Mi cuaderno de Bitácora: 26 del 2004-05

Mi cuaderno de Bitácora, 26 del 2004-05

Bueno, queridos amigos, nuestra experiencia está pronta a acabar. Escasas horas lectivas nos quedan (en realidad una hora y media) para acabar la singladura de este curso; tras la última clase, los últimos grupos pequeños y el último grupo grande. Todo un trayecto en el que hemos podido experimentar numerosas experiencias entre nosotros. Evidentemente en el “hemos” me incluyo; no podría ser de otra manera.

Estos días han sido complejos. El primero, con la interferencia de los cuestionarios, apenas nos dejó espacio para hablar un poco de nosotros. Tuve que modificar la estructura habitual, grupos pequeños…, para posibilitar que rellenaseis los cuestionarios. Fue un día raro. Pero es que además, era el primer día tras todo el período navideño y de fin de año. Y os dije, y lo constato cada año, este también, que tras él, los pacientes llegan como pueden: unos deprimidos, otros súper enfadados, otros tristes, otros, incluso, abandonan el tratamiento: “vengo de un viaje perfecto por la Patagonia… han sido unos días maravillosos… ahí en el Cabo Hornos, vimos un faro y a su farero, una pareja con su hija que vivirán durante dos años alejados de todo… pero al volver aquí… mi secretaria se pone de baja por un cuadro depresivo, mi hijo suspende y debo acompañarle a hacer los deberes, a mi hija se le han agudizado las crisis asmáticas, mi mujer tiene unas cefaleas que le impiden hacer nada, y el convenio que tenía que cerrar con una importante aseguradora se ha venido a bajo… no encuentro tiempo para nada, y mi caustrofofia, la que me impide trabajar en el despacha, la tendré que soportar con medicación. Tengo que dejar el tratamiento. Le agradecería que me guardase la hora para ver si, tras las vacaciones de Semana santa, puedo reiniciarlo” Ya os decía que son momentos muy delicados. Momentos en los que el profesional debe estar más atento a cuidar la llegada de los pacientes, que se sitúen, que se puedan volver a sentir cómodos en este espacio de reflexión y reconexión consigo mismos, que a pretender iniciar nuevas singladuras.

El período navideño es complejo. En unos pocos días las familias se reúnen en torno a la mesa: ahí coinciden los que nos llevamos bien con los que no llevamos mal o nos llevamos. No siempre estamos en condiciones de estar con ese primo, o prima, o cuñado o cuñada con quien no coincidimos en nada; es más, nos cae gordo. Pero no solamente es un momento de encontrarnos con quien preferiríamos no ver, sino que es un momento en el que hay quienes no han podido venir, porque no están por razones laborales o de enfermedad, o porque han fallecido. Es decir, en breves días nos encontramos con un conjunto de afectos, sentimientos, pensamientos e ideas que nos remueven todos los intestinos. O el corazón. ¿cómo vamos a pretender que el encuentro del día después sea tranquilo, suave, sin apenas qué decir? Por esto hay que estar atentos a lo que el paciente trae. Y en ocasiones es tan dura la vivencia navideña que opta por hablar de elementos que, aparentemente, nada tienen que ver con estas fechas, haciendo gala de ese mecanismo que conocemos como “negación”

Y el segundo día… ya lo visteis. Se respiraba un cierto aire de euforia. Hablábamos más de la cuenta. ¡Si hasta protestaron los de la clase contigua! ¿y por qué?, os formulaba yo. La finalización de la tarea introduce unos elementos complejos en toda relación. Cierto que podemos verlo a distintos niveles. La alegría del reencuentro, la proximidad de los exámenes, la finalización de la tarea, los elementos del duelo inevitable que se activan; todo ello genera malestar, desorganización, desestructuración, caos, nerviosismo, irritabilidad, agresividad… El final de toda tarea así actúa sobre las personas. Y son momentos delicados. Momentos en los que inevitablemente hay una revisión de lo realizado, de los procesos habidos. Y esa situación, como activa los elementos agresivos que ineludiblemente anidan en nosotros, es proclive a que emerjan descalificaciones, banalizaciones, comentarios ácidos… Y es que parece que a los humanos no nos gustan los finales, sobre todo cuando éstos están preñados de afectos varios. Fácilmente el hombre cae en posiciones de tipo esquizo-paranoide, posiciones en las que es fácil la descalificación, la banalización, la ridiculización, la hipercrítica, la negación, la minusvaloración… Posicionarnos en el punto más depresivo es complejo: sentir pena; sentir que, aunque posiblemente los objetivos que uno esperaba no se alcanzaron, se obtuvieron otros que también han podido valer la pena; sentir que uno hizo lo que pudo y por lo tanto renuncia a las fantasías de tipo omnipotente o prepotente que son propias de la posición anterior; aceptar que en muchas ocasiones no aportamos todo lo que debíamos habar aportado, pero que no había mala intención en ello sino un complejo nudo de afectos y pensamientos que lo estaban impidiendo; aceptar que se ha hecho un buen trabajo con un grupo excelente de compañeros y que esta experiencia acaba, esto es duro. Y fácilmente uno siente como añoranza, como una cierta emoción interna que le descoloca, como que si se pudieran alargar las sesiones seguramente iría todo mejor…

Y es que además se acaba también el Cuaderno de Bitácora. Y aunque es cierto que ha sido un esfuerzo y una obligación, también lo es el que ha sido un contacto personal con el profesor, con el alumno, con cada uno de vosotros. En ocasiones me emocioné al leer algunas páginas, porque eran personales, íntimas; en otras me enfadaba ver las dificultades que podíais tener justamente en eso, en hablar desde vosotros, y lo hacíais vistiéndoos de “científicos”, como si el hablar desde vosotros (y para ello no hace falta entrar en zonas íntimas), no estuviese bien; en otras me sorprendía la capacidad de elaboración, la inclusión de algunas citas de autores, la vinculación que alguno hacía con otras asignaturas…

Y aunque todavía me quedan uno o dos escritos de “Mi cuaderno de Bitácora”, quiero deciros que ha sido un placer. No voy a mencionar nombres para evitar comentarios, pero con mucho gusto iría repasando algunas de las vivencias que muchos de vosotros me ha suscitado. Vivencias que podían nacer de una mirada, de un gesto, de un comentario, de un escrito, de una actuación… Para mi estas experiencias que tengo con vosotros, como las que he tenido otros años, no dejan de ser como una vitamina: ayudan a seguir viviendo, a seguir leyendo, escribiendo, pesando en vosotros. Y este curso en particular, ya lo veréis en las gráficas, ha aportado una satisfacción complementaria: la de ser el grupo que más enganche ha tenido con la asignatura, y que más valor ha dado a las relaciones entre vosotros mismos. Y esto, que es un mérito de todos, es algo que me alegra y me produce una gran satisfacción.

Tras nosotros quedan personajes como los de Juan Tirant-lo-alt, o nuestro otro Juan, el que no podía conectar con los afectos; pero también quedan vuestras representaciones, vuestros dibujos, vuestros comentarios. Y también la cara, las caras de asombro que pusisteis el primer día cuando os decía que la asignatura la íbamos a hacer entre todos.

Bueno, el martes último día. Hablaremos del último día.
Os dejo por hoy.
Un saludo. Dr. Sunyer.

No Comments

Post A Comment