Mi cuaderno de Bitácora del 28 de noviembre del 2007. Construyendo Identidades 20

Mi cuaderno de Bitácora del 28 de noviembre de 2007

Construyendo identidades, 20

Bueno, hoy fue un día diferente. Costó llegar, todo un grupo llegó cuando ya habíamos empezado la sesión. ¿Qué estará pasando y qué estarán diciéndonos estos movimientos y estas tardanzas? Y ya habíamos comenzado a trabajar con el elemento verbal. Ahí estaban las diferentes parejas que se iban animando a salir para ir realizando los ejercicios que solicitaba. Y ¿qué hacíamos? Pues tratábamos de comunicarnos fuera de los cánones habituales de comunicación verbal. EL juego entre nosotros duró más de media hora y podíamos ver cómo cada uno iba tratando de expresar algo al otro, cómo éste le entendía o no, cómo reaccionaba, cómo se entrelazaban… Y junto a este juego había otro, ¿quién quiere salir? Serias oposiciones convertían en ocasiones las esperas en momentos cargados de tensión, de enfados contenidos, de intentos de borrarse del mapa para que nadie les viera…, ¿qué nos estarán diciendo estos movimientos?

Pudimos observar en vivo y en directo cómo las condiciones ambientales condicionan la comunicación. Como la distancia, el cruce de la mirada, el tipo de sonido que es empleaba, su ritmo, etc., cómo todo esto iba dando formas diferentes a las relaciones que se establecían. Varias cosas me resultaron muy enriquecedoras. Por ejemplo la reflexión que apareció respecto a la distancia y al poder de atrapar que tiene la mirada. Cómo es en el cruce de miradas donde se realiza el encuentro con el otro de forma que en ocasiones podemos sentirnos suficientemente interconectados con el otro, y cómo en ocasiones esta interconexión debe ser compensada con la capacidad de distanciarnos lo suficiente como para poder pensar.

Me mantuve menos participante que otros días. Creo que ya estamos en un momento en el que debo dejar tanto control por mi parte y dejar que sean los propios alumnos quienes vayan asumiendo su parte de responsabilidad. Tenemos ya conocimientos, establecidos determinados niveles de fiabilidad y confianza como para que podamos navegar sin la supervisión constante del conductor. Ah, amigos, pero esto no parece fácil. Por un lado hay una idea presente que atribuye la responsabilidad a unos pocos, lo que es un nefasto pensamiento. Nefasto porque por un lado los que se sienten más responsables pueden comenzar a sentir cansancio y, en consecuencia, enfado; y por otro porque al delegar no acabamos de asumir la parte alícuota de responsabilidad. Por esto entra el frío en el aula. Por esta razón hay quienes precisan hablar entre sí, como haciendo un apartado, fragmentando la responsabilidad que es de todos. Y por esto también hay quien se enfada y dentro del enfado decide irse mentalmente a otros lares. Y si esto se traslada a la clínica…

Ya estamos en momentos de coger el toro por los cuernos. Y en esto estamos implicados todos.

Dr. Sunyer

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