Mi cuaderno de bitácora 24 del 2004-05: oir sin escuchar

Mi cuaderno de Bitácora 24 del 2004-5

Hoy es viernes, por la mañana. No sé de cuanto tiempo dispongo para esbozar este cuaderno de hoy. El fin de semana pinta duro pues tengo “Máster”, y esto, lógicamente me va a absorber todo el tiempo que tengo. Pero quería iniciar la escritura de la página correspondiente a hoy, o mejor a ayer, jueves. Una pregunta, ¿cómo fue?

Cuando les explico a alguno de mis amigos lo que hacemos en clase no dejan de sorprenderse; dicen maravillas. Lo que me produce por un lado una cierta vanagloria; pero por otro me sonrojo porque creo que en definitiva es lo que deberíamos hacer todos: tratar de acercaros lo más posible la clínica real a la situación Universitaria. Pero bueno, tenemos lo que tenemos y con ello hay que apechugar. Hasta que nos lo quiten, que todo llegará.

Me dijisteis que habíais obtenido más información. Por supuesto. Dos entrevistas (y más allá de la dureza que supone para Juan el venir y ponerse ante vosotros) dan para mucho más. Y quizás una cosa que no os he dicho: el tiempo es fundamental, pero no en el sentido de que hay que ir deprisa, sino en el de poder permitirnos saborear la relación con, en este caso, Juan. Y posibilitar (no se puede garantizar) que Juan aprenda a saborear la relación con nosotros.

Os comenté varias cosas. Una de ellas la venía pensando anoche. Oír sin escuchar. Escuchar supone una actitud positiva, atenta, como casi de alerta ante lo que el otro dice. Nos pone en tensión. Nuestro oído se tensa y está atento a todos y cada uno de los sonidos. Oír es otra cosa. Supone no estar en tensión, no estar pendiente de todos los sonidos, sino estar dejando que los elementos más inconscientes nuestros capten sus elementos inconscientes. Escuchar no es oír. Uno puede escuchar mucho, pero no oír nada. Y para oír hay que estar relajado. Dejando que nuestra mente navegue por donde quiera navegar sin dejar de escuchar un poco entre las fisuras que nos dejan las nubes de nuestros pensamientos. Y entonces, cuando somos capaces de hacerlo (no siempre sucede), pasa como con las Paraeidolias: esta alteración perceptiva que nos posibilita ver en las nubes formas, caras, animales…; pues bien, cuando nos relajamos, comenzamos a percibir en lo que dice Juan, por ejemplo, aspectos que no verbaliza. Formas que hablan de su dificultad con los afectos, por ejemplo. O con el manejo de los impulsos agresivos. O en relación con… ¿qué os voy a contar si lo tenéis que ver vosotros?

Hay muchas cosas más; pero como no sé cuanto tiempo me dejaran estos compromisos que tengo, voy a deciros algo que no quiero que se quede en el tintero de mi memoria: ¿en qué fechas estamos? Si, en efecto, estamos en un momento delicado de nuestro proceso: fin de año, Navidad, fin de curso, fin de la asignatura, entrega del último trabajo (el próximo día), entra del Cuaderno dentro de poco, y fin de la entrevista con Juan. Por esto digo que es delicado. Comienza a ser momento de valoraciones, de resúmenes de la experiencia, de balances, de… ¿qué le vamos a decir a Juan el último día? ¿qué le ofreceréis como salidas a su situación? ¿le haréis o no una devolución de lo que habéis aprendido con él y qué tipo de devolución? Y fijaros que estas preguntas pueden ser dirigidas hacia otro punto también, hacia la asignatura y hacia grupo-clase y vuestro profesor. Y es que las cosas de la vida tienen tantos paralelismos… Evidentemente esta será otra experiencia más dentro de las que estáis teniendo en este espacio lectivo.
Un saludo.
Dr. Sunyer

No Comments

Post A Comment