MI cuaderno de Bitácora del 4 de noviembre del 2008

Mi cuaderno de bitácora del 4 de noviembre del 2008.

De entrevista

Una entrevista psicológica no es un acto protocolario. Es un espacio creativo en el que dos o más personas se encuentran siendo una de ellas la experta en comunicación. Esta persona es el psicólogo. Y como cada uno es cada cual, la desarrolla como sabe, puede y le dejan. ¿Cómo sabe? Sí, es decir, tal y como a lo largo de toda su vida ha aprendido a relacionarse con los demás; con personas desconocidas en un primer momento y que luego pasan a ser más y más conocidas. Y ese aprendizaje depende de muchos factores pero principalmente de los factores personales, educativos, de su propia cultura familiar, de su propio acervo. Es algo que aprendes de tus padres, de tus profesores en el cole, de los entrenadores deportivos que has tenido, de las experiencias de juerga y no juerga… Y todo esto constituye la base sobre la que desarrollas esta entrevista psicológica. Lo que sucede es que a uno le pueden los nervios. ¿Cuáles? Los que nacen de la situación y que constituyen la segunda parte de la ecuación: uno hace la entrevista que puede.

Los nervios son a veces un gran estorbo. La situación escénica ya tiene su qué. Hasta el punto que todas aquellas cosas que habíamos aprendido de pequeños, ya no salen: no pregunto el nombre, no me presento, no acompaño al otro hasta su lugar, no busco la manera de romper el hielo… es como si los nervios se transvistiesen en un preservativo mental que nos atrapa y no nos permite la libertad suficiente como para actuar como saldría si no lo tuviéramos puesto. Los nervios actúan en el lenguaje corporal, en cómo y a dónde miramos. Nuestras manos se quedan ocultas en nuestro cuerpo, los brazos deciden cruzarse como indicando una especie de coraza protectora, el cuerpo queda como petrificado y ya ni nos movemos… ¿qué nos pasó? Oh esos nervios que son como el comodín de las cartas que sirve para echarle la culpa de todo. Esos nervios que también son la expresión del malestar del otro. ¿Del otro? Pues sí.
Aquí se nos olvida con frecuencia que también en la entrevista y desde el mismo momento en el que decimos hola y le estrechamos la mano, se establecen lazos de interdependencia que puede acabar siendo vinculante. Ah, ¿y eso?

Bueno, antes de la entrevista uno puede estar más o menos tranquilo. Pero desde el mismo momento en el que iniciamos el contacto con el paciente debemos considerar qué hacemos movidos por las circunstancias, eso es, movidos por el paciente, por la relación. Por ejemplo, si me descubro con los brazos cruzados… ¿qué tiene que ver eso con la situación que vivo? Si no me he presentado, ¿qué tiene que ver con la relación que se está estableciendo? Porque si bien puedo pensar que todo ello tiene que ver con mis carencias o dificultades, también puedo pensar que igual es la situación la que me provoca esta reacción en mí.
Y desde este punto de vista, Lewin nos diría que sí.

Colocándonos en este terreno más Lewinniano si queréis o más holístico en toda entrevista y en toda relación asistencial deberé considerar lo que me sucede y lo que sucede en el espacio del encuentro como algo que proviene de la relación actual. Eso significa que ya no me importa tanto lo que le pasa al paciente y lo que cuenta cuanto lo que nos pasa en este encuentro y en qué medida lo que cuenta tiene que ver con ese encuentro. Es decir, dado que todo influye, tanto las asociaciones de ideas que me fluyen en el momento de la entrevista, las emociones que se pasean por mi cuerpo, los componentes verbales y no verbales… todo esto guarda relación con los vínculos que se están estableciendo entre esta persona y yo en el aquí y ahora de la entrevista. No sé si lo puedo decir más claro, pero lo intentaré. Aunque alguno no lo entienda y hasta se pueda escandalizar, lo que le pasa o ha pasado realmente al paciente poco importa: lo que importa es lo que sucede en el espacio de entrevista, de la sesión terapéutica. Lo otro, lo que le pasa o le pasó se actualizan en el aquí y ahora del encuentro coloreándolo, dándole forma, dándole un cierto contenido. Pero sólo eso.

Cuántas veces un paciente o nosotros mismos mientras nos dirigimos al encuentro con alguien planeamos lo que vamos a hacer o decir. Yo mismo todos los días voy pensando en lo que voy a hacer con vosotros, o lo que le diría a alguien en un encuentro determinado. ¿Qué sucede? Que en el momento de la verdad hacemos lo que podemos hacer. Es más, muchas veces no decimos nada de lo planeado sino que nos descubrimos hablando de otra cosa que en principio no habíamos ni contemplado la posibilidad de hacerlo. ¿Y eso? Porque lo que cuenta siempre es el aquí y ahora del encuentro, lo que se cuece entre ambos. No somos robots.

Afortunadamente.

Y eso que aparece, ¿qué tiene que ver con lo que le pasa al paciente? Todo. Lo repito: todo. Y diré más: sólo si somos capaces de atender a lo que sucede realmente en el aquí y ahora, seremos capaces de ayudarle. Y de aprender.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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