La supervisión y los elementos persecutorios

De cómo nos perseguimos con la presencia de un ajeno
Sunyer, J.M. · 10/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Hablar de supervisión siempre agita los fantasmas persecutorios al ubicar en quien viene a compartir y a saber de nuestra experiencia todos aquellos aspectos con los que cada uno se siente perseguido. Por esto prefiero la palabra «Reflexión de tarea». Aunque la finalidad sea la misma: poder pensar juntos sobre las vicisitudes del trabajo clínico y organizativo.

La supervisión activa lo persecutorio.

El grupo transcurrió más tranquilamente a pesar de que el tema se las traía: los elementos persecutorios que aparecen en los espacios de supervisión. Y apareció el pensamiento en torno a si son elementos aprendidos, si son automatizados, si surgen de la cultura. También, al final hubo un par de aportaciones que introdujeron la idea de que se debería poder encontrar otra alternativa a la persecución paranoide, y que la velocidad de digestión de un grupo frente a lo novedoso es un elemento que condiciona la aparición de sus defensas. En otras palabras, percibí que habíamos sido capaces de elaborar un pensamiento entre los participantes. Pero, ahí va una pregunta: ¿qué propició el que hoy fuésemos capaces de ello y otros días parece que era más difícil?

Creo que una mayor presencia por mi parte facilitó la tarea. Ello conecta con el artículo de mañana. Pero volvamos al de hoy. Uno de los componentes del grupo señaló cómo la palabra supervisión tiende a ser asociada a algo que viene bien a “criticar” bien a “indicar lo que está mal”. Ciertamente la palabrita tiene su complicación, y es por esta razón que el autor del artículo propone la palabra “Análisis institucional”, y en mi caso prefiero el de “espacio de reflexión de tarea” Posiblemente tanto monta, monta tanto. El espacio que se propone es el de posibilitar el que los componentes de un grupo, de una institución, se pongan a reflexionar sobre los aspectos de detienen o entorpecen el trabajo.

Les indicaba que no son tanto los aspectos técnicos cuanto los personales y afectivos. Y éstos están siempre en la tarea. Lo pudieron ver en el último caso clínico que apareció en la clase. Ello es importante, sobre todo al nivel de nuestra tarea como Orientadores. Cuando desde esta perspectiva acudimos a un centro, pertrechados de teorías y de más elementos defensivos y nos encontramos ante un grupo familiar, o laboral o ante los miembros de una institución, todo eso se nos cae, lo perdemos como consecuencia de la presión derivada del grupo. Como aquí. Y esta presión contiene exactamente los mismos elementos que podéis percibir en nuestra experiencia lectiva. La vivencia de invasión, la vivencia de qué hace ese que no sabe de nosotros, de qué nos viene a contar si no tiene ni idea de nuestra situación. Estos pensamientos y otros muy similares son los que aparecen en el grupo frente a nuestra llegada.

Y llegan a ser tan poderosos que uno siente que no sabe absolutamente nada, que todo lo hace mal, que todo lo que le enseñaron en la facultad no tiene valor, que… Esta es la justa percepción de lo persecutorio. Y este elemento es el responsable, en buena medida, de nuestra paralización del pensamiento. La mente se nos queda en blanco. Los sentimientos de malestar son tan intensos que no podemos poner en orden la más mínima idea. Y si viene alguna a la cabeza nos la censuramos ya que la consideramos estúpida, tonta, inválida, poco importante. Como en nuestra experiencia. Y en este mare magnum de sentimientos la idea que se nos hace más presente es la de salir corriendo, la de abandonar el barco.

En lugar de Orientadores nos sentimos desorientadores. Sin embargo, aquellos que habéis podido ir siguiendo la experiencia sabréis que esto es sólo un aspecto. Que tras aquellas personas, aquella familia, aquel grupo de trabajo, aquel departamento, hay una infinidad de ideas sentimientos que les paraliza y que, en la medida que esos sentimientos pueden irse calmando, pueden irse hablando, uno puede comenzar a pensar. Como otro miembro del grupo señalaba, se puede ir abandonando la idea de persecución y dar lugar a otros mecanismos más evolucionados y más útiles. Para ello hay que ir pudiendo ver que lo que las personas dicen son aspectos importantes. A veces, estos aspectos se dicen desde el resentimiento, el enfado, el malestar. En estas ocasiones tenéis una posibilidad de pensar que, como os decía el artículo de Ayerra, cuando alguien lo dice desde este lugar es porque ha habido mucho sufrimiento en su vida. Lo ha habido o lo hay. Y que sólo comprendiendo esto podemos comenzar a considerar sus opiniones desde otro ángulo. Y sólo cuando esas personas lo pueden pensar, pueden comenzar a aportar ideas creativas al haber abandonado el resentimiento del que eran presas. En otras ocasiones lo que se dice son aportaciones creativas que facilitan el pensar entre todos.

Pensar entre todos conlleva la creación de una entidad superior a la individual, el grupo (la familia, el departamento, etc) cuyos miembros colaboran activamente en la consecución de un objetivo común. Una idea se articula con la siguiente complementándose en vez de competir por ver cuál es la que prima, Los grupos humanos, entonces, pueden dejar de pensar en términos asamblearios, que anulan la capacidad de pensar, y convertirse en auténticas redes de evolución y transformación del pensamiento individual. Ello conlleva otras cosas.

En efecto, la entrada de ideas provenientes de otras personas, otras organizaciones, otras culturas, fabrica la fantasía de destrucción de la identidad personal. Como si la identidad fuese algo invariable. Esto sucede al nivel de grupo, independiente de su tamaño. Cuando, por ejemplo, en una familia entra el novio de la hija, hay un cierto temor en relación con los cambios que ello puede generar en la estructura familiar. Y no digamos si lo que se introduce es algo más que un sujeto. Por ejemplo en las empresas, cuando entra un colectivo procedente de otra entidad. En las fusiones de empresa, por ejemplo. Y lo mismo, lo mismito sucede con nosotros a nivel de cada persona. Nuevas ideas suponen una reorganización de las viejas e incluso el abandono de aquellas que no nos son útiles; pero esto genera una serie de movimientos sísmicos personales que, en ocasiones, pueden llevar a una desestructuración de la personalidad de alguien.

Pensad, por ejemplo, en el padecimiento que supone cualquier movimiento migratorio: la energía que se precisa para arraigar en un nuevo lugar supone la adopción de elementos de esa cultura que, en muchas ocasiones, genera trastornos importantes a todo nivel. Por esta razón se crean guetos. Esos reductos en los que ciudadanos de una misma cultura se mantienen unidos manteniendo sus costumbres para no ser “violados” en su intimidad con nuevas aportaciones. ¿Qué sucede en Mallorca, por ejemplo? ¿Cuáles son las consecuencias de la llegada masiva de personas procedentes del centro de Europa que crean sus propios centros, sus propios diarios, sus propios sistemas de vigilancia? De esta forma, podéis comenzar a entender lo complejo que supone trabajar, como orientadores, en estos contextos.

Tendréis que hacer un esfuerzo importante para comprender lo que supone esta entrada y cómo facilitar procesos de digestión e integración. Por esto alguien hablaba de introducir el concepto de tiempo de integración. Todas estas cosas las iremos viendo estos días. Así como podremos pensar sobre la incidencia de la Navidad. En estas fechas se juntan familias. Fijaros bien. Tratad de ver, desde esta perspectiva, lo que se cuece en esas reuniones familiares. Y escribidlo en el cuaderno. Y tratad de ver también cómo afecta la finalización del año y, de forma algo diferente, la finalización de nuestra experiencia.

Por si mañana no tengo fuerzas para escribir, Felices Navidades y un año 2002 súper excelente.

Con afecto

Dr. Sunyer.

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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