Mi cuaderno de bitácora 3 del 10 del 2006: Poder y relación

Mi cuaderno de bitácora, 4

La silla que ocupamos en el aula puede ser una buena metáfora. Posiblemente si nos pusiéramos a pensar en por qué me siento donde me siento encontraríamos numerosas respuestas. Unas de tipo casual como “me senté porqué sí”; otras pueden tener otro matiz: “me senté en la silla que encontré libre” “me senté aquí porque me guardaban el sitio” “no había otra silla libre” “este es mi sitio de siempre” Creo que si nos ponemos a pensar en ellas (tarea que os dejo a vosotros para no entretenerme demasiado en ello), podremos observar que hay matices muy variados que hablan de que no somos tan libres como creíamos. Un compañero lo comentó ¿no somos libres? Bueno, quizás la libertad no reside tanto en hacer lo que me da la gana, sino en saber elegir qué hacer con lo que tengo. Hay matices en el lenguaje que son, siempre, muy importantes. “encontré libre” no es lo mismo que “no había otra”, o “es mi sitio”. Hablan, entre otras cosas, de eso que otra compañera señalaba: fenómenos de poder y gravedad. No tanto en el yo te puedo, cuanto que el equilibrio entre lo que hay y lo que deseo se resuelve así. Y son fenómenos tan legítimos como la vida misma, que utilizamos desde el mismísimo momento en que nos relacionamos con otro. El otro día observaba (eso lo tendríamos que estimular más, el observar) a una madre y a su hijo de unos dos años. Iban por la calle. El niño miraba un escaparate. O hacía ver que miraba. La madre tenía más prisa que el chaval. ¡Ven!, le decía ella. ¡No! Contestaba él. A partir de ahí os podéis imaginar cómo siguió la escena. ¿quién ganó? El chaval de dos años. Fenómenos de poder.

En nuestra clase también los hay. No se puede dar una relación sin este hecho. Y, lo más interesante a mi modo de ver: no proviene de los individuos, sino del grupo social, de la sociedad, de la que somos parte y deudores. Os decía que en el mismo momento de la concepción, más aún, desde el mismo momento en que él o ella le dice a ella o a él: ¿tenemos un hijo? A partir de ahí, se siguen cociendo un conjunto de elementos que todos ellos van a ir organizando la malla de relaciones en las que ese hijo o hija van a desarrollarse. Y a desarrollar, porque también el o ella, cuando nazcan, van a contribuir a su desarrollo, establecimiento, modificación: la matriz social a la que pertenecemos, la matriz familiar en la que crecemos nos forma y al tiempo es formada por nosotros. No se da una parte sin la otra. En esta clase, las relaciones que hemos establecido y que se van desarrollando entre vosotros, entre vosotros y yo, etc., etc., nos conforman de una manera y al tiempo la conformamos nosotros. Y como estamos en donde estamos y no en otro lugar, en otra institución, este lugar e institución nos forma y determina al tiempo que la formamos y determinamos. Esta clase, con vosotros mismos, no sería igual en otra institución. ¿A dónde voy? A indicaros que estamos en una compleja red de relaciones que constituyen una matriz (ved las diferentes acepciones de la palabra) que al tiempo que nos conforma, es conformada, constituida por nosotros. Y por más gente.

Nuestros estudios de psicología nos forman de una determinada manera. Vemos las cosas desde una perspectiva que no es la misma que la que ven los estudiantes de ingeniería, o de químicas, o de teatro. Es decir, los estudios, la forma y el lugar en el que los desarrollamos, las relaciones que establecemos con las personas que están en estos u en otros lugares, nos constituyen de una particular manera, nos ayudan a ver el mundo de una forma diferente. ¿Os suena lo de “imprime carácter”? Me imagino que ahora sucede igual a cuando era pequeño: la letra que tenían mis hermanas que iban al Sagrado Corazón era diferente de las de mis primas que iban a Jesús María, y diferente a la que teníamos nosotros que habíamos ido a los Jesuitas. Pues de la misma forma que la letra nos permitía averiguar a qué colegio habíamos ido, nuestra manera de ver las cosas informa dónde hemos sido formados y del cómo vemos las cosas. Si esto lo trasladamos a la actividad profesional podremos pensar fácilmente que cuando nos encontramos con una persona que ha estudiado ingeniería, la forma cómo vive las cosas que le pasan es diferente de si esta persona hubiera estudiado económicas o literatura. El contexto, las diversas y complejas relaciones que establecemos en él con las personas que lo constituyen, va edificando nuestras relaciones para con los demás y para con nosotros mismos.

Cuando nos encontramos con un paciente, unos pacientes, unos profesionales que solicitan nuestra ayuda, no nos encontramos sólo unos organismos que tienen formas determinadas, sino que convergen en aquel lugar tejidos relacionales diversos que van a retejer unas relaciones con nosotros y nosotros con ellos que van a ir condicionando lo que ahí se exprese, lo que se diga y calle, lo que se piense o se imagine. Entonces, en nuestro trabajo de orientar, de ayudar a terceras personas a poder estar mejor consigo mismas y con el problema o dificultad que presentan, ese trabajo pasa por el establecimiento de una relación en la que puedan ir poniéndose sobre la mesa el máximo de cosas que faciliten una comprensión mayor de lo que sucede.

Cuando en este momento de mi vida me enfrento a lo que me enfrento, hay varias cosas que mi mente trata de digerir. Por un lado trato de entender porqué en este momento de mi vida mi organismo presenta ese desarrollo anómalo que tiene un determinado nombre. Quiero ir entendiendo algo más de qué representa esto en mi vida. Nunca, nunca penséis que las enfermedades aparecen porque sí. Nuestro organismo está en la matriz de relaciones de la que os he hablado. Eso que llamamos somática no es algo aislado, algo ajeno a nuestro ser. ¿por qué vamos a considerarlo ajeno si lo llevamos a cuestas? Mi cáncer, controlado él, controlado hasta donde se puede controlar eso que Oriana Falaci decía que era el Bin Laden de cada uno, algo tiene que ver con las tensiones que me ha tocado vivir, o que he aceptado y me he visto obligado a vivir en los últimos años. A todos los humanos nos pasa igual. ¿Por qué en un momento determinado alguien desarrolla un problema cardíaco o un problema asmático? Eso no significa que no debamos ir al urólogo, al cardiólogo o al del aparato respiratorio o al alergólogo. NO estoy diciendo esto, sino que además debemos pensar en cómo esto se articula con nuestra vida.

Pero también trato de digerir cómo esto afecta a los míos. A mi mujer e hijos. A mis pacientes, a vosotros. ¿Cómo no va a afectar que en una asignatura su profesor deje de venir durante un par o tres de días? Que nos (os) venga bien, vale. Pero ¿cómo afecta? ¿Porqué será que cuando lo comunico a mis pacientes, todos, absolutamente todos, se pongan a hablar de la muerte, de enfermedades de sus familiares o de ellos mismos, o de personas con las que hace tiempo han perdido contacto…? La expresión del que me recomendó tener “el mayor polvo de mi vida” era la de quien aterrado ante la idea de la muerte trata de taparla con tan “maravillosa” experiencia. Muchas veces los hombres ante el susto reaccionamos así. Otras, desarrollamos mecanismos de negación, de … ¡buf!

En todo ello creo que uno de los elementos que son denominador común es el de la Relación. La relación, o mejor, la interrelación que se da entre unos y otros, entre pacientes y profesionales, entre padres e hijos, hijos y padres… Es en la interrelación el lugar en el que os propongo observéis los fenómenos que se dan en el aula. De esta suerte quizás podamos ir entendiendo algo más de lo que nos sucede y les sucede al resto de los humanos que os visitarán algún día en vuestras consultas.

Un saludo,

Dr. Sunyer

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