Mi cuaderno de bitácora XVI del 16 de noviembre del 2005: impenetrabilidad

Mi diario de bitácora XVI del 16 de noviembre de 2005

Y fue la segunda entrevista. ¿dura? Para mí sí lo fue. NO es fácil estar casi una hora ante vuestras preguntas sabiendo que no podía ser yo (hubo un momento en el que “me ganasteis”) y debía ser fiel a J. P. Pero a pesar de todo creo que salimos bien parados todos. Manteniéndose en su “erre que erre” y sin a penas apearse del burro en el que se había subido. Luego os pregunté y la primera palabra que aparecía era rabia. Creo que captasteis perfectamente el mensaje.

El encuentro con el otro, sea un individuo, una pareja, una familia o una organización o grupo, no deja de ser el encuentro entre dos “sistemas” totalmente diferentes. Y cuando digo esto lo que estoy subrayando es el aspecto de la globalidad del otro y de la mía. Dos sistemas, dos mundos que se encuentran en un momento determinado. Y entre estos dos mundos hay uno que domina claramente al otro: el paciente, el que nos visita. Y puede venir de varias formas. Una puede ser con la predisposición a que entremos en su territorio y exploremos. Como quien abre su casa para que la vea otra persona. ¿os habéis encontrado en esta situación alguna vez? Un tipo de ocasiones es cuando quieres enseñar la casa a un amigo. Y ese querer señala una apertura franca a que contemple la casa. Si este amigo abre un armario… entonces detectaréis un breve discreto movimiento de vuestras cejas que, asombrados por su curiosidad, se debaten entre el visto bueno o la crítica por tal libertad. Pero vamos, nos decimos, es un amigo. ¡No pasa nada! Pero si ese amigo no es tan amigo…entonces lo consideramos como “un descarado”, un “atrevido”, o “curioso”, una falta importante en su comportamiento que, si se mantuviera esa actitud posiblemente acabaríamos con la relación.

Otra posibilidad es la de vernos ante la necesidad de que vean nuestro piso porque lo hemos puesto a la venta. Si alguien sabe del tema sabrá lo violento que es el ver que entran personas a ver el piso fijándose en detalles que no te gustaría enseñar y hasta sintiéndote en la necesidad de dar explicaciones que preferirías no tener que dar. Es una situación violenta. Creo que esta segunda es la que mejor explica la situación de J.P. con nosotros. Se defendía. Era impenetrable. Como su mujer. En el ambiente en el que vive hay algo de impenetrabilidad. No sabemos por qué. Pero podemos pensar, si retomamos el caso del piso, que la persona se siente totalmente en falso, débil, ante la posibilidad que veamos una humedad que no deseaba que se viera. Pero, me diréis, ¿no viene a que le ayudemos? Sí, claro., También cuando quiero vender el piso deseo que vengan a verlo; pero no a mirarlo. Aquí está la clave. Ver y mirar no es lo mismo. ¡Ese lenguaje! Y parece que no quiere que le miremos, que indaguemos en sus cosas. ¿Por qué? ¿qué debemos representar para él?

Podemos pensar que somos un agente exterior que quiere conocerlo. Y esto es absolutamente cierto. Con nuestros ojos miramos y detectamos cosas. ¿os acordáis vuestra reacción ante algunos ejercicios en los que intentabais que nada quedase proyectado? Es el mismo miedo. Se protege y al hacerlo os informa que hay algo que no quiere que veamos. NO sabemos qué, pero hay algo. Pero también podríamos pensar que nosotros “representamos” un aspecto de él que no quiere que le vea. Sí, como si una parte de J.P., digamos “J.” no quiere que “P.” le vea. Y esto debe suceder porque “J.” considera que lo que “P.” puede ver no es bueno. Diríamos que “J.”, considera que su parte más íntima no es visible, no es buena o no está en condiciones de ser vista. Bien, queridos amigos de este C.S.I. mental, busquemos pistas:

1. ha habido tres accidentes “estúpidos”
2. ha habido un accidente “estúpido” en el que su padre ha muerto
3. hay que ser prácticos y operativos, uno muere pues “o otra cosa mariposa”
4. el dolor de “muñeca”
5. “eso de los afectos no sirve de nada”
6. mi mujer “no me deja entrar”: “tiene o vaginismo o frigidez, no sé”
7. soy como una “Black and Decaer”
8. sentimos rabia y otras muchas cosas
9. etc., etc., etc.,

estas son pistas que tenemos en nuestro laboratorio forense. Y también una actitud de mucho recelo así como una verborrea que no nos permite entrar.

El ir entendiendo estas claves es cuestión de tiempo. Necesitaríamos, ese hombre necesitaría, un espacio suficientemente no persecutorio como para poder facilitar un relajo, un descanso en su actitud defensiva sabiendo, además que su “operatividad” es una trampa para sí mismo ya que con las prisas que tiene en enterrar las cosas que le pasan no se entera de lo que ha ocurrido.

Aquí se ve perfectamente, creo yo, cómo la parte somática es la que sí puede hablar de sus quejas. Es decir, el puede hablar a través de su cuerpo. Como podéis pensar somos una unidad y cualquiera de nuestras manifestaciones, por raras y ajenas que nos parezcan, son parte de su sistema psíquico.

Y os voy a dejar. El cansancio también lo llevo dentro y tengo que encontrar tiempo para leer lo que me habéis entregado.

Hasta el martes!
Dr. Sunyer

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