Dos situaciones conflictivas: el juego y la huelga

De cómo nos perseguimos con las interpretaciones.
Sunyer, J.M. · 10/03/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
EL juego es una realidad, aunque la realidad no siempre es un juego. Aquí tenemos dos sesiones juntas, una en la que el juego entra en acción y la segunda la que entra es la realidad de una huelga universitaria. Ambas cosas generan conflicto y no es fácil dirimir qué hacer ante una cosa o la otra.

Dos situaciones conflictivas: un juego y una huelga.

Este escrito corresponde a dos sesiones, dos muy particulares. En la primera, aquejado de una gripe de estas que claman al cielo y que me ha impedido hasta hoy el disponer de una mínima capacidad mental para escribir, hicieron un ejercicio curioso: inventar una historia a partir de los datos que el paciente del día anterior les había suministrado. En la segunda, Jornada de Huelga de Estudiantes, no hubo sesión; o clase. Como prefieran. Ambas situaciones son complejas y más si tenemos en cuenta que dispongo de escasos veinte minutos para escribirles algo al respecto. Una huelga es una huelga. Y todos tenemos derecho a ponernos en huelga. Sin embargo la pregunta me surge inmediatamente. Si en un centro de Asistencia pública los pacientes no vienen porque secundan una huelga, ¿Cómo lo tomo? Y ¿cómo lo toman los pacientes si secundo una huelga del centro y les dejo sin asistencia? ¿Podría considerarse mi actividad como “mínimos asistenciales”? Y si me traslado al ámbito privado, ¿cómo reaccionar ante una no-asistencia de pacientes por motivos de huelga? Siento que no tengo respuestas. O tengo varias pero no sé decantarme por ninguna.

Me imagino que depende de la situación y de muchos otros condicionamientos. Recuerdo que este tema generó, en el pasado, numerosas controversias entre los compañeros del equipo del Hospital de Día en el que trabajaba. Y me las sigue provocando, porque ¿qué hago mañana? ¿Sigo con el temario, recuperamos lo que no hemos podido hacer, o hacemos otra cosa? Mañana veré.

El otro tema, el del día pasado, es más complejo. Alguien preguntó ¿qué pretendías con este ejercicio? Buena pregunta. “No sé; en principio no lo sé” contesté. Luego ya les di algunas razones. Y a fuer de ser sincero sé que en muchas ocasiones uno no tiene claro el por qué hace tal o cual intervención. Siento que la intuición y la capacidad de improvisar me han ayudado en numerosas ocasiones a entender cosas. Afortunadamente disponemos de esta capacidad creativa. No me siento funcionario, ni deseo que lo sean. En las situaciones profesionales debemos aprender a improvisar con la confianza de que algo hay detrás de esto que estamos haciendo. Y lo había.

Les comenté la necesidad de pensar en el juego. Winnicott es un buen referente. Y las madres también. ¿Por qué una madre ante algo que percibe en el hijo propone tal o cual actividad? ¿Por qué un maestro en un momento determinado se le acerca a un alumno y le da un cálido apretón en el brazo? Algo se percibe que exige de una intervención diferente. Y así fue. En la puesta en común aparecieron básicamente dos comentarios. En un extremo los que hablaban de un cuento. En el otro, los que hablaban de haber llegado a percibir una necesidad o deseo “regresivo” en la historia que habían inventado a partir del señor Sanjuán. Curiosa distribución espacial: ambas posiciones en lugares opuestos. Sé que pensarán que es casualidad o coincidencia. Pero, ¿lo podríamos tomar como algo cargado de simbología? Dos posiciones. La una señalando un “cuento”, la otra indicando una posible “interpretación”.

¿Podríamos estar hablando de que son dos posiciones entre las que se encuentra el grupo de estudiantes? ¿Entre la posición más lúdica y la más científica? (como si lo lúdico no fuese científico, claro). ¿O entre la posición más de “esto que hacemos no es más que un cuento” y otra que apuntaría a que “esto que hacemos tiene mucha tela”? Si cuando estén haciendo una intervención orientativa a un colectivo se encuentran que, ante una propuesta aparecen dos comentarios tan “opuestos”, ¿qué harían Uds.?

Revisando lo que han escrito (y que me dio mucho trabajo) aparecen reacciones muy dispares ante una misma propuesta. Unos, se animan y se meten de lleno en el proceso de imaginar, crear y permitirse hipótesis. Otros se muestran más cautos y, en unos casos, salen por la tangente; y en otros se refugian en una historia clínica más o menos formal. ¿No estaremos hablando de las diversas reacciones que tenemos los humanos ante propuestas que nos hacen “desconfiar” del “oculto deseo de quien las propone”? Si así fuese, estaríamos tocando madera: cómo en los procesos de Orientación, la persona que está desorientada desconfía de lo que el Orientador puede proponer. Esta desconfianza no nace de la relación que se ha establecido sino que proviene de desconfianzas anteriores que se depositan en esta. Tengo la impresión de que están comenzando a tocar fondo.

Un fuerte saludo,

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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