Mi cuaderno de Bitácora del 8 de enero del 2008. Construyendo identidades, 25

Mi cuaderno de bitácora del 8 de enero de 2008

Construyendo identidades, 25

Bueno, ya estábamos la mayoría en clase. Hoy se iniciaba con meros trámites, las valoraciones de la atmósfera y las que propone la facultad. Y como teníamos tiempo de sobras creí oportuno aclarar dudas y luego ponernos a trabajar un pelín.
Dudas no había muchas. Sí las ganas de controlar el partido de forma que sólo hubieran valoraciones favorables. Pero como en todo en la vida hay que asumir que hay unas normas que son las que nos permiten estructurarnos. Y es que precisamente gracias a ellas los humanos podemos organizar el mundo en el que nos encontramos. Provienen de tiempos remotos, de cuando los humanos comenzábamos a utilizar sistemas primitivos de lenguaje que es un sistema, una convención social mediante la que atribuimos a cada cosa un significado, y mediante el que podemos aprehender la realidad. Las normas, el “no” que aparece en el desarrollo del niño y que sirve para posicionarse frente al otro, suponen marcar el terreno del juego dentro del cual tocar la pelota con la mano es penalti. Y es el que posibilita que los profesionales podamos ver qué significados tienen las cosas que aparecen en una relación.
Os decía que el compromiso del profesional acaba en el momento en el que despide al paciente y le dice algo así como “hasta siempre” o “ya sabe dónde estoy” o “le deseo lo mejor” o incluso “ha sido un placer trabajar con Ud.” Hasta este momento nuestras intervenciones deben seguir siendo profesionales. Lo cual no es fácil. Cuando uno se aproxima al final de un período, cuando uno ve que la finalización que va a llegar pero no llega todavía, cuando uno se encuentra ante la cercanía inmediata de una separación, lo pasa mal. Los niveles de ansiedad se incrementan porque transitamos mal por esta zona caliente. Y nos entran prisas que, como señala el refrán, “nunca son buenas compañeras”. Y no lo son porque esa misma ansiedad eleva los niveles de malestar, y del malestar pasamos al engorro, y de éste al enfado y finalmente al cabreo. Por esta razón debemos también aprender a transitar por estas zonas complejas de la interdependencia humana. Las modificaciones de las interdependencias e incluso la finalización de una de ellas nos despierta ansiedades que se asemejan o nos recuerdan a lo que va a ser nuestra separación definitiva: la muerte. Y os decía que el ser humano transita desde una total fusión con la madre hasta la total independencia de todo lo que le rodea que es el momento de morir. Y este pasaje que en la mayoría de los casos tiene una duración de muchos años, y que parece que como no deseamos que llegue nunca tratamos de prolongar la vida hasta límites en ocasiones obscenos y escandalosos, este pasaje tiene numerosos anticipos que también tenemos que poder transitar. Y en especial nosotros, los profesionales.
Os decía también que en estos momentos del calendario, Enero, han pasado las Navidades, se ha empezado un nuevo año, lo que en términos económicos llamamos la “cuesta de enero” se corresponde a otra cuesta: la de reemprender proyectos que se paralizaron en su momento, la de asumir que hay cosas que tienen sus plazos…, y en ocasiones tanto los pacientes (que están en su derecho) como nosotros (que no sé si lo tenemos tanto); es una cuesta arriba que, como decía mi abuelo “cuestas arriba te quiero burro, que cuestas abajo yo me las subo”. Aquí nos precisan. Y ¿para qué? Pues para subirla, para poder ver qué es lo que se está negociando en este esfuerzo. Para ver qué elementos inciden que parece que nos hacen más difícil la vida.
En la vida parece que hay numerosos momentos en los que nos entra la pájara. Esta sensación que hace que el deportista no rinda, no encuentre fuerzas; es más, comienza a pensar que no vale la pena seguir, que ya no le ve el sentido a seguir peleando por lo que en un momento creyó. Eso nos pasa en muchos terrenos. En la vida de pareja veréis muchos matrimonios que creen que es mejor romper la baraja, tirar por la borda los años de esfuerzos y de ilusiones. Les entró la pájara. Son momentos duros que también aparecen en los tratamientos psicológicos. Nos entra la pájara y tenemos la tentación de tirar la toalla. Y en ocasiones la tiramos. Y sólo cuando somos capaces de no hacerlo, sólo cuando somos capaces de superarla, es cuando comenzamos a ver el sentido de aquello que empezamos.
Y cuando llega la separación, debemos aprender a hacerlo. Una manera es dar patadas, devaluar lo que hicimos, acusar al otro de lo que sea. Es una manera que parece que trata de evitar transitar por la zona de dolor y amargura que toda separación tiene. Pero hay otra: la de cuando se pueda, ir reconociendo aquello que hemos aprendido. Aquello de lo que nos ha sido útil el otro. Aquello que, independientemente de nuestros errores, que los hay, nos proporcionó un montón de aprendizajes. Esto es lo importante. Y ahí llegaremos inevitablemente nosotros, dentro de una semana.

Dr. Sunyer

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