Mi cuaderno de Bitácora. III 27/9/05

Mi cuaderno de bitácora. III. 27/09/05

Hoy fue nuestro primer día de verdad. La semana pasada la podemos considerar como de aproximación a la asignatura y al espacio y a la forma de trabajar. Hoy hemos empezado a poner realmente las pilas. Y se ha notado. El grupo grande es un buen termómetro de lo que nos sucede.

En primer lugar lo que recuerdo en estos momentos es el desconcierto. En los espacios pequeños no sabíais qué hacer, cómo plantear la tarea. Algunos llegaban tarde, otros (las rondas es algo que se parece más a un suplicio matutino que una manera de ir rápido al trabajo) no han podido ni llegar. Y ese atasco monumental lo podemos tomar como elementos metafórico: ante la hoja en blanco, ante el hecho de tener que ponerse a trabajar a partir del capítulo 0, o a partir de las preguntas que vienen en el plan de clase (y las que os envié), o a partir de la gráfica, aparece un atasco monumental. Y vi que tenia que sugeriros algún ejercicio para “salir del atasco”. Fijaros que el mismo atasco tuvimos al inicio del grupo grande. Uno de vosotros decía: estamos en silencio. Evidente constatación del atasco. Y frente a este segundo atasco, el del grupo grande, ¿qué hice? Primero esperar un poco y luego, pasado un cierto tiempo que consideré prudencial, introduje algunas bromas, algún comentario…, para desatascar.

Varios son los temas que teníamos en mente. Por un lado y gracias a la colaboración de uno de los grupos (gracias, es un placer teneros aquí), aparece un primer debate: pacientes, usuarios, clientes… ¡tantos nombres para nombrar a quien tenemos delante! Os recomiendo (no lo voy a hacer porque lo sabéis hacer vosotros) una visita a los diccionarios etimológicos. Creo que ahí vais a poder encontrar mucha información útil. Útil si la sabéis utilizar, claro. Y aquí una recomendación: tened siempre a mano uno; os puede ser muy, pero que muy útil en la vida profesional. Las palabras, su etimología, serán las que os van a dar la clave de un montón de cosas. Tened uno, al menos, cerca siempre.

En la conversación aparecen varios temas adyacentes (etimología, please!) De entrada recuerdo el de la autoridad subyacente (venía bajo el recuerdo de la relación médico paciente), luego aparecía la idea de simetría en la relación, posteriormente la de poder, juicio, y os añadí la del miedo al poder. Fue una buena charla. Y creo que sobre ella podríamos decir muchas cosas. También apareció otro tema importante, si bien quedó tapado por el propio discurso del grupo: ¿hablamos como personas o como “representantes de la psicología”? Bien, hasta donde sé, estoy con personas jóvenes que estudian psicología. No estamos como representantes ni de escuelas ni de corrientes. Sino como personas que pensamos cosas. Y en este espacio tan grande ponemos las cosas que pensamos al servicio de todos e incluso de nosotros mismos. Todas las ideas van a ser bien recibidas y nos van a generar respuestas varias; aunque las mías tengan un peso algo diferente por mor de la posición que ocupo respecto a vosotros. Por ejemplo, lo que opine yo es exactamente mi opinión, mi idea, lo que me sugerís en el contexto en el que estamos. No es la opinión ni de los psicólogos, ni la de los psicoanalistas, ni la de los grupoanalistas ni las de los que vivimos en determinado lugar de España. Las personas siempre hablamos desde nosotros, aunque algunas y en especial los políticos se atribuyan el pensar de los demás.

La charla fue muy rica. ¿qué hacemos con ella? La tendencia general y la más fácil es considerarla como una base para la discusión y sentar las bases de pensamiento común. Algo así como si tuviésemos que llegar a un acuerdo. Pero no. No es lo que pretendo ni lo que se debiera pretender. Aquí venimos a hablar. El paciente también viene a eso. No venimos (no viene) para sentar las bases de la VERDAD. No. Viene para poder intercambiar, con mayor o menor dificultad (como nosotros, claro), sus pensamientos, sus ideas, sus sentimientos, sus… Intercambiar. ¡qué difícil es esta posición! Consideradlo de la siguiente manera.

Pensad (os lo insinué el día pasado) que nosotros, el grupo grande, formamos un gran cerebro, o mejor y más exactamente, una gran psique. Lo que verbalizamos junto con los afectos vinculados a eso que decimos es el equivalente de los pensamientos que en una persona se dan constantemente. Pero también lo que no verbalizamos (y por lo tanto el silencio, lo que queda callado, los afectos vinculados a eso), forma parte también de la misma psique que estamos construyendo. ¿y de qué hemos hablado? De lo que hemos podido verbalizar en tanto que los que estaban callados podían tener otros temas de los que hablar pero que optaban por no decir. No sabemos si era más importante o no. Sólo sabemos que no lo sabemos, que han quedado ocultos. Pues bien, eso mismo sucede en la mente del individuo. Y lo mismo en cualquier grupo humano; y en una pareja, también. Ahora lo más importante es poder intercambiar el mayor número de cosas posible. Incluido el lenguaje no verbal. Por esto le decía a una “cómo te estoy aburriendo! Fijaros: en vuestra tarea como psicólogos, todo va a formar parte de lo que sucede entre vosotros y el paciente.

Fenómenos de poder. También en ellos está la inclusión o exclusión del otro. No deseo que nadie, nadie, quede excluido; y menos por cuestión del lenguaje. Y os escribo y os hablo básicamente en castellano porque entre nosotros hay quien no entiende el catalán. Si somos comunicadores deberemos poder integrar a quien por esta razón puede sentirse fuera del grupo. Para mi es más importante la persona que los fenómenos políticos en los que algunos pretenden incluirnos permanentemente. Y como psicólogos creo que debemos poder hablar el idioma que posibilita la incorporación del otro. Esto es también una metáfora. Con un psicótico deberé hablar su lenguaje. Con un intelectual, el suyo. Con el discapacitado, el suyo. Somos, creo, instrumentos al servicio de la integración, de la incorporación.

Bueno, os dejo por hoy.

Dr. Sunyer.

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