Mi diario de bitácora, XXIII, del 20 de diciembre de 2005: lo transferido

Mi cuaderno de Bitácora
Lo transferido.

Los humanos estamos hechos de manera que llevamos a cuestas todos aquellos aspectos que aprendemos desde nuestra más tierna infancia. Ese aprendizaje no es solamente un “registro” de datos al uso de un ordenador. Sino que quedamos moldeados por dichos aprendizajes de manera que, vayamos a donde vayamos, estas configuraciones de aspectos que nos constituyen se hacen evidentes y condiciona las relaciones que establecemos. En este moldeado, uno de los aspectos que tienen más relevancia es el de la estructura con la que el grupo familiar nos ha ido troquelando, ahormando. Lo que sucede, además, es que dado que no somos seres pasivos, hay una participación en el proceso de quedar conformados de una manera y no de otra: nosotros también participamos en la constitución de la matriz que nos conforma. Voy a intentar explicarlo un poco mejor.

Llamamos matriz (Foulkes) al entramado de relaciones y significados que se dan entre los miembros de un determinado grupo. Todo grupo familiar, laboral, académico, etc., organiza una determinada red de relaciones y significados. Esta se constituye no de forma consciente y voluntaria sino que emerge de las propias conexiones que se establecen entre las personas y que vienen marcadas por las relaciones que cada una de las personas estableció con las personas significativas de su vida. Vínculos que contienen un entramado simbólico y que totalizan una unidad dinámica, constantemente en reedición, a la que hemos llamado matriz. Todos los miembros que se reúnen, a partir de los lazos que se establecen entre ellos, a partir de los significados que estos lazos van teniendo en el seno de ese grupo, con el complemento de las aportaciones que en cada momento se realizan, son parte activa en la constitución de la matriz de ese grupo, la matriz grupal. En este sentido, por ejemplo, cuando una pareja se constituye como tal, se van tejiendo esos lazos y se van completando y haciéndose más y más complejos; de esta labor queda, emerge la matriz de esa pareja. Cuando aparece un bebé en la misma, ese bebé, con sus exigencias (de hambre, de limpieza, de compañía, de…) va colaborando, contribuyendo a que la matriz que había cuando llegó, se vaya transformando y adaptando también a sus características. Y al tiempo, la matriz que se constituye, la matriz a la que él contribuye también a su transformación, le forma, le ahorma de una manera determinada.

Con esa horma, con esta forma, con esta figura, esta persona se relaciona con otras. Y es en estas relaciones en donde, y como no puede ser de otra manera, en donde también hace su presencia su forma de ser, su figura, su constitución. Llamamos transferencia justamente a eso: a la expresión de parte o de toda esa figura, constituida a lo largo de toda la vida que tiene esa persona, en el momento en el que se establece una nueva relación. Y desde la psicología utilizamos precisamente ese hecho para poder trabajar en lo que esta persona precisa. ¿Por qué? . Porque es precisamente un aspecto de este modelo que le ha constituido el que le genera malestar y sufrimiento. Dicho de otra forma, no actuamos a través de lo transferido para modificar al paciente: sino que actuamos a través de ello para poder entender qué elementos de su constitución, de su forma, de su figura, son los que le hacen sufrir. Que por esto viene.

En la sesión de hoy pudisteis ver cómo aparecían diversas ideas generadas por Juan. Y en ellas había como un denominador común. Ese denominador común, mucho tenía que ver con los elementos que Juan os mostró, y vosotros captasteis, y que hablan de la forma como Juan ha sido constituido y constituye su vida, sus relaciones. Y de por qué éstas le hacen sufrir. En este sentido Juan “trasladó” su forma de relacionarse habitual y os impacto de una determinada manera. Pero también vosotros impactasteis en él. Cierto que el impacto fue pequeño porque la relación que mantuvisteis con él fue breve. Pero si esta relación se hubiera podido mantener durante, por ejemplo, una quincena de sesiones, algo del grupo habría “penetrado”, impactado en él. Y ahí está el hecho asistencial, el beneficio terapéutico de la intervención que os planteo. Y para poder ir conociendo qué elementos están en juego es bueno conocer qué aspectos han sido activados (su transferencia) y qué otros se han activado a partir de esa transferencia y que se denominan contratransferenciales. Y ¿cuáles fueron?

Justamente los que constituyeron el final de nuestra conversación. Cuando aparecía la disputa entre ser o no positivos en la intervención. Ese elemento es nuestro y fue activado por él; o mejor, por las emociones que nos suscitó. Y actuar desde este punto es muy delicado. Lo es porque hace referencia mucho más a lo que en nosotros nos activó (contra-transferencia, es decir, nuestra reacción ante sus elementos transferidos) que a las necesidades reales de Juan. Este punto me parece importante. En numerosas ocasiones los pacientes, las personas, consiguen movilizar en nosotros una gama de sentimientos que nos llevan a actuar como si estos fuesen los adecuados. Sentimientos tanto de tipo amoroso como de tipo agresivo son los que inundan algunas de nuestras actuaciones. Y los profesionales de la salud debiéramos cuidarnos de ello.

Un saludo.

Dr. Sunyer

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