Mi cuaderno de Bitácora del 24 de octubre del 2007. Construyendo Identidades 12

Mi cuaderno de Bitácora del 24 de octubre de 2007

Construyendo identidades, 12

Hoy entramos de lleno en el tema familiar, el genograma. Pero no uno teórico, sino el personal, el de cada uno. Y esto es diferente. Y en algunos casos, por lo que se escuchó, se hicieron pequeños descubrimientos. No se sabe qué sucedió en los que no se comentaron. Pero había una idea que me pareció sugerente: “se ha de hacer”. Si salió de varias personas como expresando una duda, un no saber hasta dónde, cuándo, cómo… Y les comenté que no existe ese libro de Petete en el que se nos dice todo, en el que están todas las respuestas. Cada uno debe ir descubriendo para qué lo hace, cuándo, cómo y con qué profundidad lo realiza. Sabiendo que es un trabajo a realizar con el otro; o los otros.

El genograma no es más que un mapa de los antecedentes familiares. Y ese mapa puede ser utilizado para enterarme de cosas o para que nos enteremos de cosas. En el primer caso el profesional parece que lo hace con finalidades más de anamnesis, mientras que en el segundo lo emplearíamos como un instrumento más con el que la pareja formada por profesional y paciente vayan descubriendo y ampliando el conocimiento de los antecedentes personales. Y hablando de ello. Y, como en todo, del grado de significación que le demos dependerá la importancia y la validez del elemento proyectivo. Y del elemento proyectado. Y ello derivará de cómo cada uno entiende eso que llamamos psicología. O estudio y tratado de la psique humana. Eso es, del hombre.

Si creo que la problemática con la que vienen las personas sólo anida y nace en el sujeto, el uso del genograma tiene fundamentalmente una lectura genética (biológicamente hablando) e incluso no sería necesaria hacerla. ¿Para qué? Esa depresión le pertenece, se debe a que no ha procesado o elaborado suficientemente bien determinados hechos, estímulos (lenguaje conductual), por lo que la intervención va a ir dirigida a ayudarle a mejorar esas cosas que en el mundo cerrado (homo clausus, diría Elias) de su universo personal, le suceden. Este es el enfoque de la mayoría de las corrientes psicológicas y psiquiátricas. Y sociales. La “depresión” se constituye en una entidad casi materializada a través de todo un cuadro psicopatológico, y como tal entidad se le considera. Desde ahí, tanto la intervención psicofarmacológica como toda aquella intervención psicológica tendente a mejorar el cuadro sintomático tienen una importancia relevante. Y en aquellos casos en los que se la considera como la expresión de un conflicto, éste se ubica fundamentalmente en el interior del individuo: el denominado mundo interno es el foro en el que se debaten una serie de fuerzas, tendencias, significados, y en el fragor de la batalla interna, el sujeto trata de ir sobreviviendo en la medida que puede. En estos casos, el trabajo se dirige a fortalecerlo con el fin de poder reestructurar el arco parlamentario interno y mejorar, en consecuencia, e incluso anular, las tensiones para que pueda hacer una vida normal.

Existen otras posiciones en las que la consideración es que la problemática se sitúa en lo que se denomina sistema familiar. En estos casos sí tiene más sentido confeccionar el genograma ya que del mismo podremos ir obteniendo una radiografía más exacta de las fuerzas que anidan en la familia, cómo se resuelven los conflictos, las alianzas que existen y qué nuevos equilibrios (es decir, qué nuevas distribuciones de las alianzas) se consiguen para que no se precise un cuadro depresivo como medio para mantener un equilibrio homeostático entre las diversas partes del sistema.

Pero mi posición que es la que les propongo, es diferente. Considerar que esa persona que presenta un cuadro depresivo en realidad expresa su poder en el cuadro de relaciones de una forma determinada. Esa posición no es genuina, no tiene el copy right del su estructura, sino que ésta ha venido siendo predeterminada por la familia en la que ha crecido y que, a su vez, proviene de las familias anteriores a las que están vinculadas. Esas características que hacen posible el etiquetaje depresivo han sido transmitidas por personas concretas en tanto que es con esas personas o con los recuerdos transmitidos por los progenitores de las mismas, con los que nuestro paciente se ha ido identificando. Y eso significa que ha ido adoptando, tácitamente, formas de funcionamiento, significados de las relaciones en los que, y a través de una determinada combinación de los mismos, se organiza un cuadro depresivo. En este ángulo, el genograma es un procedimiento para la investigación. Un método para facilitar la comprensión de las características (alias identificaciones) con las que cada uno de nosotros se ha ido constituyendo y ha sido también constituido. Y eso sólo es posible realizarlo a través de un trabajo de investigación con el paciente.

Luego hay otros genogramas. El profesional es uno de ellos. Todos nosotros hemos sido constituidos y nos hemos constituidos a través de una determinada red de relaciones interpersonales de índole profesional, de una concreta relación de textos, escritos, historias clínicas, que han ido forjando en nosotros esta serie de elementos que constituyen nuestra identidad profesional. De tal suerte que, de la misma manera que una persona ha ido constituyéndose en alguien depresivo, en nuestro caso nos hemos hecho psicólogos, por ejemplo. Ir conociendo este extremo, ir pudiendo entender los elementos con los que nos hemos hecho a nosotros mismos, nos facilita bastante saber del por qué hacemos esto y no aquello, por qué tenemos esta forma de entender la psicología del otro y qué hace que nuestros desarrollos sean unos y no otros.

Y de la misma manera que existen estos genogramas profesionales, los hay también de las corrientes de pensamiento psicológico. Éstas configuran líneas de poder, líneas que han colaborado también en hacernos de una o de otra forma, líneas que vienen sostenidas por personas concretas con las que mantenemos fidelidades y lealtades invisibles y que, en ocasiones, paralizan nuestras formas de ver el mundo. Y desde luego, lo determinan. Y esas líneas de poder también emergen en los centros de asistencia en los que estamos, en los centros Universitarios en los que aprendemos y enseñamos, en las organizaciones a las que pertenecemos o en las que trabajamos; en definitiva, que nosotros en tanto que profesionales y de la misma manera que los pacientes (y nosotros) en tanto que personas, estamos imbuidos de un conjunto de fuerzas que, de la misma manera que sucede con la gravedad, nos constituyen y con las que ejercemos nuestras presiones sobre los demás. Presiones que establecen líneas que determinan la vida de las personas en la sociedad.

Un saludo,

Dr. Sunyer.

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