El grupo como representación social

De cómo el grupo acaba siendo una buena representación del pensamiento social.
Sunyer, J.M. · 08/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Estamos a un 23 de septiembre, víspera de la Virgen de la Merced, cuando comenzamos a pensar sobre los miedos que nos embargan en la clase. Miedos, esperanzas y teorías que provienen, fundamentalmente del contexto social.

El grupo grande: representación social.

El tema de los miedos, de las expectativas, necesidades y demás, fue el que se presentó como motivo de discusión y reflexión. Y por debajo de esto emergía la idea de la confianza y el grado de tolerancia a lo que se nos despierta cuando se abordan determinados temas y si es o no recomendable ponerlo en conocimiento del otro. De entrada, como veis, es un tema arduo y complejo.

Me ha costado casi treinta y cinco años de trabajo el entender y aceptar que aquí todos somos terrícolas. Esto es, 7 lustros. Descubrirlo, entender la dimensión de lo que esto representa, no suele ser fácil. Como entiendo que no debe serlo para vosotros ver que me ha costado la friolera de treinta y cinco años. De entrada, si fuera uno de vosotros pensaría que el profe está peor de lo que parece. O que nos dice estas cosas como para congraciarse o hacerse el simpático. Pero os aseguro que no es así (más allá que algo de esto también habrá). Porque lo que sucede es que lo del refrán es cierto: hay razones del corazón que la razón no comprende. Y realmente no es razonable que a una persona le cueste o necesite todo este período de tiempo para entender algo tan obvio.

Os contaba la anécdota de una compañera que conducía un grupo y en un momento dado sonaron sus tripas de forma escandalosa. Hasta el extremo que la evidencia se mostró durante el silencio del propio grupo. Los miembros del mismo, dentro de la confianza que existía le señalaron que le habían oído sus tripas, a lo que respondió que a ella no le había sonado nada. Este hecho, la negación de la evidencia, hizo que se resintiera y mucho la confianza en la conductora. Fijaros que este hecho fue el punto a partir del cual se resiente algo que resulta fundamental en la relación asistencial: la confianza. ¿Cómo se hace para establecerla?

Hablasteis de varios aspectos. Una persona aportó la idea de que hay como una idea extendida de que uno no se puede equivocar. Que los errores no son aceptados. Y tiene mucha razón. Por jugar con las palabras, si los errores los transformamos en horrores entenderéis muy bien que es peligroso errar. Y cuando esta compañera señala que hay una idea extendida no está diciendo nada más (y nada menos) que desde lo social (que en el contexto de la clase en la que estamos está representado por el grupo grande) se transmite esa idea. Lo social es este enjambre de ideas que pertenecen a lo colectivo (más allá que uno pueda pensar individualmente de forma diferente) y que tiene el poder de penetrar (como todo) en nuestra psique y constituirla de una manera determinada. De hecho, y a pesar de que nuestros elementos narcisistas queden un tanto resentidos, nos hacemos en y a través de lo social. De forma que el conjunto de pensamientos, afectos, ideas y fantasmas que provienen del terreno social se introducen en la estructura psíquica de las personas a través de la familia y en especial la figura de los padres, y nos moldea de una forma determinada. Desde la teoría psicoanalítica a este enjambre de elementos personificados en cada uno de nosotros lo denominamos “súper yo”. Pero en realidad es la interiorización permanente de los elementos sociales.

El grupo grande es una representación social, una representación de la sociedad en la que vivimos todos. Si este grupo grande nos transmite la idea de que errar es un horror, tendremos serios problemas para poder expresarnos con libertad. Pero ¿qué es el grupo grande? ¿Qué es la sociedad? En realidad esto es el conjunto de nuestras relaciones, de las relaciones de interdependencia que establecemos entre nosotros. Entre todos nosotros. No tiene que ver con el hablar o no hablar. Tiene que ver con el conjunto de las relaciones tácitas y explícitas que establecemos. Entonces tendremos que ir valorando cómo el grupo grande nos condiciona. Y cómo ir mejorando las características de nuestras relaciones para que podamos sentirnos lo más libres posible.

Cuando unas personas establecen una relación entre sí (pueden ser dos pero el número puede aumentar lo que queráis), esta relación está preñada (la idea es correcta, pensadla) de elementos que la condicionan. Por ejemplo: “No voy a decir esto por lo que van a pensar de mí” “esto no es correcto decirlo” “no debo decir tonterías” “lo que digo puede no ser políticamente correcto” “si digo esto que pienso todos me van a etiquetar” “a nadie le importa lo que pienso”… podríamos seguir casi hasta el infinito. Fijaros que estos pensamientos no son exclusivos de quienes estamos aquí. No son pensamientos que sólo están presentes entre los alumnos de una facultad. No. En la relación con un paciente, por ejemplo, estos pensamientos los puede tener cualquiera: él y nosotros. Entonces, si estos y otros cuantos miles de pensamientos similares están en la relación que establecemos con el otro, ¿cómo organizamos la confianza?

Pongámoslo más fácil: si en la relación que tengo con mi pareja anidan y se desarrollan estos pensamientos hasta el punto que paralizan la comunicación… ¿hay confianza? Si la relación que tiene un hijo con su madre (y viceversa) aparecen estos y otros cuantos similares, ¿hay confianza? ¿Cómo pretendo que el paciente que es alguien que no me conoce me diga cosas de sí mismo de naturaleza suficientemente importante si percibe estos pensamientos en él o en mí?

La confianza es algo que se gana. Es un cocido que se elabora al chup chup de un fuego que va a ir posibilitando que eso emerja, se establezca, y se desarrolle. Pero es muy frágil. Cuando se rompe la confianza en alguien es muy difícil recuperarla. No digo que imposible, pero sí difícil. Y cuantas más dificultades presenta una persona, más sensible es a la confianza y más difícil es establecerla.

En tanto que casi profesionales que estamos en el aula, ¿cómo nos ganamos la confianza de nuestros compañeros de forma que tengamos la tranquilidad de saber que lo que se diga, haga, calle no va a generar una reacción contraria en nadie?

Hasta el próximo día

Dr. Sunyer

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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El grupo como representación social

De cómo el grupo acaba siendo una buena representación del pensamiento social.
Sunyer, J.M. · 08/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Estamos a un 23 de septiembre, víspera de la Virgen de la Merced, cuando comenzamos a pensar sobre los miedos que nos embargan en la clase. Miedos, esperanzas y teorías que provienen, fundamentalmente del contexto social.
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