Mi cuaderno de Bitácora del 2 de octubre del 2007. Construyendo Identidades 5

Mi cuaderno de bitácora del 2 de octubre del 2007

Construyendo identidades, 5

Estuvimos hablando de varias cosas. Y silenciando unas cuantas más. Y en al baile entre lo que se dice y lo que se calla aparece un tema que parece ser el definitorio de una relación asistencial: fiabilidad y confianza. Sólo un grupo apareció en escena como tal, hablando de lo que habían hablado en su “espacio familiar”, el grupo pequeño. Y nos dejaron en medio del espacio grupal estos temas: fiabilidad y confianza. ¿Hasta qué punto lo que digo es de fiar? ¿Hablo por hablar o para compartir algo? ¿O hablo para competir con otra opinión? ¿Cómo es el espacio que se crea entre el profesional y el paciente? Fíjense bien que queda definido por al menos estas dos coordenadas.

Fiabilidad viene definido por la Real Academia Española en su 23ava edición, como “cualidad de fiable”, “probabilidad de buen funcionamiento de algo”, siendo el significado de fiable “que es digna de confianza”, “que ofrece seguridad, buenos resultados”, “creíble, fidedigno, sin error”. Si trasladamos algo de estos significados al contexto de la clase, parece que la pregunta que depositábamos en el cuestionario bien puede ser desplazada a la realidad de nuestra relación en la que nos preguntamos sobre el buen funcionamiento de esta manera de trabajar, si es digno de confianza el profesor y los compañeros, si es creíble… Curiosamente la etimología (ahí en catalan y en castellano es la misma) lo vincula con Fidere, es decir, tener fe, siendo un término que aparece en nuestras lenguas sobre el año 1000. o sea que ha llovido.

Y por confianza, cuya raíz es la misma que la de fiabilidad, la RAE entiende “la esperanza firme que se tiene de alguien o de algo”, la “seguridad que alguien tiene en sí mismo”, “la presunción y vana opinión de sí mimo”, y “ánimo, aliento, vigor para obrar”. Creo que sin muchos estudios de psicología podremos deducir que estas cuestiones también están sobre la mesa.

La fiabilidad y la confianza no se establecen por decreto. Se precisa de un tiempo para que se instalen en la relación que mantienen las personas y por ende, la que mantenemos nosotros. Y precisamente porque se precisa tiempo no nos deberíamos agobiar por si en el grupo se habla o no. Estamos en un momento de inicio y hay que posibilitar que ambas variables se puedan instalar. No hay duda de que se instalan más fácilmente en el grupo pequeño, en el familiar, que en el grande. Creo que en esto somos todos iguales. Primero vamos estableciendo confianza con los que nos son próximos, luego por los que son algo más alejados. Y ello por varias razones algunas de las que Uds, bien señalaron.

Por ejemplo, alguien habló (por no poner nombres y respetar el anonimato) de “uno contra cincuenta” o mejorando la oferta, “seis contra cincuenta”. Aquí la palabra clave sería “contra”. En otro momento se dijo algo así como “defender opiniones o ideas”. La palabra clave es “defender”. Ante ello otra persona decía “uno con los cincuenta”. La palabra clave es otra vez esa preposición “con”. Aquí el lenguaje, las preposiciones, nos indican muy claramente la posición que se ocupa respecto al otro. ¿Cómo se pasa del contra al con”? Este es el primer eslabón del largo proceso que supone la “Orientación psicológica” así como cualquier otro proceso Psicoterapéutico. Y les diré algo más: cuanto más sufrimiento hay en el otro (léase persona, grupo, organización”, más tiempo vamos a necesitar para establecer mínimos niveles de fiabilidad y de confianza. Y ese tiempo va a precisar de nosotros que dispongamos de la capacidad para poder aceptar, tolerar, entender, digerir los fenómenos que se den para que esa confianza y fiabilidad se establezca. Eso significa que en la medida que podamos transmitir al otro, en la medida en la que sea capaz retransmitirles a Uds., en la medida que sean capaces de transmitirme esa fiabilidad, esa confianza, vamos a poder realizar un proceso que será lectivo en unos casos, en otros será psicoterapéutico, orientador… y conlleva que, en tanto que profesionales ante un paciente (léase de forma amplia) debemos poder estar y mantenernos en nuestra posición. Si una persona percibe que quien es el responsable de una intervención varía de criterio, de formas de comportarse, de maneras de pensar y actuar, entonces… ¿qué confianza me puede inspirar? El chaqueterismo déjenlo a los políticos, que se ganan su sustento jugando a como sí. Pero como profesionales de la psicología, mejor no. ¿Y eso que significa?

Que nuestra manera de ver las cosas, nuestra manera de entenderlas, la forma como procesamos los fenómenos que se nos presentan ante nuestros ojos en el trabajo profesional al que estamos comprometidos, todo esto es el resultado no sólo de lo que uno estudia y a través de lo que se forma (fíjense qué palabra más rica, forma), sino de las características con las que uno se ha ido haciendo a través de sus experiencias personales, familiares; de las que le han ido marcando a lo largo de la vida; de las que va pudiendo procesar, digerir e integrar, constituyendo una identidad compleja, dinámica e interactiva.

Por esta razón, en este proceso de construcción de la identidad de cada uno, la identidad profesional, la personal, precisamos asegurarnos de que los que están implicados en el mismo sean de nuestra confianza y nos generen fiabilidad. De lo contrario voy a paralizar el desarrollo de mi propia identidad y, como los autistas, acabaré encerrado en mi mundo (preservándolo de los ataques que vivo del exterior), e iniciando un proceso de patología importante y grave.

Bueno, les dejo por hoy. Mañana seguimos.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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