Mi cuaderno de Bitácora del Seminario, curso 2007-8, Intervención uno

Mi cuaderno de bitácora del seminario curso 2007¬-8
Intervención uno
Hoy fue una presentación muy interesante. Provenía de la experiencia de prácticas que estáis teniendo. El interés provenía de varios puntos cardinales. Del Norte, porque buscáis una especie de estrella polar que os guíe ante la complejidad de los casos que se os van presentando. Del Sur, porque estoy empeñado en señalar cosas que existen, aunque no las veáis. Del Este porque cuando emerge el psicólogo en potencia que sois, se os abre un abanico inmenso de posibilidades que se irán como adaptando a las necesidades del terreno en el que os movéis. Y finalmente del Oeste, porque es el lugar en el que muchos de los profesionales con los que estáis parecen haber llegado e instalado: el ocaso de la psicología.
El Norte que veis con facilidad y que muchos se empeñan en deciros que es el único que existe, se llama Diagnóstico. Lo decís con vuestras propias palabras “si no se diagnostica, ¿cómo se trata?” Entiendo que en la porción de experiencia clínica que os toca vivir el diagnóstico tiene su importancia. Pero tengo mis dudas sobre el tamaño de esa importancia. Ya lo he dicho en otros muchos lugares, a pesar de que os cueste entenderlo: trabajamos con personas, no con diagnósticos. Éste proceso de etiquetaje tiene su importancia, ciertamente. Nos es útil para cuando uno remite un caso a otro, para cuando hacemos estadísticas, para guiar al galeno al prescribir una medicación, para chulearnos un rato y para dar una pseudo identidad a alguien que parece que en ocasiones la ha perdido. Pero poco sirve para conocer al sujeto. Acabamos, podemos acabar confundiendo al sujeto con su etiqueta. Entiendo que en muchas ocasiones entramos en una especie de competición con el psiquiatra, competición que tenemos perdida de entrada porque nunca seremos psiquiatras. Podremos ser pseudopsiquiatras, ayudantes del psiquiatra, psiquiatras menores. Pero nunca psiquiatras ya que éstos son desde su inicio licenciados en medicina lo que conlleva una comprensión totalmente diferente del ser humano, una visión que es básicamente biológica. Nosotros somos licenciados en psicología, por lo que mejor comenzamos la casa por otro lado. Deberemos comenzar a pensar en nuestra identidad desde otro lado, también.
El caso que nos presentaba nuestra compañera hablaba de muerte desde su inicio. Alguien que ve morir a su hermana y en un plazo menor al año, a su madre de accidente de tráfico. Pregunta, ¿cómo nos sentiríamos en su lugar? ¿Cómo si esto nos sucede a los catorce años de nuestra vida, en pleno desarrollo y con todas las potencialidades ahí dispuestas a organizarse? Podríamos pensar que supone un mazazo en nuestra vida. ¿Alguien está preparado para digerir eso? Es decir, ojo cuando decimos aquello de “no supo afrontar la muerte de su hermana y madre”. Aquí la palabra “supo”, presupone cosas que no creo que estén en nuestro bagaje; y menos a los 14 años.
A partir de ahí todo un rosario de hechos: ingestas de alcohol, intentos de suicidio, entrada en el mundo del consumo de drogas… no hace falta ser muy psi para pensar en una relación causa efecto, ¿verdad? Luego consigue conocer una chica con la que parece que algo de proyecto es capaz de pergeñar. Pero su familia se opone, es decir, su padre porque es la única familia que le queda. A pesar de todo, se casa y tiene un hijo; pero… ¿cómo lleva la oposición para que al final y a pesar de tener un hijo, se divorcie? Y, para acabar de cerrar el círculo, se muere el padre. Este hombre, joven aún, se ha quedado sin familia, sin nada. Ahora podemos diagnosticarlo de “esquizoafectivo”, vale, de acuerdo, los síntomas nos remiten ahí, pero… ¿alguien le ha comprendido?
Mirad, entiendo que soy un pesado, pero no puedo evitarlo. No tengo la más mínima duda de que este muchacho necesita ayuda farmacológica. No sólo por los niveles de ansiedad sino por algunos trastornos ligeros que presenta a nivel perceptivo. Y una cierta compulsividad y todo el tema del alcohol y las drogas. Vale. A partir de aquí, ¿qué hacemos como psicólogos?
Creo que tendríamos que reflexionar muy mucho sobre estas cosas; aunque me temo que, como dice mi buen amigo García Badaracco, los primeros que no creemos en la salud somos los profesionales de la misma. Y con él coincido bastante.
Dr. Sunyer

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