Mi cuaderno de Bitácora del 10 de febrero del 2008. Construyendo identidades, 28

Mi cuaderno de bitácora, del 10 de febrero de 2008

Construyendo identidades, 28

Hoy es uno estos días en la vida en la que se te plantean un montón de cosas. Creo que tiene que ver con que en breve reiniciamos el curso, reiniciamos las clases y dejamos atrás un montón de experiencias en el contexto de la asignatura que teníamos entre manos. También guarda relación con que varios pacientes han dejado o interrumpido su proceso y eso, aunque a Uds., les cueste entender, hace mella en uno. Y coincide con que estoy releyendo los cuadernos de bitácora y en ellos constato muchas de las cosas que hemos ido viviendo. Es decir, parece que se reúnen aspectos que tienen que ver con la despedida y los afectos que ella provoca en el profesional. Pero, me dirán muchos de Uds., si son profesionales ¿no es signo de patología del profesional el que sienta estas cosas? Bueno, la respuesta no me parece sencilla. Veamos por qué.
No vivimos en el vacío, sino que estamos permanentemente en una trama compleja de relaciones que, como en otras ocasiones he señalado, son interdependencias vinculantes. Y como consecuencia de ellas, cada individuo está atrapado en una multiplicidad de lazos que le vinculan con múltiples aspectos de cada una de las personas con las que establece una relación. Estos lazos le constituyen en el sentido de que su intensidad variable, su colorido afectivo, su significación, el grado de utilidad constructiva o destructiva que cada lazo contiene, deforman, por decirlo de forma plástica, al sujeto. Pero, además, como estos lazos tienen doble dirección, también deforman a las personas con las que el individuo está vinculado y a la propia red de relaciones en la que uno quedó ligado. En ese juego, pues, se establecen las relaciones de interdependencia vinculante que cada uno de nosotros tiene para con los demás. Cuando aparece una modificación en las diversas líneas de entrelazamiento, esa modificación afecta a las personas entre sí vinculadas. Esta afectación viene expresada mediante afectos.
En las relaciones asistenciales, docentes, etc., aparecen estos lazos y su intensidad depende de varios factores. Por un lado, de la frecuencia de los encuentros y si en éstos se abordan temas cercanos, íntimos (lo que nos llevaría a una mayor cercanía) o temas más impersonales. Pero también la significación que la otra persona tiene para cada cual, los elementos que facilitan el hallazgo de similitudes, complicidades, semejanzas; también si las características del otro facilitan que otras personas con las que he tenido o tengo relación queden encabalgadas en aspectos de la que estoy estableciendo. Esto hace que cuando alguien se relaciona con otra persona y esa relación se modifica (como es el caso cuando un paciente deja de asistir a su tratamiento, o cuando los alumnos acaban una asignatura), todos esos lazos que le o les unen a un profesor, a un profesional, se modifiquen, debiliten o incluso se rompan totalmente. Y eso, repercute en el profesor o en el profesional. Y es en estas circunstancias cuando aparecen algunos objetos, como puede ser en este caso los cuadernos de bitácora o en otros, algún regalo que en ocasiones hacen los pacientes, que tienen una función vinculante particular. Son los denominados por Vamik Volkan, objetos vinculantes, es decir, objetos que tienen una particular significación y que al estar relacionados con la pérdida de una relación adquieren un poder vinculante con la persona que se fue.
Estos objetos vinculantes van perdiendo, con el tiempo, el aroma de la o las personas a las que hacen referencia. Cuando esto sucede podemos dejarlos, abandonarlos, porque ya no nos vinculan con aquella persona o situación. Pero en ocasiones no somos capaces de retirarlos porque el aroma persiste: persiste porque hay una cierta mitificación del recuerdo y una importante dificultad para poder seguir en la brecha de la vida aceptando la pérdida que hubo. Y es en estos casos cuando emerge lo que podríamos llamar duelo patológico. Y ahí sí que es un problema.
En cualquier caso, ese diario es una forma activa de mantener una relación pero ya no y solamente con los que habéis pasado por el espacio lectivo, sino con aquellos otros que siguen en contacto y, lo que quizás es más importante, con los que en un futuro puedo contactar.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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