Mi diario de bitácora, 21 del 21de diciembre de 2005: Mundo interno

21 Mi cuaderno de Bitácora
El denominado “mundo interno”

Hoy hemos realizado una posible distribución de lo que se denominaría “mundo interno” de Juan: la de los diversos elementos constitutivos de las preocupaciones de Juan, de las personas significativas, de algunos de los afectos que van vinculados a estos elementos… Es una representación. Evidentemente hay muchas; con facilidad algunos de vosotros opinaréis que esto es subjetivo, que nada de lo que hemos dicho en la sesión de hoy tiene fundamento que se pueda constatar, etc. Y tenéis razón. Esta representación lo es en realidad de aquellas cosas que habéis sabido entresacar de las dos entrevistas a Juan y de algún elemento más. Y cada uno de nosotros realizaríamos una composición diferente. Y no podríamos decir que ninguna de ellas fuera mejor que la otra. Cierto es que los humanos no tenemos acceso a cómo las personas distribuimos y entrelazamos los diversos elementos percibidos, los afectos concomitantes a ellos, las representaciones que tenemos de nosotros mismos y de los demás, y de la complejidad simbólica que todo ello tiene para el ser humano. Por esto buscamos fórmulas, más o menos acertadas, pero en cualquier caso útiles, para comprender algo de todo ello. Y creo que lo importante no sería si esa representación es la correcta o no. Sino si con ella nos podemos ir haciendo una idea del complejo mundo, mundo interno, a través del que Juan organiza su vida en el mundo.

Claro que la cuestión es si existe eso que llamamos “mundo interno”. ¿cómo podríamos denominar a ese cuadro de circunstancias, casi infinito, que nos condicionan cada día? Y, además, sabéis que hay quienes tenemos una cierta duda frente a la dualidad dentro-fuera que en cierta forma comienza a organizarse a partir de Descartes. ¿Podríamos representar de otra manera el conjunto de elementos que moldean la personalidad de Juan? No lo sé. Pero, llamémosle mundo interno o no, lo cierto es que lo que plasmamos en la pizarra fue buena parte de la complejidad con la que Juan se encuentra a diario. Llamémosle mundo interno o no, lo cierto es que lo que plasmamos en la pizarra fue buena parte de la complejidad con la que Juan se encuentra a diario. Y con la que nos tenemos que tener. También podríamos pensar que no es tanto una representación de ese “mundo”, cuanto la de cómo las diversas circunstancias van moldeándole.

Cada una de las personas que aparecían en escena, cada una de las ideas con las que se iba haciendo más y más compleja la representación, aludía a las formas internas que tiene esa matriz con la que Juan está constituido y constituye el mundo que le rodea. Y en uno de los lugares aparecemos nosotros, los que le entrevistamos. Eso hace más compleja la red de relaciones que teníamos ante nosotros.

En efecto, como os señalaba, una forma de entender nuestra función es la digestiva. Y al ayudar a Juan a digerir todo el conjunto de elementos con los que nos vamos encontrando, observamos que también nosotros tenemos que digerir, volver a digerir aspectos que trae Juan sobre la mesa y que activan en nosotros determinados afectos, emociones, pensamientos. De ahí surgen varias necesidades. Por un lado, el proceso por el que iremos ayudando a Juan, cómo vamos a ir abordando los diversos componentes del esquema organizado; cómo va a ir paseándose por cada uno de los aspectos sabiendo, además, que a medida que se vaya paseando por ellos, va a ir emergiendo nuevos aspectos que colorearán lo que estamos diciendo. En este sentido y si podéis, pedid a los Reyes un libro: Swaaik, L., Klare. (2000). Atlas del mundo de las vivencias Madrid. Casariego. Con él os podéis hacer una idea de lo que estoy diciendo, si bien el atlas que os menciono poco tiene de serio; pero es muy sugerente.

Pero por otro lado, otra de las necesidades hace referencia a cada uno de nosotros como sujetos: ir trabajando nuestras cosas, ir comprendiéndonos más, conociéndonos mejor. Eso mejorará la calidad de nuestra intervención. Y es que resulta que nosotros a través de la intervención a Juan también vamos a ir transitando por zonas de nuestro Atlas personal. Todos tenemos padre y madre. Todos tenemos amigos con los que nos codeamos. Y las relaciones que aparecen ahí son complejas; y lo deben ser porque por alguna razón hemos elegido esta profesión y no otra. Y en esta excursión que se reedita con cada paciente de nuestra vida, vamos contemplando nuevas luces, nuevos paisajes, gracias, precisamente, a las intervenciones del paciente que nos acompaña. Y nosotros a él. Toda intervención es, en último término, una reflexión sobre nuestra condición humana.

Y finalmente, otra necesidad: la importancia de la supervisión. Ésta supone no sólo una ayuda más para diferenciar lo nuestro de lo de él, sino que también representa la posibilidad de seguir aprendiendo y encontrando recursos de intervención que hasta que se nos presenta un caso no sabemos ni podemos desarrollar. El supervisor no nos va a decir qué está bien o no, sino que nos va a acompañar en este lento pero apasionante proceso de ir conociendo los intríngulis de la psique humana, de las relaciones interpersonales.

Feliz Navidad.

Dr. Sunyer

No Comments

Post A Comment