Teoritis aguda o el desastre de la teoría

Cuaderno de bitacora 2000-01
Sunyer, J.M. · 25/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Mirad, los profesionales somos personas a las que también nos pasan cosas. Y una de ellas es que estar en contacto con personas que presentan niveles de sufrimiento alto, cada día de nuestra vida profesional y a lo largo de unas diez horas diarias. Ello exige que nos protejamos con desarrollos teóricos que nos permitan pensar… aunque a veces acabamos desarrollando una inflamación de ello a lo que llamo teoritis aguda.

Teoritis Aguda

Ante todo, ¡Feliz Navidad y un 2001 supercalifragilisticoespialidoso!

Me comentaba alguien que le gustaban las clases pero que el grupo grande no le gustaba. Que se sentía bien en el grupo pequeño pero que justo cuando estaba en el mejor momento del grupo se tenía que interrumpir la tarea para integrarse en un grupo grande; por lo que en él se pasaba mucho rato pensando en lo que se había hablado en el pequeño y esto le dificultaba estar en el grande. Lo cual es perfectamente comprensible. A tenor de este rico comentario y del que podríamos sacar mucho jugo, pensaba en nuestra experiencia lectiva, y en una de lo que podríamos llamar dificultades que pueden estar presentes en nuestra tarea.

Pensaba en esta idea que les lancé en el sentido de convertirnos, temporalmente, en “personas que tienen una parada en el mercado”. Sé que esto suena a raro y mucho más raro si lo pensamos en el contexto en el que nos encontramos. Sin embargo tiene una cierta enjundia, esta propuesta. Aquí, como en muchos otros sitios, tenemos un problema: el derivado de una inflamación teórica, una teoritis aguda que puede afectar nuestra forma de ver la realidad con la que vamos a trabajar. Inflamación ésta que se entiende como consecuencia de dos elementos: la superabundancia de información teórica y la que proviene de nuestro lógico alejamiento de la realidad laboral, clínica u organizativa. La teoritis, pues, es una enfermedad propia de muchos profesionales y conviene conocerla para poderla trabajar y reducir.

El día pasado vino Lucio. Ese personaje que arropado por una obsesión determinada, el de dar amor, acudía a nosotros para que le echásemos un cable ante sus dificultades en la organización en la que trabajaba. Ante este hecho, y más allá de la entrevista que realizamos, hemos estado trabajando un montón sobre varios aspectos de esa entrevista. Y para iniciar este trabajo les propuse que se convirtiesen en “pescaderos” o “fruteros”. Es decir, les pedí que abandonasen temporalmente las teorías para captar otros elementos de la realidad. Y desde esta perspectiva, Uds., como sagaces Orientadores, pudieron comenzar a ver que los comentarios que se realizan fuera del contexto “aséptico” de la teoría, guardan una relación directa con el caso en cuestión. Hablaron de que “era un plasta”, de que era “bueno y seductor”, de que “parecía pertenecer a una secta”, que “estaba alejado de la realidad” que “no podía ver los elementos agresivos” y un largo etcétera de cosas. Y a partir de ahí trabajamos el caso.

Todo esto lo recojo con una finalidad: la de que comprendan que los aspectos teóricos son un ropaje que debemos poseer para utilizarlo sobre aquellos otros aspectos que, proviniendo de la relación que se establece, nos permitan comprender lo que le sucede al otro para poderle orientar con mayor fiabilidad. Dicho de otra forma: utilizar la teoría no para defendernos del paciente sino para ayudarlo. En muchas, muchísimas ocasiones, la teoría, el bagaje teórico, no lo ponemos para ayudar a quien solicita ayuda sino para protegernos de la relación que demanda. Con lo que en lugar de ayudar, desayudamos. Y en ocasiones, dañamos. Porque una teoría psicológica sólo es un instrumento que nos sirve para plantear hipótesis de trabajo, para construir una comprensión de la realidad; no para sustituirla. La teoría está, básicamente, para que cuando nos encontramos con nosotros mismos, ante el papel en el que escribimos nuestro particular “cuaderno de Bitácora”, podamos pergeñar elementos que nos ayuden a comprender el caso, darle una forma comprensible para nosotros, construir hipótesis parciales sobre lo que sucede y lo que nos sucede con el caso que tenemos delante.

Las teorías no sirven para el paciente. Sólo al profesional. En realidad constituye, la teoría, el lugar en el que encontramos aquellos elementos digestivos que nos posibilitan ir digiriendo lo que le sucede al otro, digiriéndolo para poder entresacar aquellos elementos que le pueden estructurarse y desdeñar aquellos otros que le confunden, le desestructuran.

En el trabajo que venimos realizando a lo largo de todos estos días (ya van unos veintitrés), fíjense que en realidad, lo que estamos construyendo, es una Orientación Psicológica que orienta al orientador, que son Uds. Y en este proceso, el de Orientar al Orientador, henos venido repasando los diversos componentes que articulan y estructuran una Orientación; desde cualquier perspectiva y para espacios clínicos como organizativos. Fíjense que hemos estado construyendo, hasta el momento presente, un espacio en el que se da un determinado proceso (que en este caso es más pedagógico que terapéutico) en el que todos Uds. y yo, hemos estados involucrados, y hemos incluido no sólo los aspectos más teóricos del mismo sino que también los personales; con las limitaciones propias de la situación y preservando los espacios íntimos como para que nadie se sintiera amenazado.

Este proceso que ya comienza a oler a final, también debe ir concluyendo. La Navidad, con todo lo que conlleva, nos coloca en una posición privilegiada. Prácticamente acaba la asignatura con el fin del año. Ello quiere decir, que tendremos que comenzar también a incluir los elementos de separación que toda intervención profesional y personal conlleva. Sólo nos quedan cuatro clases. La última, la del día 18, la dedicaremos a nuestra propia valoración, la que a mí me importa. Me imagino que también habrá una valoración suya en el propio cuaderno. Así que las otras tres, las tendremos que dedicar a otros menesteres. Así que les avanzo lo que deseo que lean.

Para el primer día, en Enero, el artículo de mi buen amigo Ayerra. Ruego que disculpen su estilo, un tanto complejo; pero creo que son reflexiones importantes a tener en cuenta. El siguiente día, lo dedicaremos al trabajo de otro amigo mío. Morris Nitsun. Y acabaremos con el tercer trabajo, el de Tudor, que creo puede ayudarnos a integrar cosas. Y les dejo.

Con el deseo de que estas fiestas no se empañen de más sangre de lo que ya se están empañando; y con el deseo también de que disfruten, se relajen y tengan unas felices fiestas, reciban un saludo

Articles a llegir

1.* Ayerra ,J.Mª (2000) Reflexiones sobre la muerte y la cultura: el duelo. Cuartas Jornadas. Junta de Vizcaya de la Asociación Española contra el Cáncer. Bilbao 24 de marzo del 2000.

2 *Nitsun, M. (1998). The organizational Mirror: A group analytic approach to Organizational Consultancy. Group Analysis. (31)3. Traduït pel Dr. Sunyer.

3. *Tudor, K. (1999) Social psyches: groups, organisations and community. A Tudor K (1999), Group counselling. Sage

Dr. Sunyer.

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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