Mi cuaderno de bitácora del 15 de noviembre del 2006: ética

12 Mi cuaderno de Bitácora
Cuestiones éticas.

Pues sí, hubo lío. Diversas posturas se entrecruzaban y trataban de alzarse con la razón que les asistía. Y en ocasiones era difícil seguir el hilo de la conversación. Se formaban grupitos, pequeños espacios territoriales de personas que se agrupaban en torno a ideas similares y a la cercanía física, se expresaban ideas que aparecían cual obuses tratando de señalar la verdad que unos y otros poseían… Lío. Y en ocasiones pensaba, ¿tendré que poner orden? ¿tendré que imponerme?. Esas cosas las podemos ver desde diversos ángulos.

Si nos ponemos desde un punto de vista más conductual creo que no me equivoco mucho si digo que el grupo o las personas que lo constituyen no han aprendido el hablar cuando el otro acaba su discurso. Podríamos incluso señalar ciertas, llamémosle, deficiencias en las habilidades sociales y en la asertividad en la exposición de ideas de manera que cada exposición quedara clara el posicionamiento de cada persona que hablaba. Si lo que hemos presenciado y vivido lo trasladásemos, incluso, a un pensamiento más organizativo, pero conductual, creo que alguien podría señalar, con toda legitimidad, que el conductor de la experiencia, o sea, yo, adolecía de la capacidad de liderazgo y de coordinación necesarias para evitar toda esta explosión de ideas. Y siguiendo la misma senda, propondría al conductor del grupo que se agenciase una serie de habilidades o de instrumentos para dar la palabra, organizar el debate, proponer la exposición de las ideas dando tiempos a cada participante, etc., etc. Lo que sucede es que no soy ni participo en este tipo de pensamientos, si bien acepto que disponer de esas habilidades y si hubiésemos organizado el debate de otra manera, es posible que el resultado hubiera sido más ordenado. Y no entro en consideraciones más concretas de la dinámica grupal.

Si me pongo en el burladero de una posición más cognitiva, creo que indicaría que el grupo expresaba una dificultad en el ordenamiento de los pensamientos, que posiblemente venía acompañada de ideas “no correctas” que eclipsaban la capacidad de las personas en la exposición de sus pensamientos. Posiblemente aconsejaría que tomásemos nota de las ideas que queríamos expresar, las ordenásemos de una determinada manera con el fin de que el conjunto de aportaciones tuviese un mayor orden y coherencia entre las ideas. Seguramente le indicaría al conductor de la experiencia, a ese profesor que se sentaba ahí, que tomase nota de las diversas aportaciones y las organizase de manera que el resultado fuese más coherente. Además, la exposición del caso se debiera haber realizado de forma más sistematizada de manera que cada uno de los alumnos pudiera haber captado los diversos errores cometidos, las incidencias éticas que se correspondían y, en consecuencia, el aprendizaje resultara más consistente. Y acepto el comentario sabiendo que una exposición más organizada, una serie de aportaciones complementarias con el código ético entre nosotros, hubiera producido un mayor aprovechamiento del caso.

Seguramente si me hubiera colocado en una posición más sistémica, diría que los diversos subsistemas del grupo clase, constituidos por aquellos subgrupos que se forman en él, mostraban una tensión cuyo resultado venía expresado a través de esas aportaciones variopintas, poco ordenadas, diferentes, distantes en ocasiones, cargadas afectivamente de sentimientos que inundaban la capacidad de pensar. Aconsejaría al conductor de la experiencia que se hubiera detenido previamente en cada subgrupo para organizar los diversos sentimientos y pensamientos que florecían en ellos, y hubiese tratado de que dichos subgrupos hubiesen expresado, a través de su portavoz, las ideas que el caso suscitaba; a partir de ahí hubiera tratado de establecer un tipo de negociaciones para que las diversas aportaciones se pudieran articular en una dinámica más coherente, posibilitando un reforzamiento de los lazos internos de los subgrupos, se subrayase las dificultades de incorporación de ideas diferentes procedentes de subgrupos ajenos, y se llegase a un compromiso a partir de las mejoras en las membranas que, por exceso de permeabilidad o por defecto de la misa, no permitía una aceptación de las diversas ideas por parte de los subgrupos. Y entiendo el posicionamiento y creo que las diversas membranas no mostraban una semipermeabilidad similar, organizándose tensiones entre los diversos subgrupos, tensiones que quedaban evidenciadas en la discusión que presento el grupo clase.

Si pe posiciono desde el psicoanálisis, os diría que las fantasías asociadas a los diversos aspectos inherentes a la historia clínica, activaban sentimientos de tipo agresivo, suficientemente importantes, como para que cada miembro se sintiera ante la necesidad de poder controlar dicho impulso; dada esa dificultad, la expresión del mismo se manifestaba en una catarata de ideas y afectos muy diversos, catarata que fue aceptada e incluso provocada por el conductor de la experiencia. Le aconsejaría que se planteara por qué el grupo se posicionaba en una actitud de ataque/fuga, como forma de resolver un conflicto importante; conflicto que venía activado por las fantasías que he señalado anteriormente. El ataque-fuga sería una de los supuestos en los que este grupo grande consideraba que iba a poder resolver el conflicto, incluso buscando de alguna manera alguien que pudiera representar el chivo expiatorio, culpable de todo este berenjenal en el que el profesor nos había metido. Y le aconsejaría al conductor del grupo que tuviese en cuenta la presencia de este supuesto básico de actuación grupal con el fin de, al controlarlo, evitar la explosión de pasiones que se vivieron en la clase.

Ahora, si me lo permitís, me voy a colocar en mi lugar; lo cual no me resulta fácil. Estamos planteando la asignatura desde una perspectiva que pone en la interrelación, el peso de todo lo que sucede. Os he planteado por activa y por pasiva, que lo importante es esa relación que se da entre las personas que se reúnen en el espacio terapéutico (en nuestro caso sería el pedagógico o el académico). Y, como sigo creyendo y considerando que todos los que conformamos el grupo, participamos de la dinámica que se da, tendré que pensar, tendremos que pensar y reflexionar, sobre el conjunto de fenómenos que se han dado en el espacio de hoy.

Desde lo que yo puedo recordar, el grupo, la sesión, se inicia con la exposición más o menos detallada, de un caso real, vivido por el profesor de la asignatura. El caso hablaba de las vivencias complejas que en el ejercicio de la profesión, este profesor vivió con un caso que acabó en una separación de la pareja que acudía a la consulta, intervención judicial mediante y con la presencia del profesional en el juicio que se celebró en su día. Creo que el caso penetró profundamente en las personas que lo escuchasteis. Y penetró por dos razones; al menos dos razones. Una, por tratarse de una experiencia real del profesor que se muestra (o eso intentó) lo más claro y sincero posible, indicándoos que la vida profesional es compleja, que los elementos éticos de tipo fino, los que llamo fino, suelen ser mucho más complejos que aquellos otros de tipo más grueso y con los que estáis más acostumbrados a lidiar. La otra razón era lo que en buena medida, la mayor parte del grupo puso énfasis: la presencia de unos niños que salían dañados, tocados, de un proceso complejo, lleno de tensiones y que vivieron como pudieron varios meses después de la separación oficial y legal de la pareja de pacientes.

El grado de penetración de la exposición venía explícitamente expresado por la intensidad del debate. Los diversos posicionamientos que emergían hablaban de la intensidad emocional con la que se vivía la experiencia de los hijos de aquel matrimonio. Y, concentrándonos en este punto, dejábamos de lado otros de igual o mayor importancia; que fueron señalados por el profesor al final de nuestro encuentro. Y eso nos lleva, al menos, a pensar en cómo las personas que configuramos un grupo, vamos manejando las tensiones, las ansiedades, las emociones, de manera que, concentrándolas en uno de los puntos de la cuestión, dejan como abandonadas otros aspectos quedándonos, en consecuencia, con una imagen parcial de la complejidad del caso. Pero, y sigo en el mismo punto, la parte silenciosa del grupo, los que no hablaban, o incluso los que hablaban para los compañeros adyacentes, poseían también parte de la energía del debate. Sólo que, al no exponerla, se hacían como cómplices pasivos, silenciosos, de la tensión que emergía en el debate. Ello nos lleva a considerar la importancia que, como profesionales, tenéis en considerar toda la situación. Pero es más.

Creo que siempre os he subrayado la importancia en recuperar, en reintroducir, el contexto en el que nos movemos con el fin de poder tener una mayor comprensión de lo que sucede en una situación asistencial. ¿me equivoco?. En nuestro caso, al menos, dos serían las esferas que nos rodean. Y, así como si de las muñecas rusas se tratara, cada una está incluida en otra mayor, nuestro grupo está incluido en otros dos. Al menos otros dos. El primero, el universitario y académico. Creo que parte de la tensión que se expresaba, también habla del susto que os di. Posiblemente estáis más acostumbrados a los planteamientos académicos, que son planteamientos en cierta manera asépticos. De libro. Posiblemente echáis en falta en este espacio, una forma más afín a otras experiencias académicas, a otras asignaturas, de manera que se evitarían por un lado las manifestaciones poderosamente ricas, que se vieron en nuestro espacio, y ordenasen, académicamente, el material que aparecía. No voy a entrar en más detalles ya que considero que todos vosotros, o al menos la mayoría, estáis perfectamente capacitados para reflexionar sobre ello. Pero hay otro espacio.

En efecto, el otro espacio es el social. El grupo, y en especial el grupo grande, reproduce el contexto social en el que nos encontramos. Y en este contexto, uno de los elementos que pesa es la gran dificultad para poder elaborar, pensar, reflexionar sobre los diversos elementos que constituyen la compleja realidad en la que vivimos. Y otro de los elementos que pesa es el de la tendencia a separarse de las experiencias que son, afectivamente duras, ya que el contacto con ellas, duele lo suficiente como para que se nos paralice la capacidad de pensar; que es el único recurso que tenemos los humanos para poder vivir mejor y poder ser algo más felices. La tendencia a polarizarnos en dos posturas, a favor de los niños o no, a ponernos a favor del padre o de la madre, etc., esa tendencia es una empobrecimiento de la capacidad integradora de la que tanto se cacarea en la vida política y social. La integración pasa por el reconocimiento de las diversas posiciones en las que cada cual de nosotros se encuentra; pasa por el reconocimiento de las tensiones que nacen de lo que es extraño, ajeno; pasa por el reconocimiento de que los diversos componentes del pensamiento tienen un lugar, no el mismo, no igual, pero lugar a fin de cuentas, y que todos hablan de las diversas tensiones que los humanos tenemos. Por ejemplo, no pudimos hablar de cómo se podía sentir el profesional ante tal desbarajuste, ante el intento de cuidar y al tiempo ser cuidadoso con unas normas éticas y legales en las que estamos enmarcados. Y no pudimos hablar, no porque no se quisiera, sino porque, como el contexto social, no parece que podamos considerar la individualidad como parte indiscernible de la grupalidad en la que estamos todos inmersos.

Un fuerte y cariñoso abrazo

Dr. Sunyer

No Comments

Post A Comment