Mi Cuaderno de Bitácora del 16 de septiembre del 2009

Mi cuaderno de Bitácora del día 16 de septiembre del 2009

Sabía que íbamos a ser más, porque la experiencia me indica eso. Pero es algo curioso, ¿os imagináis que citáis a 18 pacientes y os llegan 30? O sea, imaginaros que por lo que sea decidís que vengan los dieciocho integrantes de… pongamos un grupo familiar. Preparáis las sillas, os preparáis vosotros y va y se presentan treinta. Pues algo similar. Sé que no es un tema vuestro, es administrativo. Pero así y todo… ¿qué cara pondrían en un restaurante, con plazas limitadas, en el que sucediera algo así? Que el Maître, y en este caso el profesor, deben hacer un acopio de esfuerzos para poder atender a tantas personas. Pero por suerte la experiencia ya me indica que eso suele suceder en todos los inicios de curso. Parece que nos debemos ir preparando para lo que vaya emergiendo. Como psicólogos tenemos que hacer esfuerzos por ir adaptándonos a las situaciones cambiantes para poder seguir pensando. O sease que ¡bienvenidos!

Dije muchas cosas, posiblemente demasiadas. ¿Tiene que hablar mucho el psicólogo? Esta es una pregunta. ¿Tiene que preparar las sillas y ponerlas de una forma determinada? Otra pregunta. Cuando habla, ¿se dirige a todos o a unos pocos? ¿Se pone en la misma posición que los pacientes o es mejor instalarse en una posición diferente y diferenciadora? Y podríamos seguir preguntándonos muchas cosas.
¿Por qué hablé tanto? Esta es una cuestión compleja. Había un componente contrafófico, es decir, ante la ansiedad que siempre se despierta cuando uno está ante muchas (o pocas) personas, uno trata de desarrollar recursos que aminoren esa ansiedad, ese malestar. Como vosotros estáis en período de formación (la verdad es que deseo que no lo dejéis nunca, eso suele mejorar la calidad profesional) podréis ir comparando como cada uno de los profesores nos las apañamos en ese primer día. Y un componente reconocido en mí es ese luchar contra una ansiedad que nace del hecho del primer encuentro. ¿Acaso cuando tenéis una primera cita no estáis nerviosos? Pues este es un ejemplo. Y una lección: siempre ante un encuentro hay una ansiedad de cuyo control, de cuyo desarrollo dependerán muchas cosas. ¿Cómo está un paciente en la sala de espera? ¿Cómo me saluda, cómo me recibe? Preguntas sobre la ansiedad.

Otro componente era técnico. Siempre que nos encontramos ante muchas personas debemos ser conscientes que esa ansiedad anida en todos. Es algo común, normal. Parte de la ansiedad deriva del encuentro, pero otra parte viene de la situación. Y la manera como os coloqué es más ansiógena que si hubiera respetado el alineamiento que había cuando entré en el aula. El círculo genera más ansiedad. Entre otras cosas porque todos nos vemos. En otra distribución más clásica, no. Uno puede ver el cogote del otro, y éste no le ve al primero ya que tendía que girarse. Ahí todas las miradas pueden concentrarse en el profe. Y como a mí no me ven, me siento más protegido. Pero en un círculo, no. En esta otra posición todos nos vemos. Si éramos treintaiuno, pues treinta que me miran. Y eso es más ansiógeno que si sólo me mira uno, el profe. Seguramente podríamos profundizar en este aspecto, en el por qué nace esa ansiedad porque mirado fríamente no tiene mucho sentido. Pero la realidad es lo que nos indica. Entonces, ¿qué debe hacer el responsable de un grupo (sobre todo si es grande) si lo que no desea es que aumente la ansiedad hasta niveles muy elevados? Fijaros que digo “si no quiere que aumente la ansiedad”. Pues debe ir interviniendo para que esa misma ansiedad se mantenga en niveles tolerables. Evidentemente si lo que quiero (por razones técnicas) es que esa ansiedad se eleve, entonces estaré más callado. Pues bien, esta es otra de las razones por las que he hablado más de lo que suelo hablar normalmente. Claro que aquí podríamos seguir haciéndonos preguntas, pero no es el tema de hoy.

¿Y por qué un círculo? ¿Por qué el profesional se preocupa por cómo nos vamos a sentar? Mirad: recursos técnicos, y cuidado personal. Como profesionales debéis establecer las condiciones en las que vais a trabajar. Sólo si establecéis las condiciones sabréis las modificaciones que aparecen a partir de esta posición base que establecéis. Y estas modificaciones son información privilegiada para comprender cosas respecto a lo que sucede. Si por ejemplo, citáis a un paciente a las 8.30 de la mañana (como nosotros en clase) y se presenta a las 8.40, o más tarde, eso es una variación a considerar y a tratar de ver qué pasa ahí. Si ponéis la silla en un lugar que consideráis adecuado y viene el paciente y la cambia de sitio, ese cambio es información para vosotros. O sea, que la determinación de las condiciones de trabajo las establecéis vosotros. Bien es verdad que en ocasiones vienen preestablecidas y no las podéis variar. Eso es información complementaria no del paciente, sino de la institución en la que trabajáis. Lo mismo en nuestra aula. Basándome en esta historia, el círculo es una forma de trabajar que nos permite justamente eso: vernos. ¿Y por qué quiero que nos veamos? Porque de esta forma todos tenemos la oportunidad de conocer los movimientos, las miradas, los gestos que realizamos y que intervienen en la comunicación entre nosotros. En un grupo (aunque sea un grupo familiar) lo importante es que la información pueda circular. Y esa forma de sentarnos puede facilitarlo.

Por otro lado si todos formamos un grupo, más allá de que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad diferente respecto a los demás (y en especial yo), el hecho de que nos veamos en el mismo plano nos indica eso: que más allá de las responsabilidades, todos estamos en el mismo nivel de comunicación, con las mismas oportunidades.
Y ¿por qué pongo las sillas en círculo y me siento entre vosotros? Dejo que contestéis a esa pregunta. Pensad en por qué vosotros plantearíais trabajar de una manera y no de otra.

Sigamos. En ese habla que te habla, apareció el ejemplo de un paciente reciente. El ejemplo creo que hablaba de la decepción que sentía tal persona al haberse visto atendido de la manera como os expliqué. El término decepción es muy, pero muy sugerente. No descarto que en él haya algo también personal: aceptar las limitaciones que tenemos como profesionales y como personas es algo que hay que aprender. Pero hay otra decepción de la que habla el paciente: hace un esfuerzo y se encuentra un profesional que no mueve ni el dedo (más que para recetarle algo). Mirad: Jorge García Badaracco (tomad nota de este nombre, es un profesional como la copa de un pino, mayor, muy mayor, que más allá del gran aprecio y cariño que le tengo, es un referente para muchos de nosotros); pues bien, Jorge dice que los primeros en no creer en la Salud Mental somos nosotros. Y suscribo estas palabras. A pesar de lo que queráis, no creemos en la salud mental. No creemos en que podemos hacer bastante más de lo que hacemos. Ni creemos nosotros ni mucho menos las estructuras en las que estamos. NO cree la administración, no creen las estructuras asistenciales, no cree nadie en ello. Sólo se ve a parte comercial del asunto. Y el no salir de la rueda. En eso sí se cree. Utilizamos el trabajo para sacarnos unas cuantas medallas, para que aparezcamos en los periódicos, en revistas especializadas, para tener un cierto caché, para…, pero no creemos en que las personas que acuden a nosotros con toda la esperanza de poder encontrar una saluda a su situación viene a que les echemos un cable, vienen para que desde nuestro convencimiento, les ayudemos a salir de su situación. Sabiendo las limitaciones con las que nos vamos a encontrar.

No sé si vosotros estáis en condiciones de creer en la salud mental. Porque eso significa de entrada luchar por la propia salud mental. Supone oxigenarnos, atrevernos a pensar más allá de lo que está establecido, de lo políticamente correcto (odio esa palabra). Porque una cosa es saber que tenemos limitaciones y otra es esa: saber que nuestro esfuerzo (¡Ah! ¡Esa palabra!), nuestra capacidad (e incapacidad) para poder estar conectar con esa persona va a tener una gran utilidad.

Ojalá que a lo largo de estas sesiones podamos creer un poco en ello.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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