Susto y Genograma

De cómo la implicación personal va asustandonos
Sunyer, J.M. · 02/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Con la confección del genograma emergen una serie de ansiedades ya que comenzamos a funcionar de la misma manera que cualquier otra cuando se le piden este tipo de cosas. Es el cuaderno del curso 2000-01, pero sigo sin ubicarlo en fechas.

Susto y Genograma.

¿Qué tal? Parece que tenemos algunas sorpresas, ¿no? Uno va a la facultad con la secreta esperanza de aprender muchas cosas. Y, de pronto, se encuentra con alguien que le propone, siguiendo un poco las propuestas de Rogers, un modelo de aprendizaje diferente. ¡Fantástico!, decimos todos. ¡Ya era hora de comenzar en serio con estas cosas! Y entonces, dispuestos a esta nueva aventura, iniciamos las clases. Y poco a poco comenzamos a ver en qué consiste realmente lo que se nos propone. Comenzamos a ver que la propuesta conlleva el que debemos aprender realmente de nosotros mismos, y de nuestras experiencias; y que estas experiencias, remodeladas por las aportaciones de diversos autores, tienen un aspecto personal que no se nos había pasado por la cabeza. Y, entonces, empezamos un proceso de retención, de repliegue. ¿Cómo vamos a hablar de lo que vemos, pensamos, sentimos? ¡Esto es íntimo! Y nos sentimos como intimidados al ver que son nuestras propias experiencias las que nos pueden permitir entender al otro. Y comenzamos a confundir lo íntimo con lo personal. Porque lo íntimo es personal; pero no todo lo personal es íntimo. Y cuando comenzamos a evidenciar, por ejemplo, nuestra red social, nos damos cuenta de las características de la misma. ¿Y?

Nadie puede enseñar a nadar a nadie si no sabe nadar él previamente. Y no es que no pueda porque no le va a enseñar a mover los brazos, no. Sino porque no va a poder entender lo que le sucede a su alumno si él previamente no sabe de qué va eso de nadar. ¿Cómo podemos hablar de la red social de una persona, si no nos hemos dado la ocasión de hablar de la nuestra? Porque aunque parezca fácil hablar de las diversas redes sociales existentes sólo cuando veo la mía, es cuando comienzo a ver claramente lo que esto significa o puede significar. Y lo difícil que a otra persona le puede resultar el verificar que su red social es tal o cual. ¿Y qué decir de nuestro propio genograma? Porque cuando me pongo a revisármelo puedo comenzar a ver cosas que nunca se me habían pasado por la cabeza. Y ese elemento, si no lo puedo reconocer en mí (recuerden a Rogers), no podré jamás poder ser sensible a lo que perciba un tercero ante su propio genograma. Y cuando me permito bucear por las características de mi propia familia, las características culturales de la misma siguiendo el modelo de Ivey, por ejemplo, me estoy dando autorización para poder bucear en las de la persona que acude a mi consulta.

Las intervenciones, pocas, que hubo en la clase se refirieron a la sorpresa e interrogante que ha generado la confección del genograma. Y a cómo los aspectos afectivos parecían poner una mordaza en las bocas de los que estábamos ahí. A los hechos me remito. Parece que estamos entre asustados y sorprendidos de lo que hemos visto en estos simples esquemas familiares. ¡Cuánta información se puede obtener de un simple dibujo! ¿Recuerdan el cubo multicultural de Ivey? En uno de los extremos aparecen cuatro o cinco niveles de concienciación multicultural. Habla desde la ingenuidad, hasta la reflexión de la multiplicidad de cada contexto. Y les sugería que reflexionásemos sobre en cuales de estas cinco categorías nos podríamos ubicar como grupo.

¿Qué piensan realmente? Me da la sensación de que estamos acercándonos a un aspecto importante de su propia formación como psicólogos: la concienciación de que ya lo son; sólo que no se lo acaban de creer. Si se lo creen, debemos comenzar a actuar como tales dentro del contexto en el que trabajamos. Es decir, si soy psicólogo, deberé comenzar a participar plenamente en la propuesta que se nos hace. Esto quiere decir, implicarse en el proyecto que estamos haciendo. Como cuando uno se implica en el proyecto de vida. Aunque hay quien prefiere ver la vida desde el balcón; como si no le fuese ese tema. El mismo trabajo de Ivey habla de la empatía. ¿Recuerdan los aspectos que recoge? Habla de la inmediatez, de la sinceridad, de la coherencia, de la concreción. Todo esto, ¿va con nosotros o es un concepto teórico ajeno a nuestra vida cotidiana? Siento decepcionarles. Va con nosotros.

El problema, en todo caso es la implicación. ¿Cómo me implico y qué conlleva dicha implicación? Si tengo un amigo y me importa la amistad, trabajaré para evitar que aparezcan malos entendidos; y si aparecen, lucharé para que estos malos entendidos no alteren nuestra amistad. Pues algo parecido sucede en las relaciones profesionales. Y en las académicas. Por esto deberemos hacer el cambio de chip que supone el incluirnos en la ecuación de nuestra propia actuación profesional. Todo lo otro es falso.

Bueno, para el próximo día no tienen nada que leer. Lo cual espero que sea motivo de regocijo. Tendremos, como podrán comprobar, los preparativos para una entrevista real. Y aquí viene la tarea: ¿podrían describir, en un papel, todos los elementos que creen Uds. que hay que tener en cuenta para tal entrevista? Elementos tanto en lo que atañe a la entrevista, como los éticos, los escénicos, los… es decir, todos. También lo que les sugiere, qué preguntas realizarían, cómo se imaginan que es ese paciente. ¿Es hombre o mujer? Lo único que les puedo decir es que le he pedido que venga a explicarnos lo que le sucede. Que no se agobie por el hecho de que son alumnos de psicología. Que se atenga un poco a lo que le vayan preguntando, y que en definitiva se sienta con la libertad de contar lo que crea que puede contar. Que yo estaré a su lado para lo que precise. Con este material, ¿qué hacemos?

Un saludo afectuoso.

Dr. Sunyer.Curso 2000-01

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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