Mi cuaderno de Bitácora del 31 de octubre del 2007. Construyendo Identidades 14

Mi cuaderno de bitácora del 31 de octubre de 2007

Construyendo identidades, 14.

Fue una muy buena sesión, la de hoy. La propuesta de entrevistas en las que se pedía que, siguiendo lo que en el texto aparece como ser inmediatos, genuinos, no partir de premisas previas, abandonar patrones preconcebidos…, todo esto posibilitó que aparecieran ideas riquísimas en torno a la relación asistencial y a posibilitar una serie de reflexiones sobre qué se pide en esta asignatura, en esta clase y hasta dónde estoy dispuesto a entrar. Muy rico.

Soy un convencido de que las experiencias exclusivamente académicas, en lo que se refiere a la formación de todo profesional que va a establecer una relación cercana e íntima con el paciente, son inútiles. Seguramente lo pudiera hacer extensivo a otros ámbitos de la formación académica, pero prefiero limitarme al terreno que conozco. La formación de un psicólogo debe incluir un abanico de experiencias entre las que las personales son las más significativas. Porque no se trata de saber qué aspectos teóricos emergen ante tal o cual situación. Se trata de conocer y experimentar cómo se movilizan los afectos, cómo se activan los miedos, qué miedos son esos e ir desarrollando mecanismos personales que nos permitan comprender a nuestros pacientes. No somos un ramillete de teorías más o menos sabidas, sino personas que en una interrelación con otras personas vamos a tener que ir desarrollando capacidades frente a lo que esas personas nos susciten.

Desde una posición que comienzo a calificar de Romántica, se considera que somos profesionales con unos recursos teóricos e incluso técnicos incidimos sobre determinados aspectos del paciente con el resultado de su “curación”. En esta visión el paciente tiene un algo “enfermo” o “defectuoso” o “mal desarrollado” y nosotros, desde una posición sabia, actuamos para ayudarle a resolver e incluso resolver nosotros ese algo. Desde otra posición no precisamente Romántica, nosotros somos una personas que disponemos de unos recursos personales amén de unos aspectos teóricos con los que desarrollamos unos encuentros con personas que sufren al no disponer de esos recursos personales; y en esos encuentros se nos activa todo un ramillete de emociones, sentimientos, afectos con los que vamos a poder facilitar el desarrollo de los recursos personales de los pacientes con los que trabajamos.

Desde una posición Romántica se considera que hay unas técnicas desarrolladas sesudamente por un numeroso grupo de profesionales, técnicas que han sido pulidas y contrastadas y que de su uso pertinente va a derivar un éxito profesional. Desde la otra posición sabemos que cualquier relación que se desarrolle entre paciente y profesional que posibilite la emergencia de afectos y emociones va a facilitar el desarrollo personal de ambas personas. No hay crecimiento o desarrollo terapéutico de ningún paciente que no pase por el del profesional que lo trata. Y de estas dos posiciones emerge todo lo que ha sucedido en la sesión de hoy.

La sorpresa de constatar que con un ejercicio aparentemente banal e inocente se puede entrar en numerosísimas zonas personales e íntimas de cualquier persona; que ante ello se levantan resistencias para que nadie entre ahí dado que existe el temor de que se nos pueda dañar; que para conocer a alguien no se precisa conocimientos previos de ella, sino tan sólo una vía de acceso a ella; que hay zonas que consideramos privadas y otras íntimas y que cuando alguien entra en algunas de ellas, nos pegamos un susto morrocotudo; que nadie se imagina de entrada que el profesional va a entrar en estas zonas al tiempo que nos asusta pensar que, efectivamente, podemos entrar ahí sin que ello conlleve necesariamente un daño; que no podemos dar por sentado el significado de las cosas y que por ello debemos indagar cuál es el que le da al paciente; que podemos y debemos permitirnos entrar partiendo de la idea de que si lo hacemos es para beneficio único y exclusivo del otro; que en ocasiones nos puede parecer que entrar en el otro nos puede generar una cierta incomodidad; que…

Y todo ello, amigos míos, no porque lo diga una teoría, un libro, un autor. Todo ello porque han sido capaces de experimentarlo y de pensar y rabiar por ello. Felicidades.

Un saludo,

Dr. Sunyer

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