Mi cuaderno de bitácora XXI. del 7 de diciembre del 2005. De diferencias

Mi cuaderno de Bitácora XXI. De diferencias

Qué seríamos, ¿una veintena? Más o menos. Es un tamaño de grupo medio, mediano. Y agradezco el esfuerzo, de veras. No es fácil utilizar la posibilidad de hacer puente, acueducto, aunque sea para hacer otros trabajos o estudiar. Pero quiero agradecer muy de veras a los que hicisteis el esfuerzo de venir. Y creo que valió la pena.

El ejercicio que os planteé era relativamente sencillo; pero la sencillez no está reñida con el uso del mismo ni con la información que uno puede recuperar a partir de él. Y se os veía metidos hasta la médula y me costó ponerle punto final. Esto ya es información. En psicología todo es información, todo tiene significado, todo tiene sentido. Y nuestro problema es el encontrarlo.

Y luego el grupo grande; bueno, el mediano. Y apareció material muy sugerente. Por ejemplo, el derivado del propio ejercicio. Este material presenta un punto negro que señalasteis muy bien. ¿no es muy arriesgado utilizar el material proyectivo? Aquí me preguntaría que para quien es peligroso, si para el paciente o para nosotros. EL mundo de la psicología tiene un enorme campo subjetivo: todo lo que hacemos las personas cuando nos comunicamos, todo, absolutamente todo, tiene la subjetividad que proviene de que cada uno lo toma, lo recoge a partir de sus experiencias personales, de su entrenamiento, de su formación. Y este aspecto es absolutamente personal, no es intercambiable. LO que digo, lo que escribo incluso, es leído de formas muy diferentes. De hecho, una de las dificultades en este tipo de escritos es que, a partir del momento en el que os lo entrego, o lo deposito en el “vacío” de la red , queda en propiedad de quienes lo leen. Es, como los pensamientos que vuelan de cabeza en cabeza, propiedad de todos y cada una de las personas que están vinculadas.

El ejercicio se realizó por parejas. ¿podríamos considerar que el trabajo con un paciente, con una organización, fuera un “emparejamiento”? Lo podemos considerar también así. Y lo que iba apareciendo en las sucesivas hojas era algo producto de la relación que se establecía entre los dos miembros de la pareja. No era exclusivamente de uno, sino de los dos. Esto es lo importante: es el resultado de los dos. Y siempre es así. Cualquier entrevista de trabajo, cualquier entrevista diagnóstica, cualquier espacio de ayuda, de orientación, de psicoterapia, es el resultado de (al menos) dos. Cuando paso un test de inteligencia, mi presencia influye en el resultado. Cierto que trataré de influir lo menos posible; pero no puedo negar mi influencia, y cómo ésta ha intervenido en la valoración y en la evaluación del candidato. De la misma manera que no podemos no-comunicar no podemos no-influir. Entonces de lo que se trata es de que nuestra influencia vaya en la dirección que nosotros necesitamos y que es, en el caso de nuestra profesión, conocer al otro. O a los otros; en cuanto individuos o en cuanto grupo.

Quien me acompañó como pareja vio cosas mías (¡oh, qué vergüenza!). Y en la historia que salió se veía, creo y bastante bien, aspectos míos. ¡ qué vergüenza! NO. NO me da ninguna vergüenza. He descubierto, he constatado que a todos nos pasa lo mismo, que somos muy igualitos, por lo que… ¡cómo me va a avergonzar que uno de vosotros vea cosas mías! ¿acaso no nos ven nuestros pacientes, nuestros compañeros? Y de la misma forma que me vio seguro que os visteis entre vosotros. ¿por qué no lo pensáis? ¿qué aparece en el dibujo de mí o de mi compañera? O en la historia. Y es que a partir del momento en el que dos personas se ponen a trabajar juntas, y especialmente tal como lo hicimos, hay una conexión que va más allá de lo formal. Hay una conexión inconsciente entre los dos que posibilita que lo que aparezca ahí sea diferente de lo que saldría con otro. Lo que se pone en contacto no es sólo lo consciente, sino que también lo inconsciente. Otra cosa es ¿qué hacemos con eso?

Para aquellos que os dediquéis más a aspectos neurológicos el ejercicio así suena raro, poco creíble. Y es verdad porque vuestro “objeto de estudio” es, o eso pensáis, lo neurológico. Lo que pasa… es que si lo pensáis un poco más no es tan así. Está más que demostrado (no sé porqué tendría que decirlo porque es de Perogrullo), es que la atención psicológica mejora cuando esta atención incluye lo interpersonal. Y un problema que afecta, real y concretamente, a determinadas áreas del cerebro, es diferente cuando lo tratamos en su cosa específica o cuando, además, le añadimos todo lo demás; es decir, lo interpersonal. Por esto la frase “estoy triste” es un mensaje que va mucho más allá de lo neurológico y que, en la medida en la que lo podemos leer en una hoja de papel, podemos comenzar a valorar si lo que estamos haciendo se puede mejorar con una atención a lo personal; más allá de lo neurológico. Y esto es trasladable a otros ámbitos, el organizativo, por ejemplo. Pero hay otro problema: nosotros.

Sí, nosotros somos el problema. Sujetos como estamos a determinados sistemas de valores o de costumbres o de temores, paralizamos nuestras capacidades investigadoras y podemos convertirnos en “funcionarios de la psicología”, dicho esto con todos los respetos. Y ¿qué entiendo por esto? Aquel profesional que se limita a hacer lo que le han pedido sin aportación personal alguna. El “obrero de la psicología”, si queréis. Y con mis respetos también. Esto nos lleva a otro lugar. La alienación es aquel producto que surge en la psique de un sujeto que trabaja sin estar él con el trabajo. Que está de cuerpo presente, pero no como persona, como ser creativo que somos. Este ser alienado (algo tiene que ver con la idea de Marx), es aquel que no se hace cargo de su propio trabajo, de su propio proceso creativo. Y esto lo podréis ver tanto a nivel de clínica como de organizaciones; o incluso a nivel social. Hay quien participa en las cosas, aporta su capacidad creativa; y quien prefiere ir a remolque, a lo que le den, a asegurarse su pan y no pensar en que a la sociedad le debe bastante más como para devolvérselo de esta forma.

Y finalmente, hay otro problema: las diferencias entre nosotros. Y las hay y muchas. NO sólo entre las diversas orientaciones que pudieran haber, sino entre las diversas especialidades; y en especial entre clínica y organizaciones. En realidad la dificultad en incorporar las diversas “culturas” que se dan en nuestro grupo, fiel representante del grupo social en el que estamos insertos. ¿Tenemos capacidad de entendernos? Creo que este problema está presente desde el primer día de clase. ¿hemos integrado a la representante de Erasmus? En ocasiones el idioma en el que trabajamos puede expresar esta dificultad. Hay gente de otros lugares de España y del mundo. Pero también hay quien, siendo de aquí, pueda sentirse no integrado por ser de una especialidad diferente. Es lo mismo. Hablo de las diferencias y de cómo hacemos para poder estar en el mismo grupo social. Y tanto da que lo digamos bajo la premisa de “a qué orientación voy a pertenecer” o lo digamos en términos de “a qué especialidad pertenezco”, o “a qué País o Región pertenezco” En nuestro grupo social, fiel representante de aquel al que pertenecemos, reproducimos con preciosismo milimétrico, los mismos problemas que los que somos (o debiéramos ser) adultos, tenemos. Y sé que de esto no tenéis culpa ya que quienes la tenemos somos nosotros, los supuestamente adultos. Pero también sé que lo vais a tener y que cuanto antes vayamos poniendo remedio, mejores profesionales seréis.

Hasta pronto
Dr. Sunyer

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