Mi cuaderno de bitácora XXVII. del 17 de enero del 2006: última sesión

Mi cuaderno de bitácora, XVII del 17 de enero de 2006

Bueno, amigos, la cosa está cerca del final. Y debe ser totalmente cierto dadas las pistas que nos enviamos los unos a los otros. Hoy por ejemplo, creo que el capítulo 18 del libro de texto no había sido leído por casi nadie. Esto ya es una pista. E incluso yo mismo había previsto pasar el cuestionario sobre la atmósfera de la clase ayer pero no he podido hasta hoy. Esta es otra pista. Y podríamos seguir.

Y como os veía con dificultades para abrir el capítulo, os hice un breve y rápido resumen. Y os hablé de los diversos finales que encontramos y encontraréis en vuestra vida, tanto profesional como personal. Y al acabar la clase me vine a toda velocidad a mi consulta para valorar los resultados de los cuestionarios que habíais rellenado. Y…

Creo que debo, debemos agradecernos el trabajo realizado. Los datos que mañana veréis, sugieren que la atmósfera que habéis percibido se asemeja mucho a la expectativa que teníais y, por otro lado, es de las mejores atmósferas desarrolladas en esta asignatura. De esto todos somos corresponsables y creo que todos merecemos un aplauso: habéis trabajado de firme.

No es fácil llegar a este momento con la tranquilidad del trabajo bien hecho. A lo largo de muchas semanas hemos ido siguiendo un proceso paralelo al que siguen y seguirán muchos de los pacientes que tenemos y tendréis. Eso espero. Hemos pasado de un primer momento en el que ya la copistería nos gastó una mala pasada hasta el final en el que nos lo ha vuelto a gastar. ¿Tendré algo que ver en ello? No lo creo pero este año se ha caracterizado por esto. Tras aquel primer momento en el que todos estábamos nerviosos (¡hasta me equivoqué de aula!) y no sabíamos qué nos iba a deparar esta nueva singladura, se han sucedido varias cosas: desde vuestras representaciones, vuestros juegos, la presencia de un paciente, la alarma de fuego, el día en que nos habíamos perdido y no sabíamos qué hacer, los dibujos, las esculturas…Y junto a ello un montón de valoraciones diversas e investigaciones sencillas (página WEB, artículo, trabajo), y el cuaderno de bitácora. Y con la presencia de una compañera de Rumania, y la visita de un compañero de la UAB. ¡cuántas cosas!

Hemos podido hablar de algunas cosas. Seguramente no todas las que hubiese querido o deseado hablar, pero sí las que nos hemos autorizado a hablar. Y habéis tenido la experiencia discreta de un primer grupo grande. El futuro va por ahí, creo.

Estamos en un momento crítico de nuestra historia. Las pretensiones de algunos de nuestros políticos que en fase delirante se consideran y desean que nos consideremos el centro del mundo, pueden dañarnos mucho. Frente a eso creo que las posibilidades de las personas para dialogar, pensar en conjunto, dejando de lado las pretensiones de tipo totalitario e imperialista, pueden abrir la puerta de un mundo más sano. Y más sano significa, para mí, un espacio en el que la individualidad no se vea limitada por la grupalidad de la que somos parte. Considerar al individuo como parte de un grupo humano que crece y padece, y en el que las diversas habilidades individuales deben ser puestas al servicio del grupo al que pertenecemos, creo que puede ser una cura de humildad.

Y frente al borreguismo que muchos profesamos, poder sentirnos individuos, con nuestros deseos, nuestras cojeras, nuestras debilidades, nuestras carencias y desde ahí poder ayudar y ser ayudados por los demás, es un alivio. La pequeñez del ser humano es enorme. Somos enormemente pequeños. Simples partículas en un universo en el que la especie humana no es más que eso: una especie con una significación diferente: el ser humanos, ser reflejo de Quien nos creó; y desde esta posición efímera y diminuta, todo lo que nos sucede guarda relación con el grupo al que pertenecemos.

Y el grupo sufre con todo lo que significa separación, pérdida, finalización, abandono. Y lo sufre también el individuo, producto de este grupo. Esto sé que es difícil de comprender; pero si pensamos en una relación con un paciente (la situación más fácil), podremos entender lo difícil y doloroso que es eso. Por esto, como os decía, hay tantas y variadas formas de separación. Y de todas ella, aquella que pone atención al agradecimiento es la mejor. Agradecer al grupo (o a su representante, el profesional) lo que uno ha aprovechado, ha aprendido. Lo que el grupo le dio. Lo que ha significado para él la experiencia de orientación, todo eso es energía que vuelve al grupo. Y le posibilita, a quien se va, irse con la tranquilidad de que ha realizado una experiencia que, independientemente de su duración, ha sido provechosa.

Gracias y hasta mañana.
Dr. Sunyer

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