Mi cuaderno de Bitácora del 18 de noviembre de 2009

Mi cuaderno de Bitácora del 18 de noviembre de 2009

Hace más de treinta años mi profesora de Psicolingüística nos dijo: pensamos en griego, hablamos en latín. De esa frase me sigo acordando y la tengo muy presente siempre. Pensamos en griego, hablamos en latín. Posiblemente para muchos sea una frase acertada, bonita, graciosa; e incluso para otros estúpida, banal, arrogante… No lo dudo. Pero me parece que guarda tal enjundia de elementos que no convendría pasar muy rápidamente por ella. Nuestros idiomas, el catalán, el castellano y otros muchos idiomas son de origen latino. Ni el catalán ni el castellano nacen de la nada. Proceden del latín que en cierta manera se superpuso a los idiomas que se hablaban antes de la invasión romana. Ellos, los romanos, unificaron muchas cosas y gracias a esa unificación se pudieron desarrollar un montón de cosas. Muchas de ellas son hoy en día la base de nuestra convivencia y de nuestra cultura. Pero el latín no fue inventado por Rómulo y Remo. Procede de otras lenguas anteriores y venía muy marcado por la cultura griega. Cultura ésta que no sólo llegó a nuestra tierra y nos dejó grandes e importantes emplazamientos, e importantísimos elementos culturales, sino que marcó buena parte del substrato de nuestro pensamiento. Hasta el punto que buena parte del entramado simbólico procede de esa cultura. Mirad sino cualquier diccionario etimológico. Y aunque también es cierto que la cultura árabe se asienta en nuestro bagaje cultural, la importancia de la griega la supera con creces.

Los romanos, el imperio romano era vastísimo. Prácticamente toda Europa quedó enmarcada por todo un sistema de funcionamiento que no sólo propició el establecimiento de las estructuras básicas socioculturales, sino que moldeó los idiomas que se hablaban con vocablos y estructuras latinas. Y por ende, griegas. Y este hecho facilitó que los diversos grupos humanos que habitaron hace más de dos mil años (se dice pronto, ¿verdad?) fueran expresando sus fantasías, sus vivencias y emociones, sus miedos, temores y deseos mediante un lenguaje que se organizaba en torno a elementos comunes. O fácilmente entendibles por ellos. Y así, los bisabuelos de nuestros bisabuelos, y un buen fragmento de años atrás, iban transmitiéndose saberes, conocimientos, formas de proceder, objetivos, anhelos, ilusiones y expectativas, obligaciones y deseos, mediante el lenguaje. Mediante los diversos lenguajes. Y esto fue constituyendo el conjunto de mitos, leyendas, narraciones y cuentos que todo ser precisa para sentirse partícipe de una colectividad; y la colectividad precisa para sentirse con determinados elementos de identidad. Y todo esto se transmitía vía la palabra. La gente relataba historias que iban conformando las vetas con las que todo grupo humano, grupo de humanos, va entrelazando a sus miembros entre sí. Y de la misma manera que se podía transmitir los hechos de los dioses, las batallas entre ellos y cómo iban originando los diversos continentes o grupos humanos (ved de dónde procede Europa, o de donde Hispania), se transmitían otras historias, mitos humanos. Desde el mito de las cuatro barras de la bandera catalana, al mito del Cid, o San Jorge peleando contra el dragón, o cualquier otro, todos estas historias que pudieron tener algún elemento real, todas ellas transmitían y transmiten elementos que van más allá de lo real. Nos movemos en el mundo de lo simbólico.

Recopiladores de historias hubo muchos y entre ellos, los hermanos Grimm. ¿Qué hicieron? Entre otras cosas dar forma a una serie de relatos, cuentos, que se explicaban (y explican, aunque ahora menos) a los niños; aunque también a los adultos. Y entre estos cuentos están los que ayer trajimos a la clase, o el que hemos trabajado hoy. Y en este cuento, La serpiente blanca, aparecen un montón de elementos que dicen cosas, señalan caminos, insinúan aspectos para que quien los escuche pueda no sólo pensar y soñar en ser ese criado que encuentra princesa y se casa, sino que pueda simbolizar un montón de percepciones carentes muchas veces de nombre, pero que acaban organizándose y organizándonos. ¿Cómo?

El lenguaje tiene, al menos, dos componentes: el significado y el significante. Significado y significante son dos partes inseparables del hecho de hablar, de cada palabra, que van juntos, pero no revueltos. Y cuando (leed a Piaget) el proceso evolutivo del individuo puede pasar del pensamiento concreto (una mesa es una mesa; o incluso, una mesa es esta mesa), al pensamiento abstracto (una mesa puede ser una casa), podemos acceder a un mundo absolutamente diferente del que habitábamos antes de ese hecho. Y es gracias a ese hecho, a la presencia de algo que diferencia significante de significado, que podemos crear, que podemos entender las cosas de muchas maneras, que podemos acceder al desarrollo de algo que se llama cultura. Y es más. En esa barra diferenciadora entre el significante y el significado, en esta línea aparentemente tan fina que diferencia el sonido mesa, de su significado, y a partir de ahí, otros muchos más, en esta línea caben una infinidad de elementos que son los que a los niños (y a los adultos cuando jugamos de esa manera) les lleva a decir que ahora, esa mesa es mi casa, mi cabaña… y es lo que a vosotros os ha permitido pensar que la idea de “criado” era la del “hijo de los reyes, que eran sus papás”.

Cuando una persona nos cuenta cosas podemos escucharla con un oído o con el otro. Si lo escuchamos con uno lo que oímos es el relato real, la descripción de unos hechos, de unas cosas que le suceden. Cosas que pueden ser más o menos reales, más o menos ciertas. Que vienen más o menos teñidas de sus percepciones y modos de entender la vida y las relaciones reales. Pero si lo escuchamos con el otro oído lo que podemos apreciar es cómo ese personaje central de nuestro cuento, ese paciente, explica lo que le sucede con las cosas que le rodean, lo que le pasa en su relación con esas cosas, esos objetos (él es el sujeto) que le amenazan, le atemorizan. Y cuando lo escucháis desde este lugar el dibujo del terreno que vais organizando nada tiene que ver con el que dibujaríais con el primer oído.

El único problema ahora es cómo escuchar con los dos oídos.

Un saludo.
Dr. Sunyer.

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