Mi cuaderno de Bitácora del 15 de octubre del 2008: ser o hacer de psicólogo

Mi cuaderno de Bitácora del 15 de octubre del 2008

Ser o hacer de psicólogo.

Hace días que tengo ocupada la cabeza con esta idea. Surge de la lectura de uno de los cuadernos de los alumnos en donde una persona decía que iba a hacer de psicóloga y no a ser psicóloga. Hoy recojo esta preocupación que anidó en mi mente ya que creo que enlaza bien con algo que aparecía al final de la sesión de hoy; apasionante sesión con todos vosotros.

Os planteé un caso real que atiendo desde hace aproximadamente cuatro años en mi consulta. Juan, le llamaremos así, acudió por una serie de razones (recordad, el motivo de consulta), y han ido apareciendo otra ristra de ellas que van como constituyendo el problema de su existencia (del motivo al problema). Y os lo planteé porque me pareció que era más operativo hablar de los posicionamientos teóricos a través de un caso real que dejaros en una zona intelectual, de debate mental que, a todas luces, poco os iba a ayudar.

No puedo hablar sino a través de mi propia experiencia. De mi propia experiencia clínica que ya es cosecha vieja: 33 años casi día por día. Y no os hablo desde los conocimientos más o menos teóricos que pudiera haber conformado en mi mente a través del estudio de “técnicas o procesos psicológicos”. Y esta experiencia es la que me lleva a distribuir las formas de intervención en tres áreas o tres perspectivas diferentes. Creo que las tres tienen que ver con la idea de hacer de psicólogo o ser psicólogo.

Quiero señalar, de entrada, que es absolutamente legítimo hacer de psicólogo. En nuestro idioma, tanto en español como en catalán, los matices semánticos del “hacer de” son iguales. Cuando en casa hago de fontanero, de carpintero o de electricista, estoy realizando una serie de tareas (chapuzas me dicen en casa) con mayor o menor habilidad (aquí la experiencia también es un grado). “Faig de fuster”, es cuando preciso, por ejemplo, colocar unas baldas o construir un armario para depositar en él unos cuantos libros. Y no se me da del todo mal; aunque reconozco que empleo más horas que las que necesitaría el carpintero oficial. E incluso, aún pudiéndolo acabar mejor que él, la verdad es que el esfuerzo a veces no acaba de compensar: un simple armario para guardar las herramientas puede tardar… hasta seis o siete meses en finalizarse. La diferencia que veo entre hacer de albañil y ser albañil, es que en este segundo caso no sólo están presentes las habilidades en el manejo de la paleta. Hay como una comprensión más global de la actividad que hace que cuando va por la calle se fije en cómo otro ha resuelto el problema. O, incluso, se despierte a las tres de la mañana preocupado por cómo llevar a cabo un encargo que no acaba de ver claro. Pero tanto si uno hace de albañil como si es albañil pueden hacer bien la tarea, si bien hay un elemento cualitativo diferente. Pero volvamos a Juan.

Nuestro Juan venía por una serie de razones que le ponían nervioso, que le llevaban a tartamudear, a no acabar de tener relaciones sexuales ni buscar alternativas ante esta situación tras veinte años de casado, a no poder poner límite a los compromisos laborales…, es decir, Juan presentaba una serie de problemáticas que en principio están en él y sólo en él. Él es quien viene, él es quien tartamudea, quien no puede dejar el trabajo para mañana, quien… Ante esta situación la mayoría de las escuelas psicológicas proponen la intervención considerando que el problema se sitúa en su mente. La comprensión es la del aparato psíquico individual. Y dentro de esta comprensión puedo actuar considerando que determinadas intervenciones le posibilitarían superar alguno o todos estos problemas. Y la forma cómo interviene el profesional puede o no considerar que son importantes algunas o todas las actitudes que Rogers señala ante cualquier intervención profesional. Pero siempre y en cualquier caso el problema se ubica dentro de la mente de Juan. Y el objetivo, si pienso en el término psicoterapia, es el de modificar ese aparato psíquico que considero individual.

Para alguna otra propuesta teórica se subraya que el problema, aunque lo porte Juan, aunque sea él quien lo sufre más directamente y quien padezca (por esto le llaman paciente asignado), el problema proviene del contexto en el que vive. Puede ser que sea debido a que en su familia de origen hayan “depositado” de forma involuntaria, claro, una particular tensión en Juan que le lleva a funcionar de esta manera, o que el tipo de relación que ha establecido con su pareja le lleva a sentirse en una posición secundaria en la que el supuesto respeto ante el problema que le plantea acaba constituyendo una forma de vivir que acaba constituyendo el motivo de consulta. En este caso, atender a la estructura supone desplazar la problemática desde la cabeza de la persona a la relación con su pareja, por ejemplo. Ahora bien, en ambos casos, el profesional trabaja con el material que está sobre la mesa. Y si le salpica, considerará cómo interviene de manera que lo que le “mancha” no afecte a la intervención que realiza. El objetivo, si lo considero desde la visión psicoterapéutica, será modificar la estructura psíquica de las relaciones intervinientes en el grupo familiar con el que trabajo.

Una tercera propuesta que es en la que me ubico y desde la que os propongo que pensemos las cosas, supone considerar que ese problema que le lleva a Juan ponerse en contacto conmigo, en realidad es la expresión de una forma de hacer y de relacionarse que se evidenciará en la relación que establece en el aquí y ahora de la sesión asistencial. Supone que considero la interdependencia vinculante que se va a ir estableciéndose de forma progresiva entre los dos va a quedar determinada por la forma con la que Juan va por la vida; y por la forma con la que voy como profesional y que activa en mí determinadas conductas, pensamientos, afectos que nacen, surgen, se activan, se organizan en esta interdependencia vinculante. Entonces, y desde este ángulo, trabajaremos (primera persona del plural) por ir aclarando qué elementos van condicionando y van constituyendo nuestra relación. El objetivo psicoterapéutico es el de modificar la estructura psíquica que se recrea en el cuadro de interdependencias vinculantes que nos unen para que, a su vez, se modifique la estructura psíquica del grupo familiar y la estructura psíquica de Juan.

Y como Orientador, la tarea de acompañamiento va orientada a colocar a Juan en un estado que, desde la posición en la que cada uno de nosotros trabajamos, pueda abordar la modificación del esquema psíquico que nosotros consideramos correcto. Esto, en el caso en el que me encuentro, representa que soy psicólogo, o soy grupoanalista, o soy…; ya que a lo largo de las veinticuatro horas de mi existencia trabajo y veo el mundo y las relaciones desde la perspectiva en la que me ubico, no generando una disociación entre mi actividad profesional y la familiar, deportiva, lúdica, creativa… porque como ya dijera Lewin, todo está conectado e interrelacionado.

Dr. Sunyer

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