Mi cuaderno de Bitácora del 20 de noviembre del 2007. Construyendo Identidades 17

Mi cuaderno de Bitácora del 20 de noviembre de 2007

Construyendo identidades, 17

Hoy tuvimos la sesión posterior a nuestra entrevista con Juan C. Tuve la impresión de que eran muchas las expectativas que se ponían siendo consciente de que no quería responder a ellas. Posiblemente ahí estaba el silencio que se escuchó al inicio del gran grupo. Aquí los actores sois vosotros y no yo.

Tras ese ratito silencioso una voz hizo un pequeño pero interesante resumen de lo sucedido el pasado miércoles. Y entre las cosas que apuntaba me pareció significativo la indicación de cómo nos inoculó un determinado estado anímico y también el subrayar el que fuese él quien marcase el ritmo de la sesión. Luego aparecieron otros comentarios que hablaban de contagio, de quererlo frenar, de buscar la idea clave que le permitiera abrir los ojos, y la sensación de descoloque que suponen las propuestas que aparecen en el aula con las que surgen de otros espacios académicos.

Pensando sobre todo ello emergió la idea de si debiéramos haberle ofrecido otra alternativa a la que le dimos, si en vez de ponernos en la posición de freno nos hubiésemos colocado en la contraria, en la que pedía él. Eso volvió a levantar algunas ampollas en relación a lo que durante varios años venís oyendo y lo que aparece en nuestros espacios.

Evidentemente Juan nos propuso un estilo de relación. Juan, como todo aquel que viene buscando ayuda, propone una forma de relación frente a la que los profesionales parece que proponemos otra. Lo que sucede es más complejo. Tengo la convicción de que los profesionales básicamente ofrecemos dos cosas: por un lado un marco de trabajo que viene definido por unos horarios, un espacio determinado, un ritmo que ha quedado establecido. Y por otro una determinada manera y capacidad para elaborar las cosas que suceden en el espacio de la consulta de forma que no sea la que necesariamente todo el mundo le propone. Esta manera y capacidad para elaborar las cosas provienen de nuestro bagaje personal, de nuestros estudios y procesos de elaboración teórica, y de nuestra experiencia asistencial.

El bagaje personal es el que cada uno va acopiando a lo largo de la vida, de sus relaciones con los demás, con los diversos grupos y grupos en los que se va desarrollando, con las cosas que la vida le propone y que le obligan a irse adaptando de una u otra forma con el fin de poder seguir su periplo vital. El bagaje que procede de nuestros estudios y procesos de elaboración teórica viene de lo que hemos estudiado, de nuestra profesión (psicólogos, psiquiatras, asistencia social, monitores de tiempo libre, enfermería…) que ha conformado nuestra mente de una manera especial para cada caso, y de los diversos espacios que nos vamos dando a lo largo de nuestra vida profesional para poder ir profundizando y aprendiendo de lo que hacemos y de lo que otros hacen. Y la experiencia profesional viene del lidiar con todo tipo de pacientes, de castas muy diversas, de tonalidades afectivas variadas que hacen mella en nosotros constituyéndonos en eso, en profesionales. Con todo eso atendemos a Juan, por ejemplo.

Y hay muchos Juanes, claro. Unos son depresivos, otros maniformes, otros coléricos y otros sumisos…, y con todos y cada uno de ellos el profesional debe adaptarse, debe incluirse en sus coordenadas con el fin de poder comprender los procesos que se dan en él, las maneras con las que se relaciona, las formas de expresar sus enfados y sus contrariedades, las maneras de informar de sus miedos, de… Y con esas diversas formas los profesionales tenemos que hacernos y cabalgar al ritmo que el otro propone. Y una vez estamos en su misma tesitura, una vez somos capaces de transmitirle que estamos en su carreta, en su manera de ver lo que ve, entonces es cuando podemos comenzar a instalar algunas propuestas de modificación, de alternativas de pensamiento, de aclaración de sus afectos y de sus sentimientos. Y dado que todo el mundo reacciona a la contra nosotros debemos ofrecerle otra posibilidad, otra experiencia. Tal vez dicha experiencia sea la de cabalgar a su ritmo, a su son.

Alguien indicaba que si Juan hubiera sido depresivo entonces lo propio hubiera sido “deprimirnos” con él. Y al hacerlo no aumentamos su depresión. No tenemos tanto poder. Al hacerlo lo que transmitimos, si somos honestos y sinceros, es que estamos en su barco, en su manera de ver lo que ve, que no le juzgamos, que no le proponemos ninguna otra alternativa si ésta no sale de él. Sólo cuando sabe que estamos con él, que no estamos a la contra, que no queremos moldearlo a nuestra imagen y semejanza, sólo en estas circunstancias es cuando podrá empezar a proponerse cambios para así salir de la situación en la que se encuentra.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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