Mi cuaderno de Bitácora del 26 septiembre del 2007. Construyendo Identidades 4

Mi cuaderno de Bitácora del 26 septiembre del 2007

Construyendo Identidades, 4

Parece que algo de la identidad pasa por el nombre de cada cosa. Estuvieron, estuvimos, dándole vueltas a cómo nombrar algunas cosas. No parece que sea lo mismo dar consejo, aconsejar, que ayudar, orientar, hacer una psicoterapia o un psicoanálisis. Y tengo la impresión que en la diferencia hay algo de la posición relativa que ocupa el profesional respecto a quien acude para solventar algo. La pregunta podría ser ¿quién soy yo y quién es el otro? Sabiendo que en la respuesta no va a haber una exigencia estática: uno ocupa diversos papeles en la vida. Uno es padre, profesor, psicólogo, amigo, enemigo… y todos estos lugares representan una posición relativa de uno respecto al otro. Por ejemplo, si les trato de Ud., mi posición relativa es diferente a si les tuteo. Si aconsejo a alguien, la posición desde la que doy el consejo es diferente a la que ocuparía si le ayudo, o si le oriento. Y mucho más diferente a si establezco una relación terapéutica, psicoterapéutica, analítica o psicoanalítica. Y este lugar que ocupo determina también el lugar en el que ubico al otro.

Ocupar un lugar en el contexto social, familiar, profesional supone muchas cosas. Cierto que se puede jugar al chaqueteo, como hacen algunas personas. Cambiar de camisa en función de las circunstancias. Pero no creo que esto nos ayude. Cada vez estoy más convencido de la necesidad de ocupar un lugar y sentirse, incluso, orgulloso de ocuparlo. Otra cosa es la actitud con la que y desde la que ocupo ese lugar. Y en el momento en el que se encuentra nuestra cultura parece que está mal visto eso de ocupar un lugar. Confundiendo el lugar con el uso del mismo. Puedo ser un excelente consejero o un consejero que abusa de su posición. Y esto es ampliable a muchísimos aspectos de la vida. Y de la vida profesional, claro.

También hay un temor asociado a los nombres de las cosas. Cuando acuden los representantes de una Institución a que les ayude a resolver un problema que tienen en uno de sus departamentos, quienes acuden presentan un sufrimiento. ¿Asusta la palabra sufrimiento, aquí? Como si sufrir sólo significara algo de dolor físico. Pero existe el otro dolor, el psíquico. Dolor que deriva de ver la imposibilidad de poder acceder a lo que sería la resolución de un determinado o complejo número de problemas. Y esto significa, desde mi óptica, que la persona o el grupo de personas que acuden a mí, a pesar de los esfuerzos que han realizado los resultados no son lo suficientemente satisfactorios como para poder seguir evolucionando en la dirección que ellos desean. Desde esta perspectiva son pacientes. Es decir, padecen de algo. Ahora bien, escuché en alguno de los grupos de hoy que dicha palabra, paciente, conduce a una posición pasiva. Pero… ¿es ello posible? Entiendo lo que se dice, pero… ¿hasta donde estamos contaminados, en nuestro contexto cultural, de un lenguaje tan “aséptico”? Sí, entiendo que si tengo un cáncer de próstata parece como si yo fuese un ser pasivo que se ubica ante alguien activo, el cirujano. Pero no sé si la palabra pasivo es tan exacta. De entrada el cáncer no está pasivo: al contrario, evoluciona. Y ante su evolución debo intervenir para atajarla. Pero ni él está parado ni yo lo estoy: presiono al médico, me quejo, busco, me informo… ¿pasivo yo? Y en esta actividad mía altero y afecto la del galeno que me atiende. Le pido informes, que me lo explique, que tome una determinada dirección… ¿dónde ven la pasividad ahí? Ver al paciente como alguien activo representa una modificación de la identidad que le asignamos; independientemente de la que se adscriba a sí mismo. Pero… ¿me permiten escandalizarles un poco?
La idea de considerar al paciente pasivo puede bien provenir de una actitud un tanto cándida de la entidad humana. Supone considerar, por ejemplo, que hay un estado casi virginal desde el nacimiento que la sociedad, la familia, va “dañando”, como insertando en él una naturaleza no tan luminosa e inmaculada. El bebé como ser pasivo. Permítanme decirles que esto es, o a mí me lo parece, una visión cándida, inocente. Cuando un bebé llora porque tiene hambre ¿qué hace? No sólo manifestar un sufrimiento sino incidir en el entorno para conseguir que ese entorno, la madre en concreto, le suministre alimento. ¿Es un ser pasivo? Creo que no lo podemos considerar como tal. Es un flaco favor por pequeña que sea la criatura. Y ahora viene el punto escandaloso. ¿Podríamos pensar que el paciente está actuando sobre el entorno con el fin de conseguir alguna cosa? ¿Podríamos pensar que cualquier diagnóstico que se les ocurra es también, y subrayo el también, una manera de incidir para conseguir algún tipo de “beneficio” (entre comillas)? Si prescindo de aquellas problemáticas derivadas de daños neurológicos que en principio no han sido, digámoslo así, buscados a posta… si prescindo de las consecuencias de desarrollos anómalos del cerebro… si prescindo de aquellas alteraciones que tienen un claro y diáfano componente orgánico no buscado por o como consecuencia de una alteración exprofesa… ¿podríamos considerar que el resto de las alteraciones, las llamadas enfermedades mentales, son una consecuencia de y una reacción dirigida a alcanzar determinadas actuaciones del entorno en el que viven?

A partir de las aportaciones de Norbert Elias podemos comenzar a considerar que el ser humano forma parte de un entramado de relaciones en cuyo seno, en cuyo nivel más íntimo aparecen lo que denominaríamos relaciones de poder. ¿Podríamos considerar los movimientos de poder que realizamos continuamente respecto a nuestros semejantes, respecto a quienes nos rodean? ¿Podríamos considerar la enfermedad mental, los problemas en las organizaciones, los que emergen en las familias, como la expresión a veces dramática de las tensiones de poder que se cuecen en estos senos? Eso sucede también en el aula. Cuando en vez de ponernos a pensar con el otro nos situamos en el terreno de pensar contra el otro, estamos utilizando mecanismos de poder para posicionarnos en un lugar y no en otro respecto al otro. Al igual que con las definiciones de términos con las que iniciábamos el debate.

Creo que deberíamos poder seguir pensando sobre todo esto.

UN saludo

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