Mi cuaderno de Bitácora del 25 septiembre del 2007. Construyendo Identidades 3

Mi cuaderno de Bitácora del 25 septiembre del 2007
Construyendo identidades.

Bueno, fue nuestro primer día real. ¿Nervios? Pues sí, lógico y natural. Ahí estábamos todos distribuidos en grupos de a seis y luego puestos en un gran círculo. Faltaba gente a tenor de los que están matriculados, pero ya llegarán. Algo de lo que podrían aportar nos lo hemos perdido. El grupo clase, esta matriz de relaciones que está establecida pero que todavía no es totalmente visible, pierde cosas importantes cada vez que alguien no está. Entiendo que la frase “no soy imprescindible” es moneda corriente; pero no es enteramente cierta. En cualquier grupo humano, una organización, una familia, un grupo psicoterapéutico, una clase, un grupo de amigos…si no viene alguien o varias personas dejan de venir, quien pierde es el grupo que queda. Y aunque la palabra imprescindible parece que pesa mucho, la palabra necesario pesa igual. Todos somos necesarios para construir cualquier cosa entre los humanos. Otra cosa es que queramos prescindir de alguien.

Como era el primer día real me preguntaba al venir sobre cómo hacerlo. ¿Comenzaba como un grupo grande y luego nos subdividíamos? ¿Organizaba un juego entre vosotros para organizar grupos de forma más aleatoria? Al final opté por la fórmula que visteis. A medida que ibais viniendo os ibais colocando en un grupo. Y en ese contexto ya pasaron varias cosas. Cada grupo hablaba de temas diferentes. Unos parecían trabajar más que otros. Unos percibieron cosas en tanto que otros pusieron el acento en otros aspectos. La psicología tiene eso: cada profesional pone el acento en lo que puede, en lo que su formación le posibilitó, en lo que la sensibilidad del momento le aconseja. Y si considerásemos el tema de la identidad como el de mi sensibilidad actual, podríamos decir que cada grupo iba constituyendo una identidad particular. ¿Cómo se teje esa identidad grupal? Pregunta que os dejo a vosotros responder. Lo mismo sucede en las sesiones individuales, o de pareja u organizativas. Cada grupo desarrolla una identidad propia. ¿Qué elementos consideráis que la constituiría? ¿Existe realmente algo que pudiésemos denominar de identidad grupal, individual? Creo que sí, pero al tiempo me pregunto si es una fantasía.

Luego el grupo grande. Silencio relativo, comunicaciones telepáticas, comunicaciones en pequeño comité. Cada cual íbamos toreando nuestras ansiedades como podíamos. Unos movíamos el pie, otros concentrábamos la mirada en un punto del infinito, otros escribían todo lo que podían y más, otros…otros utilizasteis un método más operativo: hablar. Comunicar lo que ibais pensando. Y así comenzamos a tejer, a dibujar la matriz de relaciones del grupo grande. Bueno, en realidad comenzamos a verbalizar los hilos con los que dicha matriz está confeccionada. Y en el análisis de lo que iba pasando apuntasteis en varias direcciones a tener en cuenta:

El susto. Un primer ingrediente de toda relación interpersonal. ¿Cómo me oiré, cómo me oirán…? El susto es un importantísimo componente de nuestras relaciones. El susto ligado al miedo. A veces ese miedo se torna temor, y en otras pánico. El susto que uno tiene al entrar en una empresa nueva. El que tiene ante una entrevista. Ante algo de lo que no tiene ni idea de cómo va. Y ante ello buscamos en la bibliografía personal de cada uno. Alguien decía “en otras asignaturas…”. Es decir, en la experiencia no encontraba algo similar. Pero el hecho de buscar en nuestras bibliotecas personales es normal: todos tratamos de bucear en nuestra experiencia hasta encontrar algo que se asemeje a lo que estamos viviendo. Esto tiene las dos vertientes: la que facilita el encuentro con el otro y la que lo dificulta. Porque en la medida en la que tratamos de acomodar este encuentro a aquel que ya tuve, comenzamos a perdernos cosas de la novedad.

La posición circular. Nos ven y les vemos. ¡Buf! Muchas miradas convergen y eso asusta. ¿Cómo me ven? ¿Podré controlar lo que digo? ¿Me entenderán exactamente lo que quiero decir? ¿Digo exactamente lo que quiero o lo que puedo decir? Muchas preguntas que hablan del temor que deriva de la posición relativa en la que estoy. La identidad comienza a cuestionarse. Es como si ante las posibles consecuencias que derivarían de oír cosas distintas, planteamientos diferentes a los que tengo, constatar reacciones que no me imaginaba pudiera ver, generase en mí un cierto temor. Pero ¿a qué? ¿Esconderemos tras ello un temor a cambios en la identidad de cada uno? Es posible. ¿Sucede lo mismo en la clínica y en el mundo de las organizaciones? Posiblemente haya mucho de ello. De hecho, cuando un paciente percibe que hay cosas que debe cambiar es cuando entramos en una fase compleja en la que los riesgos de abandono son grandes. En las organizaciones sucede igual. Cuando uno debe cambiar formas de proceder…

Bueno, de momento lo dejo aquí.

Añado:

Una cosa sí pudo sorprender: no apareció nada de lo comentado en los espacios pequeños. ¿Por qué? No sabría señalar una causa, seguramente se mezclan muchas cosas. La novedad del grupazo, una y la principal. Y todo lo que hablamos ya daba suficiente como para seguir bastante más tiempo con el tema. Una causa que se me ocurre es la de preservar el espacio privado (el grupo pequeño) ante el susto que supone el grande. Como una especie de dicotomía: lo privado ahí, lo público, aquí. Puede ser. Y eso también tiene una traducción en la práctica profesional. Seguro que la ven. Anímense a encontrar el paralelismo.

UN saludo.

Dr. Sunyer

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