Mi cuaderno de Bitácora del 20 de octubre del 2009

Mi cuaderno de Bitácora del 20 de octubre del 2009

Genogramas. Esta es una palabreja que dice mucho. ¿De dónde venimos? ¿Cuál es el grupo humano que nos precedió? ¿Qué relaciones existen y existían entre ellos? ¿Qué elementos de la historia de este grupo humano han ido apareciendo y cómo han influido en mí? ¿Cuál de los dos grupos humanos, el de mi madre, el de mi padre, es el que más influencia tiene en mi modo de ser? ¿De dónde viene mi nombre? ¿Quién lo puso y por qué este y no otro? Y como éstas podríamos hacernos otras muchas preguntas.

Evidentemente no es cuestión de cotilleos. No pretendemos hacerle la competencia a ninguna red televisiva ni nada por el estilo. Sólo utilizamos los recursos que somos capaces de crear para conocer cosas de quienes están ahí, delante de nosotros. Podemos utilizarlo como un punto a partir del que ponernos a pensar sobre la historia del otro. Seguro que hay otros muchos sistemas. Pensar en la propia historia y en la de quien tenemos delante. Tratar de descubrir cuál es la configuración de elementos que lo constituyen, qué elementos son esos y de dónde vienen.

¿De dónde viene nuestro nombre? ¿Qué elementos significativos quedan tras él? Porque cuando unos padres piensan en el nombre del hijo (suele ser bastante antes de nacer, incluso antes de ser físicamente concebido), en ese nombre van muchas cosas. Van acuerdos tácitos entre ellos, y entre las familias a quienes representan. También van significados particulares que se articulan o con el sonido del nombre, con su significado cultural y, sobre todo, por su significado personal. Y de la misma manera que cuando uno monta una empresa busca un nombre que la represente y que ese nombre tenga unas determinadas características que vayan acordes con las de la empresa, en el caso de los hijos mucho más. Llamarle a alguien por el nombre que proviene de personas queridas, significativas para mí, es una manera de perpetuar en el hijo algo de estas personas. De la misma manera que si el nombre que elijo lo extraigo del diccionario para que no se asemeje a nada conocido, o sea de fácil traducción, o de no traducción y suene igual en un idioma que en otro. Y todo esto funciona para bien y para mal. Dependerá de cómo estos significados se articulan con él y cómo él se articula con ellos.

Y del nombre pasamos a la representación escénica. Fue una magnífica escultura la que organizó un miembro del grupo. ¿Y qué vimos en ella? La soledad, la firmeza del trabajo, la pasividad, la discusión, el estar… un montón de características que, si nos damos cuenta como psicólogos, guardan gran cantidad de significados provenientes de la dinámica de la clase. Y para ello podemos utilizar a los compañeros o a objetos que tengamos a mano. Todo está al servicio del poder pensar y compartir pensamientos.

UN saludo.

Dr. Sunyer

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