, en la mente del psicólogo. ¿Seré capaz de atender a esa persona? ¿Viene con la suficiente convicción? ¿Entenderá la propuesta que le haga? ¿Cómo me las apañaré para que se genere la confianza suficiente como para que siga contando conmigo? Y un largo etcétera. No voy a seguir. Los dos primeros artículos que les propongo corresponden a experiencias universitarias previas. Es una forma de explicarles cosas que han aparecido y sobre las que he tratado de reflexionar. En ello se trasluce eso que les decía antes de “tratar de convencerles de la bondad del proyecto”. Hay profesionales que, en el inicio de determinados tratamientos les explican a los pacientes lo que van a hacer. O sea que no es novedad. Pero fíjense a dónde va dirigido el mensaje. ¿Lo detectan? Apunta a los niveles de ansiedad derivados del desconocimiento. Ello tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja que van a saber, de entrada, algunas de las cosas con las que vamos a lidiar. Ello puede tranquilizar en tanto que se saben las características del país al que viajamos. El inconveniente es que, en vista de lo que anuncian, me retiro. Claro que ello ya supone un temor para el profesor o el profesional. No me quiero imaginar lo que supondría el que todos se apeasen de la experiencia. Espero que así no sea. Pero es lógico que haya personas que no la quieran hacer. Pero esto, que no deja de ser un inconveniente, tiene una ventaja: no deseo engañar a nadie.

Quien quiera aprender una serie de cosas a través de la propia experiencia, que se quede. Quien no, seguro que tiene otras opciones en la Universidad y en la vida. Por esto, a aquellas personas que decidan quedarse en este espacio y en esta experiencia, les doy la bienvenida. Por esta razón, queridos amigos y queridas amigas, siéntanse cómodos, relájense y pongámonos a trabajar. Trataré de serles útil; y espero poder aprender de Uds., tal y como he ido aprendiendo de las promociones anteriores.

Muchas gracias, y buen curso.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura

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