Mi cuaderno de bitácora del 18 de noviembre del 2008: Don Ricardo

Mi cuaderno de Bitácora del 18 de noviembre de 2008: Don Ricardo.

Pues ahí estaba. Con todo lo que generó. De entrada frustración y hasta un cierto cabreo. Las expectativas no eran esas. Y cada vez que el humano se encuentra con la distancia que hay entre lo que espera y lo que encuentra, hay una gran frustración. Y en algunos casos es tan elevada que no se tolera. Y cuando eso sucede…

Ricardo estuvo a sus anchas. Lo tratasteis bien, muy bien, diría yo. Por lo que me comentó luego, no esperaba tan buena acogida ni un clima tan agradable. Viene del mundo de la empresa y está más acostumbrado a estar entre leones que entre personas. Por esta razón tenía que defenderse tanto del ratón… ¿no?

Vosotros estuvisteis geniales. Sí, de genio. Y para remate la propuesta de dibujo. Fantástica. Un elefante; no podía ser otro animal. Grande, poderoso, potente… que se asusta ante un ratón. Pintado de forma que miraba hacia atrás y casi se queda sin superficie para dibujar bien las patas. Podríamos decir que era tan hiperrealista que sus patas estaban “metidas”, clavadas en el suelo. El gran poder de lo proyectivo. Pero también la gran trampa: uno lo debe usar pensando en la globalidad del paciente, no en lo que ponen los manuales interpretativos. Por ejemplo, uno puede dibujar un elefante porque se siente narciso, grande y poderoso… o porque se siente justo lo contrario y quiere aparentar que no es pequeño. Habría que ir pensando bien en las características de este animal herbívoro. Pero también en el trazado del dibujo, que no expresaba seguridad sino todo lo contrario. “Era un esbozo”, dijo él al acabar.

¿Cómo parece que es Ricardo? ¿Qué elementos podríamos sacar de las miles de anotaciones que hicisteis?

¿Cómo os vio? Geniales. Compenetrados. Pudisteis realizar una entrevista en la que las preguntas iban una tras otra, articulándose. Y cuando alguien retrocedía a un tema anterior, lo señalaba. Quizás faltó que os presentarais cuando hacíais la pregunta: hubiera dado un tono más humano. Os vio atentos. Como no perdiendo ripio. Y a los que os sentó mal la situación, parece que lo pudisteis sobrellevar. Eso está bien.

Solíais llevar las preguntas hacia la zona psicopatológica. Y posiblemente la vertiente más humana quedaba de lado. Por ejemplo los vértigos. ¿Qué mal se debe pasar, no? ¿Qué inseguridad debe generar en uno, verdad? Os sugiero que miréis el diccionario. ¿Qué significa? ¿Sabéis que también significa coloquialmente “molestia, enfado, ajetreo”? SI lo miramos por la vertiente psicopatológica tiene una posible explicación. Pero,… ¿tendrá que ver con cabreos (somos cabreólogos, es decir, técnicos en el estudio del cabreo), molestias, enfados, ajetreos? Si lo mirásemos desde este ángulo… ¿Cómo se debe sentir alguien tras una vida así?

Decíais luego que había una distancia entre lo racional y lo emocional. Cierto. ¿Por qué? Buscad la metáfora: cuando uno coge una fuente del horno se suele proteger las manos con una manopla para alejar el calor de la mano, ¿verdad? En este caso…, la necesidad de separar lo emocional de lo racional ¿se deberá a la temperatura elevada de los afectos? Quizás. Si nos pasa en nuestras clases en las que tratamos de que prime más lo racional que lo emocional ya que esto último está que arde, ¿qué no hará Ricardo?

Luego fijaros con algún comentario aparentemente banal. ¿Por qué cuenta lo de la chica amiga de él a la que recuerda cuando una compañera se riza el pelo con los dedos? ¿Por qué reacciona cuando una chica al preguntarle levanta también la pierna como dándole un puntapié? ¿Por qué hace el comentario de la detención del etarra de marras? ¿A qué viene el comentario sobre el profesor que hizo tanto al referirse a su carrera de ingeniero como cuando se pone a dibujar? ¿Por qué habla tanto y da tantas explicaciones?

Y luego fijaros en vuestras emociones. Os decía que hay como un baile. Hoy os digo algo más: lo que sentís y pensáis en la entrevista viene activado por la relación con Ricardo. Ya siento herir vuestro narciso, pero no son pensamientos que nacen de la nada. Nacen de la relación con él. Cómo si de alguna manera (recordad la teoría de las interdependencias vinculantes) las cintas que se iban estableciendo entre vosotros y con él, activaran sentimientos en vosotros cuyo origen está en el paciente. Siempre. Desde el primer momento introduce en vosotros ideas y sensaciones, y pensamientos, que son los que pensáis y sentís. Eso es material de primera mano para entender a Ricardo por dentro.

Bueno, os dejo. Estoy cansado. Ha sido una larga semana. Tan larga y compleja que hasta tuve la sensación de que hacía semanas que no estaba con vosotros.

Dr. Sunyer

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