La entrevista: hay amores que matan…

Cuaderno de bitacora 2000-01
Sunyer, J.M. · 25/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Lucio fue mucho Lucio. Parece que hay pacientes que bajo la aparente simpatía y cuidado extremo lo que consiguen es poner de los nervios a cualquiera. Y este fue el caso y de él la reflexión. Y es que los amores no siempre alimentan, los hay que a fuerza de querer alimentar acaban matando.

Hay amores que matan: una entrevista psiquiátrica.

Al acabar la sesión de hoy, entre los muchos comentarios que escuché aparecieron tres que considero cercanos a la experiencia de la entrevista. Uno se trataba del caso de un paciente con diagnóstico de colon irritable. El otro, era con relación al excesivo amor que la persona entrevistada decía tener hacia los niños. Y un tercero en relación con la experiencia de uno de Uds., con un profesional gestáltico que le decía a un paciente un tanto particular algo así como “o evacua Ud., o deje el lavabo a otra persona” Los tres temas me parecen relacionados entre sí.

La entrevista realizada por Uds. a ese tal Lucio parece que les ha generado muchos sentimientos, pero en especial, un particular cansancio, aburrimiento, hastío, pesadez. Se trataba de alguien que al parecer no hacía otra cosa que predicar amor y amor, con una entrega tan “generosa” que ante un ciudadano normal no podría ser catalogada de enfermiza o altruista. Cuando en realidad se trataba de otro tema muy opuesto. Dicha persona, creo (porque al estar tan metido en el personaje no podía ser objetivo con relación a lo que sucedía), tenía una especial habilidad para enviar “balones fuera”, con una gran dificultad para reconocer las posibles deficiencias que pudiera tener su sistema pedagógico de abordaje, con unas actitudes excesivamente amables en relación, incluso hacia los propios entrevistadores (haciendo gala de una excelente simpatía y deseoso de calmar todas las cuestiones que pudieran plantearle), con comportamientos, incluso, de una excesiva protección hacia el propio marco de trabajo (se levantó a colocar bien un estuche que creyó que se podía caer de la silla), y un sinfín de “habilidades” que todas ellas parecían ir orientadas a evitar que Uds. penetrasen en las características reales del centro.

Creo que uno de los sentimientos que generó era la irritabilidad. Es decir, un enfado en Uds. que no se podía mostrar con una agresión (en realidad aparentaba no agredir al contrario) pero, y precisamente por esta característica, irritaba hasta decir basta a los entrevistadores. Incluso alguno se ausentó de la sala. El colon irritable es un trastorno somático importante con una gran vinculación psicológica. Podríamos decir que el tracto intestinal expresa mediante esa irritabilidad otra irritabilidad: la proveniente de no poder expresar los aspectos agresivos de forma que el que lo sufre pueda sacar un provecho enriquecedor para él y los de su entorno. Hay enfados muy profundos, cuyas raíces ahondan en la noche de los tiempos de estas personas y que, como consecuencia de tal profundas razones, no pueden acabar de salir a la luz sino a través de la expresión somática; que como Uds. seguramente saben, es aquella expresión de afectos que no puede ser articulada mediante la palabra, por lo que queda totalmente bloqueados y sólo pueden aflorar mediante la manifestación somática.

Este aspecto también aparece en las organizaciones, cuyo aparato somático está ubicado no sólo en los aspectos físicos sino en los administrativos y organizativos; como es el caso que nos ocupa. Si hacemos caso de los planteamientos psicológicos que predico permanentemente, todo aquello que aparece en la escena es potencialmente significativo: se lo dije al inicio de la sesión de hoy. Entonces, siguiendo este mismo principio, los comentarios que aparecen al final de la sesión y en una conversación más privada, alguna relación tendrán con el caso presentado. Así que tenemos irritabilidad en el colon. Sigamos.

Otro de los comentarios, el del terapeuta gestáltico indica algo que guarda relación con el aparato excretor. Y venía a decir: o lo suelta de una vez, o damos la vez a otro. ¿Recuerdan el desarrollo infantil? ¿Recuerdan la significación del período anal? En él, el ser humano centrado en las satisfacciones que provienen de la estimulación del recto, aprende (o tiene ocasión de aprender a) a controlar un aspecto: el que proviene de sus propias producciones, el control de las mismas, el uso socialmente admitido o no de dichas producciones, y la valoración de todas ellas. En todo este período se articula también un estilo de relación con el medio que posibilita el aprendizaje del orden, de la limpieza, pero también el cómo se relaciona con el entorno a través de estos temas. Evidentemente, Lucio tenía componentes que parecen ubicarle muy mucho en esta fase de su desarrollo. El control que ejerce, la planificación de todo lo que se realiza, la desconfianza hacia lo que otros pueden hacer, el tomar nota de lo que sucede o deja de suceder, la dificultad de delegar, la pretensión de controlar todas las relaciones que se dan en el centro; todo alude a una estructura que, administrativamente, como pueden ver, se basa en el control y en la creencia de que todo lo que el otro hace o puede hacer, está mal. Aquí sólo evacua una persona: él.

Y llegamos al amor. Y sepan Uds. que del amor al odio hay sólo una fina línea de separación. Y hay amores que matan. Y parece que éste es uno de ellos. ¿Lucio ama realmente a los niños o los odia? ¿Lucio ama su trabajo o lo odia? Si me permiten, creo que está más lleno de odio que de amor. Hay más deseo destructivo que constructivo. Pero todo ello es complejo de detectar. ¿Qué me hace a mí pensar que puede ser así? Veamos. Si recuerdan Uds., uno de los aspectos del análisis de lo que sucede ante una situación es el mensaje manifiesto y el latente. Si hubiésemos tenido la posibilidad de grabar todo lo que se dijo, en este duo formado por Uds. y Lucio, seguramente podríamos encontrar más de una referencia superclara a lo que estoy diciendo. Pero lamentablemente, estaba suficientemente dentro del personaje como para poder saber qué dije o dejé de decir; o lo que Uds. decían o dejaban de decir. Pero si por casualidad alguno de los presentes tomó nota, más o menos fiel, delo que se decía entre ambos personajes, tendríamos mucho material. Algunas de las frases que sé que alguno anotó, nos podrían dar pistas. Esto es como lo del cuento que trabajamos. Sólo que aquí, los escritores del cuento somos todos los integrantes de la relación establecida. Un detalle a modo de pista: ¿a qué venía tanta preocupación por los aspectos más estéticos de la entrevista? (el ruido del aire acondicionado, sus semblantes agradables, la preocupación de Lucio por el plumier que se caía, etc.)

Vayamos a otro de los elementos de análisis: el de la transferencia. Creo que se establecía una especie de pugna en la que en ocasiones uno de los lados pretendía “hacerle ver” al otro que las cosas eran de otra manera. Esta pugna ¿a qué se debería? Posiblemente les estaba ubicando allá en donde Lucio ubica a los niños, a sus compañeros de trabajo y a la propia institución (arrinconé a los religiosos en una parte del edificio…) Si mi pretensión era la de “arrinconarles” a Uds. (como a los religiosos) ¿será que habitualmente, mi pauta formal de relación es exactamente esa? ¿Tienen pistas que se lo confirme? ¿Qué función tiene o puede tener el anotar todo en unos cuadernos? A escala administrativa, además del enlentecimiento absurdo que ello conlleva, es indicativo de algo. ¿Se les ocurre de qué? ¿Organizativamente, no les parece que tiene toda una significación particular? La relación que mantenía o decía mantener con el personal, ¿no les parece significativa de algo? Y ello sin haber entrado en algo como lo de la contratransferencia. ¿Qué imágenes se les ocurren? ¿Qué sentimientos afloraron y qué sintieron en su propio cuerpo a lo largo y después de la entrevista? Si nos fuésemos a otro nivel, el de las relaciones objetales, y poniendo por ejemplo, el objeto “niño” ¿Cómo consideran que lo trata? ¿Se podría establecer alguna clasificación positiva y negativa de los aspectos de este objeto que hemos elegido para poder reflexionar? ¿Cuál es la relación que mantiene con los otros objetos “personas?” Creo que todos estos elementos nos llevan a pensar en una relación en la que la fuerza tanática se disfraza de “amor” (hay amores que matan) y que se organiza para mantener todo lo que los niños, la institución, etc. representan en un campo alejado de sí mismo por el temor que le generan. Fíjense por ejemplo cómo el ataque de los niños es entendido e interpretado como amor de ellos: es decir, transforma la lectura de la agresión en acto amoroso por las dificultades que debe tener Lucio en manejar lo agresivo y manejarse con él. De ahí la asociación vinculada a la sesión de hoy de lo del colon irritable; o lo de “evacue o le damos paso a otro” Y evidentemente la evacuación parece que tiene contenido agresivo, ¿no? (por si no se lo acaban de creer, admito su escepticismo, acudan a las locuciones verbales que usamos cuando nos enfadamos con alguien).

Bueno y para acabar pasemos al tema de la lectura para este último día antes de Navidad. Tenía pensado que leyesen el trabajo de mi amigo el Dr. J.Mª Ayerra; Sin embargo y dadas las fechas en las que estamos, prefiero que dediquen el esfuerzo de lectura al texto de O. Kernberg:

1.*Kernberg O. F. (1996): Paranoiagénesis en las organizaciones. En Kaplan H.I.; Sadock, B.J. (1996): Terapia de Grupo. Panamericana.

El artículo en cuestión puede ayudarnos a entender algunas de las cosas que suceden en los contextos organizativos.

Un saludo y Feliz Navidad ya que mi próximo escrito se lo entregaré pasado las fiestas que se avecinan.

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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