Duelo y separación

Pensamientos en torno a las despedidas

En el último día de clase no pudieron expresarse muchas emociones. Porque todo era emoción y sentimiento de tristeza, e incluso un poco de culpa. Son momentos en los que también quien suscribe deben dar paso a considerar qué ha sucedido o no, y qué parte de responsabilidad tiene uno.

Duelo y separación.

Esta es la palabra que creo define mejor nuestro último encuentro. Una cierta sensación de vacío y pena la acompañan. Y un cierto temor a que estas palabras generen más pena o más dolor. ¿Qué pasó?

Hicisteis vuestra tarea. Nos pusimos en círculo y hablamos un poco. Aparecieron varias ideas, muy ricas ellas. Unas hablaban desde una sensación de tristeza, de una cierta culpa por no haber hecho más, de algunas de las razones que podían facilitar la comprensión de lo que pasó. Se habló por ejemplo, de las diferencias entre el grupo grande y el pequeño, del grupo menos familiar y anónimo al más familiar y cálido. También se hizo referencia a las características del propio grupo que, al parecer, no tenía más vínculos entre sí que los que ahí aparecían y que esto era una rémora que venía desde los inicios de la facultad. Se cuestionó la fragmentación, la distancia que había entre asignaturas, aludiendo a la fragmentación que parecía existir entre el profesorado. Se habló o se reclamó más propuestas de actividades para facilitar los vínculos entre personas que no se conocían entre sí. Se sugirieron otras formas de agrupar a los alumnos de forma que superaran las tendencias a encontrarse siempre los mismos. Se comparó con otros grupos, otros años. Y se habló de las expectativas elevadas que quizás dificultaron la valoración de lo que teníamos en vez de señalar lo que nos faltaba. Y se habló de la variedad de asignaturas, de planteamientos. Y de la presión por definirse en un u otro planteamiento teórico, como no dándonos tiempo para la incertidumbre que luego siempre será beneficiosa.

De todo esto tomé nota. Seguramente hay mucha responsabilidad personal en todo esto. Cierto que me esforcé, que pensé actividades, pensé en qué cosas podían facilitar o podían tranquilizaros. Hice lo que pude y hasta ahí llegué.

Y os di las gracias por vuestra paciencia, por vuestra presencia, por vuestras intervenciones. Y sí eché en falta la voz de muchos de los alumnos que dejan que sean unos pocos los que tomen las iniciativas reservándose, en su silencio, la información que pueden elaborar para meterla en su hucha particular.

Y un aplauso cerró nuestro encuentro.

Luego se acercaron dos personas a darme las gracias y un beso. Este es el gesto más hermoso y que agradezco profundamente. Seguramente estas dos personas expresaron algo que iba más allá de ellas. Y quizás fueron las que se percataron de que faltaba algo, faltaba eso: el afecto.

Todo esto me da que pensar. Me va a hacer reflexionar muy mucho sobre qué no habré puesto, qué ingrediente se quedó en mí, para que no lo recibierais. Y al no recibirlo…

Lo pensaré muy mucho.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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