Mi cuaderno de Bitácora: 12 del 2004-05

Mi cuaderno 12 del 2004-05

Tengo la sensación de que estamos calentando motores personales. Y la sensación deriva de dos puntos de referencia, o de reflexión. El primero, del teman que propusisteis como conversación del grupo grande: las razones de la elección de la carrera. El segundo, de las asociaciones que hice. Vayamos, pues, en orden.

El primer tema se articula con el inicio del capítulo que tocaba leer hoy. Ya en el primer párrafo se habla de ello. Decía que “Y ser psicólogos, y en este caso concreto, Orientadores, que impregnen su tarea, su quehacer, de este aspecto personal, creativo, que hace que el oficio tenga más de arte que de aplicación técnica. Y es que la relación con el otro tiene mucho de arte. Entiendo que me diréis que uno debe saber desconectarse, sí; aludiendo al susto que suele dar la idea de estar tan impregnados, sí. Pero al tiempo, debe saber seguir siendo psicólogo en muchas circunstancias y tratando de encontrar elementos que le permitan entender al ser humano más allá del ámbito de la consulta o del centro de trabajo. Creo que en este último caso, el psicólogo aplica una técnica con la que está en pleno maridaje. Establece una unidad de acción que alude a la coherencia con la que uno vive y trabaja.” Uno no elige nada por casualidad. Si así fuere, el ser humano quedaría desprovisto de algo que le es consustancial: su capacidad simbólica, su capacidad de atribuir significados a todo lo que hace. Lo cual no quiere decir que, como hombre de la calle, cuando hago algo y no sé por qué lo hago, diré que “es por casualidad”. Pero si soy psicólogo… Esto es aplicable a todo. Quien es Ingeniero, quien estudia Arquitectura, o hace de Barrendero, todas estas cosas tienen un porqué. En unos casos se atribuye más fácilmente a la “casualidad” o a las”circunstancias de la vida”; pero cuando para serlo conlleva un esfuerzo personal, un estudio y dedicación, y en muchas ocasiones, un elemento vocacional, entonces es mucho más difícil sostener la idea casual.

Segundo punto: la paranoia. En mis asociaciones, es decir, en el proceso de pensamiento que nace de escucharos y de estar en una buena predisposición a comunicaros lo que pienso (es decir, lo que me sugiere lo que decís), apareció una situación que proviene de mi actividad como supervisor institucional. Y en ella me encuentro con un equipo que podríamos decir, así de forma coloquial, “está emparanoiado”,o lo que es lo mismo, “se siente perseguido”. Cuando un equipo de personas, o una persona, se siente así, es que percibe un peligro, real o imaginado. Pero lo percibe; y por lo tanto, se siente amenazado. En el caso que os conté, la amenaza deriva de todo lo relacionado con el mundo del derecho: los pacientes pueden denunciar a un profesional por una “mala praxis” si, por ejemplo, no han sido informados de las consecuencias de una intervención quirúrgica. Ese temor llega a paralizar o a enlentecer mucho el trabajo clínico ya que, en muchas ocasiones, los medicamentos que se utilizan no han sido suficientemente testados por la Agencia Española de Medicamentos, y, aunque se usen en otros países, su uso para fines de tratamiento y no de investigación, pudiera ser penado. Y os decía que esa “paranoia” que el equipo colocaba en este lugar, se correspondía a otra ubicada en el mismo equipo: la presencia de personas que generaban mucha tensión.

Tercer punto: la unión del uno y del dos. ¿cómo casáis, o casaríais, el punto primero con el segundo? Os animo a vincularlo, y después, a leer lo que escribo en la página siguiente.

¿Cómo lo vinculo? De entrada os diré una idea fundamental: todo lo que sucede en un contexto está enlazado. La dificultad puede estar en enlazarlo; pero la vida psíquica, tanto la individual como la colectiva, dispone de una tendencia a organizar una cierta unidad, una cierta coherencia. Cuando emergen fisuras en ella, emergen también los síntomas.

Os decía que andamos calentando motores. La elección del tema no es casual. Corresponde no sólo a que aparece en un primer párrafo (¿os habréis leído el resto?) sino a que es una preocupación importante. Pero, si recordáis, me vi ante la necesidad de aclarara una cosa previa: lo que decimos en el aula no es Ley. No pontificamos. No somos poseedores de la verdad. No es una secta de pensamiento único. Aquí, afortunadamente, tenemos libertad de pensamiento, o debiéramos tenerlo. Y creo que como la “elección de la carrera” no es un tema intelectual sino afectivo, el hablar de cosas personales os asusta, nos asusta. ¿por qué? Porque posiblemente creemos que cualquiera de nuestros compañeros va a “atacar” nuestra posición, nuestras razones. Creemos, que el otro va a decir algo que pueda herirme: por lo que me defiendo. Es decir, nos emparanoiamos con el otro, con sus ideas, sus opiniones. Posiblemente, una de las vivencias que tenemos es que lo que se dice en un contexto grupal tan grande adquiere dimensiones enormes. Como si lo que digo o lo que me dicen tuviese un tamaño, una dimensión tan grande que me asusta. O dicho de otra forma: me siento tan pequeño, tan hormiga, ante el grupo grande que creo que cualquier intervención del otro es superior a la mía. Y por lo tanto, me siento atacado. O posiblemente atacado. Es decir, me emparanoio. Y desde la vivencia paranoide, la búsqueda de “técnicas” es el recurso que tenemos más a mano. Algo que me asegure que la sangre que me salpica no me pertenece. Me protejo con la técnica. ¿os imagináis una pareja en la que uno de los dos, el hombre, por ejemplo, se guarece del peligro poniendo a la mujer como escudo? Claro, así no es una pareja. Es otra cosa. Técnico y técnica están divorciados. NO hacen pareja. No bailan juntos.

El artículo habla de que la mejor técnica sois vosotros. Recordad las palabras de Rogers, Si puedo crear una relación que, de mi parte, se caracterice por: una autenticidad y transparencia y en la cual pueda yo vivir mis verdaderos sentimientos; una cálida aceptación y valoración de la otra persona como individuo diferente, y una sensible capacidad de ver a mi cliente y su mundo tal como él lo ve… (1975: 44), ¿cómo hacer para que cada uno de nosotros, la relación que establecemos en el aula sea auténtica, transparente, de cálida aceptación y valoración de la otra persona como individuo diferente? Fijaros cómo los elementos paranoides se nos despiertan en todos. Bueno, en unos más, en otros no tanto. Quien puede hablar es porque le asustan menos estos sentimientos que a los que nos cuesta más. “¡qué va, es que no estamos acostumbrados!” ¿creéis que es cierto eso? NO creo que sea el “acostumbrarse”, o en todo caso, no es el acostumbrarse a estar con tanta gente: sí, el acostumbrarse a aceptar los sentimientos persecutorios y a lidiar con ellos de manera que me sirvan para poder estar y comunicarme con los demás.

Por ello mi propuesta: ser lo más naturales posible. Sed tal como sois. No intentéis ser de otra forma. Y por una razón: ¡se nos ve el plumero! Otra cosa es que en ese proceso de irnos constituyendo profesionales de la salud, orientadores, vayamos aprendiendo a lidiar con nuestros propios conflictos, con nuestras propias dudas y ansiedades. Este es un camino más largo. A mí, me lleva toda una vida.
Dr. Sunyer.

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