Mi cuaderno de bitácora II. Del 21 de septiembre de 2005: la incoporación

Mi cuaderno de bitácora. II 21/09/05

Nuestra primera sesión tras la de ayer, que fue la primera y un poco caótica. De entrada os encontrasteis con las sillas organizando varios grupos, 8. Y os fuisteis sentando y pasando lista y… a comenzar a hablar. Y, lógicamente, no sabíais de qué. Creo que empezasteis a ver que no era una forma habitual, corriente, de trabajar en una Facultad. Y os decía que buscaseis el paralelismo entre esta situación y la asistencial. Creo que muchos de vosotros pudisteis encontrarlo. Y es que no hay muchas diferencias entre una y otra situación. Es más, creo que hay más similitudes que diferencias. Ya me diréis.

Os decía que eran importantes los aspectos ¿escénicos? Sí todo lo que tiene que ver con el lenguaje no verbal. Y es que por lenguaje no verbal no sólo es la mímica, sino la vestimenta, el tono de voz, su cadencia, los gestos, cómo nos movemos o estamos quietos, cuál es nuestra postura, donde estamos y dónde nos colocamos… y cómo es el lugar en el que trabajamos, y en cómo nos ponemos en él. Y no es que quiera una clase ordenada (aunque la prefiero), sino que lo que quiero es que veáis lo importante que pueden ser estos aspectos en un espacio asistencial; o profesional. Y sobre todo porque es precisamente a partir de ese “orden” cuando podremos “leer” aspectos que tienen que ver con nuestra dinámica y nuestra relación.

Tras ese aspecto nos pusimos a hablar y emergieron varios temas; y se encadenaban pensamientos en un discurso portavoceado por varios de vosotros. ¿Cómo ser uno mismo y al tiempo miembro de un grupo? ¿Qué me pide el profesor, qué me piden los compañeros? Cierto que conocer las “reglas del juego” posibilita muchas cosas y también lo es que el no conocerlas aumenta los niveles de ansiedad y confusión. Y como no quiero que estéis más confusos de lo que ya estamos todos propongo unas pautas de funcionamiento, unos determinados ritmos y no otros. Es decir, el profesional es quien determina siempre el marco general en el que nos vamos a mover. A partir de ahí nos moveremos por donde podamos, pero el marco debe existir. Y podremos determinar o tratar de averiguar el significado que tiene el que nos saltemos determinadas normas o pautas de funcionamiento. Pero el profesional debe marcarlas al inicio. Luego ya es otra cosa.

Y se habló de más cosas; pero dos de ellas quisiera remarcar, o quizá tres: no hablamos al profesor . Me halaga, ¡cómo no!, y seguramente es necesario que al inicio sea así; pero no olvidemos que nos dirigimos a todos y a cada uno de los compañeros del grupo entre los que me encuentro. Es necesario, seguramente, que os dirijáis a mí en tanto que represento muchas cosas en este contexto. Y cómo ya señalara Freíd en su trabajo de 1921 sobre “psicología de las masas y análisis del yo”, hay un aspecto de vinculación con el líder en tanto que representa aspectos importantes para cada uno de los miembros del colectivo. Pero siendo cierto eso también lo es que no podemos sustituir a las personas que forman el grupo grande (ni al pequeño) por la figura del líder. O mejor, si lo hacemos deberíamos poder pensar el porqué lo hacemos. Cuando las personas ponen su acento en el líder (que puede ser una persona, una bandera o una idea, véase lo que sucede en nuestro país) dejan de ver a sus iguales, a sus compañeros de viaje y el grupo puede acabar rompiéndose (eso es lo que sucede cuando emerge una guerra civil, por ejemplo)

Otra cosa a resaltar es que hablamos para entendernos. Combinamos pensamientos, sugerencias, emociones y sentimientos con miras a poder constituir un discurso entre todos nosotros que nos incluya a todos. Nada se puede construir con la exclusión de nadie. Repito, de nadie. Como no podemos constituir nuestra coherencia interna si excluimos pensamientos o sentimientos que no toleramos en nosotros. O sea que nuestro grupo debería basarse en la confianza de unos en otros, en saber que todo lo que decimos lo aportamos para beneficio de todos y cada uno de nosotros. Y ahí juega un papel muy importante la honestidad. Ser honestos es lo más importante que podemos ser. Por esto, si somos capaces de crear una atmósfera en la que quepan todas las opiniones, todas las ideas habremos podido constituir un grupo que nos enriquezca. Pero esto no es fácil. Los temores que a todos se nos disparan hacen o pueden hacer que no nos escuchemos. Escuchar, pues, es una tarea básica de todo profesional.

Y la tercera cosa es la relativa al idioma. Entiendo que cada cual tiene un idioma en el que se siente mejor. Y esto está bien. Y adelante. Pero también hay que pensar que en ocasiones podemos excluir a alguien. Si somos capaces de incluir, incluso en estas diferencias podemos ser hábiles profesionales.

UN saludo
Dr. Sunyer

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