Intuición

Sunyer, J.M. · 02/01/2010
Fuente: Cuadernos de Bitácora
En este texto del curso 2000-01, inicio con el tema de la intuición, cosa ésta que es como un pecado dentro del marco académico. De ahí hago varias consideraciones para luego pasar a otros temas relacionados con ella.

Intuición.

¿Qué hipótesis podríamos plantear frente a algunos de los aspectos que parecen bastante evidentes en el día de hoy? Por ejemplo: la forma cómo nos pusimos, los cuchicheos… Más tarde, comentaba con alguno de Uds., que la sesión de hoy me había parecido superinteresante. Y alguien me comentaba que posiblemente la cantidad de información que aparecía en el ejercicio que se había propuesto dificultaba la participación. ¡BINGO! Una de las cosas que más me agradó fue al final de la clase cuando alguien preguntaba sobre si la interpretación de lo que sucedía se tenía que buscar en un libro o provenía de la experiencia. Y otras personas añadieron la idea de la intuición y le añadían la formación. Creo que no exagero demasiado si les digo que, en algunos aspectos, la formación del psicólogo se parece a la de aquel que lee y estudia los manuales para aprender a nadar. Cuando era algo más joven de lo que soy ahora, mis padres me regalaron un libro para “aprender a esquiar”. No estaba mal aquel libro. Me informaba de cómo poner las piernas, cómo doblar las rodillas, cómo… Y me lo miraba y practicaba en casa, cuando nadie me veía (soy muy vergonzoso u orgulloso, no sé), e incluso me imaginaba bajando grandes pendientes con la gran técnica que estaba aprendiendo. El problema fue el primer día en que me calcé los esquís. No les voy a contar más porque la cantidad de anécdotas que tengo es innumerable.

Para ser psicólogo, para ser psicoterapeuta, para ser consultor de empresas y organizaciones, grupos, hay que leer. Cierto. Hay que estudiar. Verdad. Pero sobre todo, hay que salir a la plaza y lidiar muchos toros. Y es cierto que antes de ponerme delante de un miura me buscaré vaquillas: el peligro será menor. Y de alguna forma las vaquillas son el equivalente de muchas de las cosas que están pasando entre nosotros y de muchos de los ejercicios que realizamos o realizaremos. La pregunta era absolutamente lógica. En cualquier caso el problema es cómo contestarla sin que la respuesta suscite recelos exagerados. Porque me imagino que si estoy en su piel, buscando sistemas para la comprensión, métodos para elaborar las situaciones, tablas clasificatorias de las enfermedades mentales, técnicas de intervención y evaluación grupales, etc., me imagino que si un profesor me dice: “tranqui”, guíese por la intuición; a ese profesor me lo cargo por no ser “científico”. Y no quiero ir al paredón.

Pero la intuición no es algo que surge de la nada. Surge, de lo que percibimos. Lo que sucede es que la intuición es algo que debemos tratar con mucho mimo. Y aquello que intuimos lo debemos poner en la despensa de nuestra mente para ver si aquello que intuíamos se verifica o no. Podríamos decir que la intuición nos puede ayudar a establecer pequeñas hipótesis de trabajo. Y las personas, cuando más desesperadas estamos, más utilizamos la intuición. Los pacientes con graves trastornos disociativos se guían por una intuición que acaba siendo desbordada por la cantidad de información que procesan. Detectan de nosotros todo y acaban conociendo hasta el número de nuestro carné de identidad sin dárselo. ¿Por qué? Porque todo el sistema racional les falla, y echan mano de la capacidad intuitiva para saber en qué medida, por ejemplo, el otro es capaz de contenerles o de entenderles.

Cuando Uds., entran en una empresa, en una organización, en un grupo, les recomiendo que hagan como los perros: huelan el ambiente. Traten de percibir y de registrar lo percibido. Consulten lo que sienten, lo que se imaginan del lugar o de las personas con las que se encuentran. Refúgiense, de vez en cuando, en la reflexión de lo que se percibe de la situación. Luego cuando tengan esto más o menos ligado, apliquen lo que crean que deben aplicar. Y trabajen con las dos cosas: con lo racional y con lo menos racional, lo intuitivo.

Junto a este tema, aparecen las hipótesis de trabajo del día de hoy. La distribución, los cuchicheos… posiblemente la cantidad de cosas a comentar, las comparaciones entre los comentarios que aparecían, la sensación de algunos de haber descubierto cosas que no habían pensado antes, el constatar aspectos (¿proyectados?) en una simple hoja de papel con un ejercicio en apariencia sencillo y tonto, todo ello facilita la tendencia a reunirse en el grupo pequeño, en el grupo íntimo, en lugar de exponerse en el grande. Convertir algo que aparentemente son chismorreos en algo con significación psicológica tiene su importancia.

Ante ello uno podría plantearse diversas hipótesis de trabajo. Según desde la silla en que me siento, uno podría decir, por ejemplo: “este grupo presenta una gran falta de educación…” o “lo que sucede es que el profesor no tiene autoridad suficiente” o “convendría modificar la dinámica, hacerla más directiva para que la gente no se pierda” o “los subsistemas formados por los diferentes grupos establecían un equilibrio centrado más en su propia productividad que en la del grupo como conjunto” o… Y podríamos seguir. Me pregunto: si fuese una organización, ¿podríamos encontrar un paralelismo en la vida organizativa? A mí se me ocurre pensar en lo que sucede en muchas organizaciones, en muchos colegios, por ejemplo, en los que las preocupaciones que aparecen en cada departamento, o en cada subgrupo, pueden ser tan grandes que imposibilita el trabajo global. Si un grupo, un departamento, está repleto de preocupaciones bien porque les apasiona un determinado tema interno, bien por dificultades o éxitos determinados, este grupo puede estar incapacitado, debido a esa preocupación, para participar en la misión del colectivo o del bien global. Y lo mismo una persona. O una institución. Cuando en la vida política, un partido, por ejemplo, está repleto de preocupaciones o de proyectos que le fascinan, puede perder (y pierde la mayoría de las veces) la capacidad de contactar con la globalidad de la sociedad a la que se debe.

Y lo mismo, lo mismo nos sucede a las personas. En principio, y al nivel en que nos movemos, tiene más pinta de una estructura que en clínica denominamos neurótica que de otra cosa. Un neurótico, por ejemplo, ¿qué es? Es alguien a quien sus preocupaciones internas como consecuencia de conflictos personales o conflictos interpersonales, son tan elevadas que le incapacitan parcial o totalmente de participar en los proyectos del entorno social al que pertenecen. Y es posible que desde el lenguaje organizativo se le denomine de otra forma: pero desde la clínica, por establecer puentes, es un cuadro neurótico. Y evidentemente se puede complicar. Léanse, si no, algunos trabajos de O. Kernberg sobre el tema. Magníficos.

Y en línea con este tema está la distribución de hoy: tendíamos a mantener nuestras posiciones de grupo pequeño y se evitaba el convertirnos en grupo grande. Todo un síntoma de lo que se está viviendo. Magnífico, apasionante. Hablábamos de que los descubrimientos apasionaban a mucha gente y esto les ponía trabas en la participación. Pero no sólo eso: hay un tema, el de la intimidad, que convendría que repasásemos. Es difícil exponer aspectos que uno considera íntimos, en una situación como la de un grupo grande. Pero si bien esto es cierto, también lo es el que en muchas ocasiones magnificamos la idea de intimidad y la convertimos en la razón para no hablar. Recuerdo, en una experiencia similar a esta, que un grupo no podía hablar de cómo se organizaba la navidad en cada una de sus familias, porque, decían, este tema es excesivamente íntimo para hablarlo en un grupo… pequeño. Parece una exageración del concepto de intimidad.

Para el próximo día tenemos códigos éticos. ¿Podrían hacer una comparación entre ellos? ¿Qué diferencias culturales perciben? ¿Cómo se aplican estos códigos a nuestra práctica diaria en clase? La ética, la normativa que nos guía está salpicada de elementos que relativizan mucho nuestras actuaciones. ¡Son tantos los elementos que intervienen en una relación! A mí me resulta altamente difícil saber si mis actuaciones profesionales son éticamente correctas. Sé que tengo mi propia ética y trato de ser coherente a ella; pero la realidad hace que con mucha frecuencia, uno se vea superado por las circunstancias. Es un tema que da mucho que hablar.

Un saludo,

Dr. Sunyer.

Curso 2000-01

Artícles a llegir:

1.*Col·legi de psicòlegs de Catalunya: Codi deontològic.

2.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987). Appendix one: Ethical principles of psychologists. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

3.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987). Appendix two: Ethical standads of the American association of counseling and development. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, l. (1987): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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