Mi cuaderno de Bitácora del 22 de octubre del 2008: una experiencia importante

Mi cuaderno de Bitácora del 22 de octubre del 2008

Fue una sesión importante. En el centro cuatro personas hablando entre ellas y lideradas por el conductor del grupo. En un principio la situación era compleja y complicada. La mayoría de la clase estaba enganchada en sus temáticas particulares y, como comienza a ser habitual, cuesta desconectar con los hechos del mundo exterior para concentrarse en los de la propia clase. Este hecho es una resistencia a entrar en materia, una manera de alargar el tiempo de espera ante la dificultad que representa siempre el trabajo y más el trabajo con los demás. Diversos toques de atención no acababan de hacer mella a pesar de que los voluntarios, a los que hay que agradecer siempre su disponibilidad, ya estaban sentados en medio del aula.

Se inició la mini sesión. No había una pauta escrita ya que considero que el haberla condiciona más la libre expresión de lo que se pueda desarrollar. Esa característica no suele ser bien acogida por muchos profesionales que, agobiados ante el terreno desconocido que se nos abre delante, prefieren proponer temas. Pero soy absolutamente contrario a ese tipo de pautas. Y desde ese espacio en blanco, ante esta hoja en blanco que se desplegaba entre los cuatro miembros, el conductor rompió el posible silencio que era previsible para iniciar de forma algo forzada una relación breve entre los que estábamos.

Y como sucede en cualquier lugar clínico, los integrantes del grupo se sentían algo descolocados, como no sabiendo por dónde tirar ni por dónde les iría guiando el conductor. Pero, ¿cuál es su intencionalidad? Como ya hemos leído en algún lugar el deseo es siempre el mismo: establecer una conversación entre los que estamos, favorecer que todos los que forman el grupo, los que se encuentran ahí, puedan ir tejiendo una serie de lazos asociativos que den forma a una conversación. Pero desde la lógica, los deseos de escaparse de ahí, de evitar situaciones que eran desconocidas, hacía que el grupo tirase balones fuera. Esta es una manera absolutamente legítima de evitar entrar en el ruedo. Es más, sería un tanto sospechoso que alguien entre en materia sin un más o menos claro período de evitación.

Además se daba una circunstancia súper compleja: el grupo no era ajeno a la realidad del momento, una clase. Eso significa que el conductor era además el profesor que en ocasiones tiene o viene cargado de elementos de tipo persecutorio ya que es él quien a la postre va a poner una nota. Además, todos eran personas que, casualmente o no, eran cercanas al profesor: eran o habían sido miembros del mismo seminario. Pero para más inri, se encontraban en el centro mismo de un grupo enorme de personas que asistían entre la curiosidad, la expectativa, la activación de elementos sádicos (je, je, les ha tocado a estas y vamos a disfrutar de su mal trago…) y otros elementos que percibía el conductor y también ellos. ¡No era fácil encontrarse en medio de personas con una pinta de estar disfrazados de jueces! Y ese elemento se introducía en la dinámica de ese pequeño grupo y dificultaba, aún más, el desarrollo de una conversación seria. Pero aquí el buen recurso de incluir esa dificultad posibilitó que nos pudiéramos ir concentrando en algo más nuestro, algo más del propio subgrupo.

Y deshojando elementos, dejando aparcados otros que al conductor no le parecían que pudiesen tener, en aquel momento, una importancia mayor, acabamos hablado del cáncer y de la muerte. Y de las separaciones. Y, en la brevedad del encuentro que venía marcado por el tiempo y enmarcado por estas dificilísimas circunstancias del entorno, comenzamos a desarrollar un ambiente interno en el que comenzaba a perfilarse una complicidad y una atmósfera más personal y que, de no haberlo interrumpido el conductor, habría llegado a abordar (se percibía en las pupilas de quienes participaban en el encuentro) temas íntimos, muy cercanos a cada uno de los integrantes del grupo.

Luego ya nos volvimos a reunir en grupos de discusión y posteriormente el gran grupo, el grupazo. Y volvimos a hablar de cosas intentando superar esa tendencia tan de ese grupo de tratar de ver quien tiene la verdad.

Toda una experiencia entre personas que quieren llegar a ser psicólogos.

Dr. Sunyer

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