Premisas ante una intervención

Mi cuaderno de Bitácora curso 2000
Sunyer, J.M. · 29/12/2009
Fuente: Cuadernos de Bitácora
Ante una intervención psicoterapéutica debemos tener presentes varias cosas, varias premisas. En este escrito reflexiono sobre algunas de las premisas que me parecen importantes ante las situaciones de Orientación Psicológica.

Premisas de intervención.

Bueno, ahí anduvimos todos debatiendo aspectos del texto que pude aportarles, procedente de una experiencia grupal. Evidentemente, como uno de Uds. comentó, hay mucho material como para resolverlo en una clase. Posiblemente necesitaríamos un montón de horas para trabajar esta intervención o conjunto de intervenciones mías. De entrada la pregunta era ¿por qué no intervino antes? Porque de hecho no intervine, lo hizo el grupo. ¿Qué criterio tengo para intervenir o no en un momento dado? No me resulta fácil contestar. Un aspecto deriva de la experiencia y por lo tanto me resulta difícil transmitirlo. Muchas veces esa recomendación de la DGT de “ante la duda, no adelantar” me resulta sugerente. Duda que en este caso tenía que ver con la cantidad de hipótesis que venían a mi cabeza. Otro aspecto es que si considero que estoy en un grupo, la responsabilidad de participación es compartida. Por lo que si otro miembro del grupo se me adelanta, la posible intervención mía queda relegada a lo que esa intervención del miembro del grupo genere. Dicho de otra forma: la vida no es algo estático, sino dinámico. Nadie tiene la patente de la intervención clave. Eso, si creo en el grupo, claro. Es decir, si considero que las personas que están en el grupo tienen tanta capacidad como yo para pensar y opinar. E independientemente de si me dedico al mundo organizativo como si es el específicamente clínico; o social. Mi única responsabilidad en este sentido, es ayudar a crear la atmósfera de fiabilidad suficiente como para que todos puedan sentirse dueños y co-responsables conmigo de lo que en un grupo sucede. Como aquí, entre nosotros.

En Orientación Psicológica no podemos permitirnos el lujo de darnos excesivos tiempos. Esos, en caso de darse, deberán cederse a los procesos psicoterapéuticos, tanto organizativos como clínicos, o sociales. O políticos. Y quisiera subrayar lo de “en caso de darse”, porque la vida es suficientemente limitada en el tiempo como para permitirnos perder el tiempo ante el sufrimiento humano. Que es de todos, no del otro. Pero si intervengo lo hago a partir de varias premisas. Una de ellas es que todo lo que aparece en la situación es significativo. Dicho de otra forma, como somos seres con capacidad simbólica, seres hablantes y por lo tanto, cargados de significación, todo cuanto acontece a nuestro alrededor está cargado de significado. Y cuando digo todo, incluyo no sólo el lenguaje verbal sino el no verbal, no sólo la palabra dicha sino los elementos somáticos, no sólo mi gesto sino el espacio y el tiempo en el que estamos incluidos. Y el contexto en el que me muevo. Todo es todo.

La segunda premisa es que sólo una parte de lo significado es consciente; del resto o tenemos poca idea o ninguna. Si, como les expliqué, el director de un centro, para establecer una propuesta de intervención psicológica, me cita en un bar, esto, es significativo. Pero lo que no sé es qué significación o significaciones tiene. Ni para quien me cita ni para mí. Mi trabajo será tratar de ir entendiendo la cadena significativa que este hecho se articula en mí.

La tercera premisa es ¿qué significado tiene mi intervención? ¿Cuál es mi papel en esta situación? Porque si intervengo mucho igual es que estoy negando la posibilidad de existir al otro. Repito: de existir al otro. Existir, en el sentido metafórico del hablar. Uno existe cuando habla, cuando puede expresarse. A veces, como decía una compañera, lo queremos hacer tan bien que nos callamos. Bingo! El miedo, miedo a existir, la dificultad de aceptar el error como parte de nuestra existencia, todo ello hace que nos paralicemos. Y entonces no actuamos. Por miedo. Tenemos miedo de nuestra capacidad, grande o pequeña. Miedo a hacer daño. Dicho de otra forma, miedo de nuestra capacidad, también como humanos, de hacer daño. Aunque en ocasiones dañamos por omisión. ¿Recuerdan aquello que nos enseñaban en el catecismo, o al menos a mí cuando era pequeño? “Pecamos de pensamiento, palabra, obra u omisión”. Es decir, podemos hacer daño con cualquiera de estas cosas. Pero cuando domamos el miedo, queridos orientadores, podemos comenzar a trabajar. Y el miedo se va domando con el tiempo; y hay que saber tener miedo. Las osadías, en muchos casos son peligrosas. ¿O es que cuando un torero sale al ruedo no tiene miedo? Si no lo tuviere, lo cornearían. El miedo, en este sentido es un elemento que, puesto a nuestro favor, nos permite evaluar la realidad y percibir hasta dónde puedo acercarme al morlaco.

Una cuarta premisa es que el padecimiento humano guarda mucha relación con la incapacidad instalada de forma paulatina en mantener una comunicación libre conmigo mismo y con quienes me rodean. Y cuando hablo de comunicación no me refiero al hecho de hablar o no hablar: me refiero el poder articular todo mi ser con el otro y con migo mismo. Articular en el sentido simbólico del término. Las ciudades, los pueblos, las sociedades precisan comunicarse. Cierto que podemos optar por aislarnos. Las naciones que se aíslan, los pueblos que se cierran en su “sí mismos”, de forma permanente, las personas que cortan los vínculos de comunicación con los demás, perecen. Vean Uds. los problemas de la antigua Checoslovaquia y otros muchos del Este. Pero vean también los del Oeste. Y en la propia política Nacional. Cuando un pueblo (y a veces sus dirigentes se empeñan en ello) pretenden el aislarse para ser y seguir siendo ellos mismos, este pueblo está amenazado de muerte. Como las personas. O las células, me es igual. El problema es cómo seguir siendo yo y al tiempo seguir conectado con los demás.

Entonces, si parto de esta premisa, como profesional de la Orientación, deberé buscar los procedimientos más a mano para poder ayudar a restablecer la conexión entre este sujeto y sí mismo, entre él y los demás, entre su psique y su soma, entre su grupo familiar y su sociedad… Entonces mi función es catalizadora. Somos catalizadores de procesos terapéuticos. Tanto en las organizaciones como en las personas. Las organizaciones también son grupos humanos, formadas por personas, que se articulan desde lo personal para un determinado fin. No es cierto que las organizaciones sean diferentes a nosotros. Otra cosa es que como se trata de organizaciones, deberemos pensar y reflexionar sobre cómo podemos intervenir para no dañar a nadie, ni a las personas ni a la propia organización.

Una quinta: en toda situación se reproducen los elementos que articulan las características individuales de sus miembros y las que derivan de las diversas articulaciones de los grupos de personas presentes. Esta reproducción, que también aparece en la Física nos permite disponer de elementos que complementen la comprensión de lo que sucede tanto individual como colectivamente. Evidentemente estamos hablando de los elementos proyectados y también de los elementos transferidos. Pero estos aspectos, como el que sigue, los trataremos más adelante.

Otra premisa más: existen elementos destructivos en toda relación. Este aspecto, que trabajaremos en otra ocasión, también hay que tenerlo en cuenta. Pero, y para no dejarles con el caramelo o la intriga en la boca, les diré que estos aspectos destructivos pueden ser reconvertidos en creativos a partir de nuestras capacidades de elaboración de todo lo que tengamos delante. Seguiremos otro día.

Para el próximo día, seguimos con el mismo texto, ya que es largo y da mucho de sí. En concreto nos centraremos en la teoría de las relaciones objetales y ello, espero que me sirva para explicarles cómo el sujeto se vincula con el mundo.

Un saludo.

Dr. Sunyer.

Curso 2000-01

Article a llegir 1.*Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Psychodinamic Counseling and Therapy I. A Ivey, A; Bradford, M; Simek-Downing, L. (1997): Counseling and Psychotherapy. Allyn and Bacon.

El planteamiento es muy sencillo. La clase es un espacio en el que estamos muchas personas, como 50 o más.Uno puede considerarla desde diversas posiciones, pero personalmente prefiero pensar que estoy con un grupo. No ante un grupo sino en él. Este conjunto de personas que lo constituimos establecemos inevitablemente una serie de interdependencias, vinculantes muchas de ellas, que determinan no sólo la atmósfera grupal sino la manera de relacionarnos y los sentimientos que se derivan de todo ello. Cierto es que dado que trabajamos unos textos determinados, hay muchos elementos que se activan a través de la lectura de los mismos. Y la experiencia me indica que esos mismos elementos se activan también en las relaciones que establecemos en el grupo. Estos escritos son las reflexiones que desde mi puesto de conductor de ese grupo van aflorando en mi mente y que sirven, eso espero, de reflexión y de trabajo complementarios a la asignatura.

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