Mi cuaderno de bitácora del 7 de octubre del 2008. Motivos y vínculos

Mi cuaderno de bitácora del 7 de octubre del 2008.

Motivos y vínculos.

No sé muy bien por dónde empezar. Cuando uno de vosotros me preguntó sobre si cuando abría las posibilidades de hablar de temas lo hacía en serio o en broma, noté como una gran curiosidad que se debatía entre el qué es lo que le preocupará y hasta dónde podré ayudarle en el contexto en el que estamos. Pero en esta misma curiosidad había como una confianza en que seríamos capaces de encajar lo que le preocupaba con lo que nos preocupa. Y fijaros cómo algo que podría asustarnos es reconvertido en algo que nos permite pensar, repensar, darle vueltas a cosas… Magnífica pregunta que venía tras la preocupación real al ver lo que sucedía a un paciente que presentaba un delirio determinado y vivía en una residencia desde hacía tiempo.

Cuando uno se encuentra en su despacho a la espera de un paciente desconocido, o cuando te asomas a la sala de espera y preguntas por fulano de tal, no sabes nada de él. No tienes ni idea de por dónde van a ir los tiros. Qué le preocupa, qué le atormenta, qué quiere de ti, cómo vas a poder echarle un cable, cómo… preguntas no muy diferentes a las que asomaban en mi cabeza cuando esta persona, a la que agradezco la confianza manifestada, me preguntaba si era cierto o no que podíamos hablar de lo que quisiéramos. Pregunta uno: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a oír cualquier cosa que nos quiera contar el paciente? Pregunta dos: ¿hasta qué punto ese espacio profesional que construimos con los pacientes dispone de la libertad necesaria para que pueda hablarse de cualquier tema?

Nuestro amigo trajo un tema profesional. ¿Y si hubiera traído un tema político, deportivo, económico, religioso…? ¿Hasta qué punto aceptaríamos hablar de estos temas? ¿Cómo los articularíamos con las razones por las que estamos aquí? ¿Cómo haríamos con un paciente si trae estas preocupaciones que en principio parece que no encajan en la clínica? Hay una cosa que me parece súper evidente: si sospecháis que hay un tema que le preocupa, sacadlo. No lo evitéis. En este sentido, por ejemplo, abordar la problemática de los libros que al parecer no están, es una problemática que tenemos sobre la mesa. Hay parte de mi responsabilidad en ello. Soy responsable subsidiario de esa dificultad y por esto mañana traeré algunos ejemplares que sirvan para paliar la deficiencia. Situándonos en el contexto laboral: si consideráis que hay algo que puede estar interfiriendo en la relación y que de alguna forma seáis como responsables subsidiarios, afrontadlo. Si por ejemplo, por razones de descoordinación de agendas, un paciente debe esperar más de lo supuestamente aceptable (cinco minutos), debéis sacar a colación el tema y disculparos. Eso os beneficia y contribuye a que la relación sea algo más fluida.

El tema era una preocupación ya que el motivo por el que tal paciente estaba ingresado permanecía activo: era un elemento delirante. Y con este tema, nos metimos en harina. E invitamos a Juan a venir, y con la ayuda de otra compañera y la vuestra, fuimos construyendo a Juan. Y ese Juan resultó ir siendo una persona cargada de circunstancias que en cierto modo le atosigaban. Y para poder soportar y sostener tal carga había construido una teoría delirante con la que podía seguir viviendo. Y alguien preguntó más o menos: no entiendo, ¿qué pinta todo este conjunto de cosas para comprender el caso?

Podemos pensar en la teoría del trauma. Ésta vendría a decir que el cachorro humano, a lo largo de su evolución va sufriendo una serie de impactos provenientes del entorno y de sus relaciones con los demás que en algunos casos, le generan un “moratón psíquico”. A ese moratón le llamamos trauma. Entonces, y desde este planteamiento, la función del psicólogo, del orientador, sería la de aliviar ese moratón, aportarle las curas pertinentes para que ese golpe deje de dolerle. Por ejemplo, una pareja a la que se la ha muerto el hijo de seis años, cinco de los cuales han estado batallando por ayudarle a sobrevivir dada una alteración importante que presentaba en su sistema alimenticio. Una vez superada la alteración, emerge una leucemia que le lleva a la tumba en breves semanas. Aquí hay un moratón gordo. Y desde esta perspectiva que he compartido durante muchos años, a esta pareja se le puede ayudar mediante una asistencia psicológica que les permita superar ese dolor, ir como eliminando las consecuencias del batacazo que esto les ha supuesto y, a partir de ahí, la vida sigue.

Pero también podríamos pensar que no sólo la teoría del trauma es la que se presenta ante esta situación. Podríamos pensar que las vivencias que han ido teniendo a lo largo de, al menos, esos seis años, han configurado a la pareja y a cada uno de sus componentes, de una manera tal que les puede resultar difícil el seguir estando juntos. Esa reconfiguración que deriva de la experiencia dura, durísima, de estar acompañando a lo largo de seis años a su hijo y, que cuando comenzaba a ir mejor se le presenta la Leucemia y se lo lleva, es experiencia les ha enfrentado a una serie de vivencias que les coloca a cada uno respecto al otro, a los demás, a la vida, a la familia, al trabajo, de una manera absolutamente diferente a la que tenían antes de esta historia. Esa configuración es como la forma que adoptan los cristales del caleidoscopio cuando lo giramos de una manera. ¿Cómo reconfigurar a la pareja de forma que la experiencia sea enriquecedora para cada uno y para los que con ellos se relacionan? Esta es otra teoría que os propongo considerar.

Cuando construimos entre todos a Juan, cada uno fue aportando un aspecto personal (el bolso, la cartera, la carpeta…) de forma que Juan no sólo era Juan sino que entre él y cada uno de nosotros había un vínculo (yo y mi cartera) que me ataban a él. Eso significa que las personas nos constituimos a través no sólo de lo que adoptamos de los demás, sino que en esa adopción se establecen unos lazos que determinan lo que denomino “interdependencias vinculantes”. No somos seres aislados sino miembros de un tejido dinámico. Lo que afecta a un punto de este tejido, afecta a todo él, en mayor o menor proporción e intensidad dependiendo del lazo vinculante con el que estamos atrapados. De esta suerte, patología y salud no son elementos individuales sino colectivos.

Nuestro paciente delirante que había tenido que cobijarse bajo la capa de un delirio para poder sobrevivir, había conseguido construir una familia alternativa (el centro asistencial) que constituía la red de interdependencias vinculantes normogénicas dado que aquellas a las que había estado sujeto, se rompieron. Así llegó, seguramente, a la residencia.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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