Mi cuaderno de Bitácora del 28 de octubre del 2008: interdependencias vinculantes

Mi cuaderno de Bitácora del 28 de octubre del 2008

Interdependencias vinculantes.

No niego que éste pudiera ser el tema de una próxima publicación, pero de momento es algo que tengo ahí, en ciernes. ¿Qué es eso?

Hoy pusimos en el centro del aula a una chica que era hija de sus padres y éstos de los suyos. Y con este esquema tan sencillo comenzamos una compleja representación con la ayuda de muchos de vosotros. Esa mujer que era el centro de nuestras miradas estaba vinculada con sus padres a través de muchos lazos, serpentinas, hilos que acababan constituyendo una trama mínima de relaciones entre sus progenitores y ella. ¿Qué unían estos lazos? Cosas tan sencillas como por ejemplo que su padre era una persona autoritaria pero sumisa en casa. Que era trabajador, exigente. Estas características (sólo fuimos capaces de pensar en tres) también lo vinculaban a sus padres que tenían éstas y otras características. O que su madre era una mujer triste, que sólo se manifestaba de forma contundente con su marido cuando éste hacía algo que le sentaba mal, y lo hacía de forma que él, desde la posición sumisa, se acoplaba como podía a la situación familiar. Ella también tenía unos lazos con sus padres y una de sus hermanas y un hijo de ella. Y todas estas conexiones constituían un entramado de alianzas que la definían muy bien.

Ahora bien, esa urdimbre de vínculos ¿sólo es eso o es algo más? Podemos hacer varias cosas. Mirarlo como aquel conjunto de elementos que limitan y condicionan la supuesta libertad de cada uno o considerarlo como un complejísimo tejido que constituye la configuración de elementos que hacen que esa mujer que era el centro de nuestra atención fuese precisamente como era. Y si bien creo que la mayoría lo veía desde la perspectiva primera, prefiero optar por la segunda. Y es que parto de una consideración: el individuo no es sino una configuración de elementos que nos vinculan mediante estas interdependencias de carácter afectivo con los seres queridos y con todos aquellos que vamos incorporando a lo largo de nuestra existencia. La piel es lo que limita esa configuración de forma que nos hace creer que somos independientes, cuando en realidad a lo máximo que podemos acceder es a ser autónomos. El individuo es la unidad más pequeña, viva y autónoma posible del tejido social humano.

Esa configuración no es estática, sino dinámica. Está constantemente en proceso de asentamiento y reasentamiento gracias, precisamente, a estar vivos. Eso supone que a lo largo de la vida vamos modificando la configuración interna lo que nos permite amoldarnos de forma creativa y constructiva a las personas que constituyen nuestro entorno. Esa adaptabilidad es precisamente la que posibilita que el género humano no haya perecido. Es la que posibilita y causa eso que llamamos maduración: proceso por el que los lazos de interdependencia vinculante se consolidan y están menos al albur de las circunstancias, sabiéndose lo suficientemente dinámicos para cambiar la configuración sin que ella atente contra la identidad de uno. Como el caleidoscopio que por girar y modificar la configuración de los cristales que ofrecen formas tan diversas, no pierde su esencia ni identidad.

Por otro lado esta configuración no es interna ni externa, sino las dos cosas a la vez: mundo interno y mundo externo se constituyen mutuamente y sólo se diferenciarían en que el primero conforma la denominada psique individual en tanto que el segundo constituye el mundo percibido por uno. Las modificaciones que se dan en el denominado mundo interno provocan modificaciones en el externo y viceversa, lo que determina el carácter vinculante de estas mismas interdependencias.

Los profesionales de la salud, en tanto que humanos pero también en tanto que profesionales, asistimos al encuentro del paciente con nuestros lazos de interdependencia vinculante. Por esta razón, la consulta no es otra cosa que el lugar de encuentro entre grupos de interdependencias vinculantes que establecen, a partir del momento mismo del encuentro, unas nuevas ataduras que activan algunas o muchas de las interdependencias vinculantes con las que cada uno acude al encuentro asistencial. Y es desde esta perspectiva cómo podemos volver a entender lo que en otra ocasión hablábamos de los tres grupos de propuestas teóricas. La primera sólo contemplaba, desde concepciones particulares, la configuración interna de la persona, bien en su globalidad bien de algunos de sus aspectos parciales. La segunda contemplaba los lazos con los que esa persona estaba vinculada, sin considerar que la constituían como tal. La tercera considera la totalidad de los lazos de interdependencia que se encuentran en una sesión, utilizándolos como instrumento al servicio de ayudar al otro a modificar algunas de sus vinculaciones de forma que su vida sea menos incómoda.

Finalmente y por volver un momento al grupo, ¿qué hay que no facilita que todos se involucren en la tarea? Cierto que cada vez somos más los que salimos a la arena de nuestra plaza de toros. Pero… ¿por qué no todos traíais material y os vinculabais al esfuerzo que realizaba la que hacía de María y los que hacían de padres y tíos? Me pregunto sobre los lazos de interdependencia vinculante que hace que unos se muestren pasivos, como chupando del bote, mientras otros acaban animándose a construir la asignatura tal y como está pensada. Este es un tema que me preocupa dado que afecta a la dinámica del grupo como globalidad y limita el alcance de los conocimientos a los que todos podríamos llegar.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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