Mi cuaderno de bitácora XX, del 30 de noviembre del 2005: comunicación no verbal

Mi cuaderno de bitácora, XX, del 30 de noviembre de 2005

La primera sensación que tuve fue de espanto. ¿qué me había pasado? ¡ me había despistado y estábamos fuera de la programación que había organizado con tanto cuidado este año! Espanto y enfado. Incluso cabreo conmigo mismo. Enfado porque descubría que me había despistado, que había perdido el norte. ¿cómo ha sido esto? ¿y mañana qué hago? Sabía que, de entrada, el pedir disculpas era una obligación. Y no tanto por el hecho de haberme despistado sino porque ese despiste os despistaba. SI una organización alcanza un determinado grado de despiste, de desorganización, habrá que pensar en la desorganización del organizador. Y en este caso debo pensar en mi desorganización. Algo me ha despistado. No sé. Puedo pensar en los aspectos personales que tengo sobre mi mesa. También puedo pensar en el impacto de las dos entrevistas que mantuvimos. También puedo pensar en otras cosas que os preocupan: las valoraciones, el artículo que os he pedido, el cansancio que lleváis, el final del trimestre con las vacaciones próximas…

Bueno, les pido disculpas ¿y luego? Supuse que nadie había leído nada para hoy. Normal, porque mi desorganización también la hacéis vuestra. Mi desorganización y la vuestra se articulan y contagian mutuamente. Siempre, en psicología, los sistemas interactúan. Y para salir del atolladero os propuse el ejercicio de hoy. 8 parejas (no quisisteis ayudar a vuestra novena compañera…) habíais tenido que lidiar con la propuesta de hablar entre vosotros con las acotaciones que os hice. Y salió una sesión de la que me encontré satisfecho.

La comunicación entre dos personas siempre supone un ejercicio de poder. Lo visteis bien en algunos de los ejercicios. Supone un interjuego entre las personas que establecen una relación. Entre vosotros y yo, entre vosotros mismos, entre nosotros y la facultad… Y de lo que se trata es que el juego sea limpio, honesto. Lo mismo sucede entre un paciente y un profesional. Cada uno juega sus cartas. Uno expone sus preocupaciones para poder establecer un tipo de relación. El otro las escucha y propone otro tipo de relación. Y se llegan a acuerdos más o menos explícitos. Y más o menos tácitos. Lo ideal sería que fuese lo más explícito posible. Y esto es ampliable a todas las relaciones humanas.

Por otro lado, ¿qué vimos? A varias parejas tratando de establecer una comunicación con una serie de trabas. Unos consiguieron establecer mayores cotas de complicidad, otras no tanto. Unos se sentían con miedo ante el “no saber qué hacer”, o el “no saber qué decir”, o “como seguir”. Otros buscaban salirse lo mejor parados del aprieto a que les estaba sometiendo. Incluso quienes trataban de romper las reglas del juego. Y todo esto era una magnífica exposición de nuestra actividad profesional. Hoy no jugábamos a pacientes y profesionales. Jugábamos los profesionales en tanto que alumnos, personas que se encontraban en un espacio. Y descubristeis también la importancia del contexto. Y de la sucesión generacional.

Ahí es nada.
Hasta el próximo día.
Dr. Sunyer

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