Mi cuaderno de Bitácora: 4 del 2004-05

4 del 20004-05

Miraba las gráficas resultantes de vuestras respuestas al cuestionario de Moos, R.H., sobre clima social en la clase (C.E.S.) y observaba dos cosas, o quizás tres, que me llaman la atención. Sabéis que el cuestionario lo rellenasteis la mayoría un día u unos pocos el día posterior. Hay una práctica coincidencia en todas las subescalas a excepción de la de “competitividad”. En ella se aprecia que el grupo que rellenó primero el cuestionario calibró una expectativa de competitividad superior a la que detectó el segundo. La diferencia, sin saber si es o no significativa ya que tendría que coger la calculadora, las fórmulas y las tablas, la diferencia, digo, es aparentemente grande. No sé cómo interpretarlo ya que, en principio, la única diferencia es que el segundo grupo ya vivió una clase tal como van a ser el resto, mientras que el primer grupo, no. ¿Será que el miedo que da una asignatura nueva despierta elementos muy persecutorios y estos, en ocasiones, se desplazan hacia lo competitivo? Ahí hay un campo interesante de exploración para quien quiera. Podríamos decir que el segundo grupo, basándose en lo que pudo percibir tras la clase a la que asistieron por primera vez, calibraron menos temores persecutorios que los del primer grupo. ¿Cómo trasladaríais este fenómeno que acabamos de descubrir entre nosotros a una situación laboral, clínica u organizativa?; además, fijaros (esto ya me está dando morbo y creo que voy a acabar cogiendo la calculadora ) que algo similar, aunque no tan espectacular se da en la última subescala: lo novedoso es percibido de forma algo superior por el segundo grupo a lo que el primero detectó. Dejo a vuestra consideración este aspecto.

Segunda cosa a remarcar. Parece que los dos puntos que obtienen una mayor valoración son el apoyo que esperáis tener del profesor, o sea de mí, y el nivel de orden y organización del sistema de trabajo. Os explico. Del primer aspecto agradezco vuestro interés. No sé si seré capaz de alcanzar la cota que esperáis. Lo intentaré. De hecho me tenéis a vuestra disposición (en los tiempos que están marcados) tanto en lo académico como en lo personal, claro. Y respecto lo segundo… Mirad, posiblemente no haya tanto orden y organización como creéis o esperáis. Un grupo de 65 no deja de ser numeroso y por lo tanto esperar mucho orden y organización puede frustraros. Pero sí es cierto que tal como os he entregado la organización de la tarea alude a ese orden; ello tiene dos razones básicas. Una personal: me gusta el orden. Cierto que no quiere decir que sea ordenado, pero me gusta tener un orden que me permita pensar las cosas a partir de ahí. La otra es absolutamente técnica. Cuando trabajamos en contextos de gran tamaño, los que trabajéis por ejemplo, en organizaciones humanas que son, por definición, contextos grandes, el orden es básico. Y lo es, para que se contengan un poco más las ansiedades de tipo confusionante y persecutorio que emergen, inevitablemente, en estos contextos. A mayor orden, mayores posibilidades tenemos para poder pensar y articular los fenómenos humanos. Si muchos de nuestros políticos lo tuvieran claro, otro gallo cantaría. El orden es básico para poder organizar nuestros propios pensamientos. Y nuestras emociones.

En este terreno que nos movemos, en el de valorar el conjunto de los elementos que habéis valorado, observad cómo la expectativa de trabajo que ponéis es elevada. Os lo recuerdo: depende de todos nosotros. A mi me gusta trabajar. Creo que es una de las cosas mejores que el ser humano puede y debe hacer. Trabajar, no sólo por aquello de poder pagar los garbanzos, sino para poder crear cosas de las que la sociedad (en este caso, el grupo) se beneficie. Escribir cada día el cuaderno de bitácora es trabajo. Consultar citas para aderezarlo, más. Leer lo que os escribo, no os cuento. Valorar lo que vamos haciendo… es trabajo. Sí.

Tercer aspecto. Si comparo vuestras aportaciones con las de otros años… ¿qué? Os ubicáis en zona elevada, ¿eh? Por supuesto muy distanciados de los que asistieron durante el curso 2000-2001, en la mayoría de las cosas. ¿Y cómo acabó otros años? Bueno, más allá de lo que os cuente Radio Macuto, vamos a dejar en suspense este aspecto. Bien que vale la pena recordar que “del dicho al hecho hay un trecho”, por lo que las expectativas, siempre, afortunadamente, están por encima de las realidades. Ahora bien, un grupo con grandes expectativas es un grupo exigente. Exigente para conmigo, vale, pero exigente también para vosotros mismos. ¿seremos capaces de alcanzar los niveles de vinculación para con la materia de trabajo que indicáis en la gráfica? ¿Seremos capaces de conocernos entre nosotros lo suficiente como para valorarlo como lo valoráis? ¿tendremos capacidad innovadora?. A ver si me ayudáis.

Bueno, esto alude a nuestro cuestionario. Y… ¿cómo fue la sesión de hoy? ¿Cómo os sentisteis?

Alguien señalaba que lo que se percibía en clase podía ser un reflejo de lo que también podría suceder en los contextos asistenciales. Cierto. Esta idea es la que subyace en esta forma de trabajar que os planteo. Tratar de ir reconociendo lo que sucede en los entornos profesionales a partir de lo que también nos sucede a nosotros. Ahora bien, fijaros que no es poco lo que os propongo. Cierto que uno podría desear mantener una cierta desigualdad entre vosotros y yo, desigualdad que, en cierta medida es imposible de evitar: sois los alumnos y menda el profesor. Vosotros pagáis por vuestro aprendizaje y yo cobro. Vosotros tenéis una experiencia de poco tiempo en el tema laboral y por mi parte… Pero estas desigualdades las podemos utilizar para enriquecer el conocimiento que tenemos de las cosas o para paralizarlo.

Decía una compañera vuestra que la sociedad tiene, de los psicólogos, una determinada concepción, de tipo persecutorio, que dificulta, paraliza, entorpece las relaciones asistenciales. Es una manera de decir que nos tiene miedo, cierto. También lo podemos decir de otra forma: la sociedad deposita en nosotros los temores persecutorios a ser conocidos y, por lo tanto, a conocerse. Cuando digo deposita en nosotros, me estoy refiriendo a ese mecanismo por el que coloco en el otro los aspectos que no puedo hacer míos. Y en este caso, el psicólogo, los profesionales de la salud, encarnamos esa figura que no es otra que la que trata de saber algo más de uno. Entonces es lógico que nos tema. Si somos lo que para la sociedad o para el sujeto, representamos, lo esperado es que se nos tema. Y que también temamos serlo. Porque si debo ser “el que va a conocer”, esa misma idea se nos adhiere como una expectativa inalcanzable, pero que presiona y nos obliga a actuar, no como somos, sino como se espera que actuemos. Lo cual ya es preocupante.

Veíamos, pues, que emergían una serie de temores, de miedos, de expectativas, que no son sino la consecuencia de lo que la sociedad, el otro, deposita en nosotros. Y los que también nosotros nos atribuimos. Por esto os dije: no curamos a nadie, no resolvemos ningún problema. Solo tratamos de contribuir a conocer un poco más y a tratar de ayudar al otro en este proceso de conocimiento para que pueda ir resolviendo, a su manera, lo que le preocupa. Nada más. Y no es poco. Quiero decir con esto, que deberíamos ir abandonando posiciones de una cierta omnipotencia, para asumir otras de carácter más asequible. Por ejemplo, y por centrarme en la clase, si pretendiera daros todo lo que sé, si pretendiera daros el “conjunto de conocimientos psicológicos que he podido ir acumulando a lo largo de mi vida profesional, si pretendiera que al acabar este curso supierais toda la psicología… estaríais ante un loco. Ante alguien que desconoce los límites, ante alguien que se atribuye la omnipotencia de sus conocimientos o experiencias. Sólo pretendo una cosa, y que ya me resulta complicada: compartir mis experiencias profesionales y departir con vosotros los aspectos teóricos que estas experiencias ilustran para que dispongáis de alguna idea diferente a la que teníais al inicio de este curso.

En esto nos encontramos con una dificultad: la asignatura se llama orientación psicológica. Y parecería lógico pensar que la función es la de Orientar a alguien. Bien. Pero… a ver, imaginación al poder. Si abriésemos una oficina, por ejemplo en la plaza Bonanova por buscar una cercana, y le pusiésemos el nombre de “Orientación ciudadana”, ¿qué iría a buscar la gente? Unos podrían ir a buscar que les orientásemos en la forma de hacer una queja al ayuntamiento, otros que les dijésemos dónde se encuentra la Plaza de Cataluña, otros cómo ir al Aeropuerto, otros dónde denunciar no sé que hecho… Y en unos casos indicaríamos el camino para ir al aeropuerto y en otros les diríamos hacia dónde queda la Plaza de Cataluña, en unos les diríamos qué documento cumplimentar para la queja y a otros les señalaríamos que deberían ir a una comisaría. Y a todos les hemos Orientado. Pero cuando hablamos de Orientación psicológica, nuestro problema no se resuelve de la misma manera. Porque dependerá de muchas cosas. Quién lo pide, cómo lo pide, para qué lo pide, desde dónde lo pide y por qué lo pide. Y si bien es cierto que podríamos hacer lo mismo que con la Oficina de Orientación Ciudadana, es decir, podríamos decir mire, cásese con esta, matricúlese ahí, acuda a un especialista en esta enfermedad…creo que todos entenderéis que esta no es nuestra función. La nuestra es, creo, la de poder saber qué le pasa a esta persona o grupo de personas, que parece que no disponen de los recursos necesarios para poder resolver el problema, y una vez sabido, y una vez comprendido el problema, facilitar que el que nos consulta lo resuelva. Dicho en terminología ciudadana: saber que le pasa a esta persona que parece no disponer de los recursos necesarios para saber dónde se encuentra la plaza de Cataluña, o cómo ir al Aeropuerto, o cómo y dónde presentar una queja o para no saber utilizar la comisaría. Y una vez sabemos estas cosas, el qué les pasa para que estén así, y comprendamos bien su problema, facilitar que localicen la plaza de Cataluña… etc.

SI lo centro en nosotros, mi problema es saber qué es lo que os gustaría saber en relación con las intervenciones asistenciales (sentido amplio), entender vuestros temores, ansiedades, expectativas, comprender bien vuestra situación (último año de carrera), y ayudaros a desarrollar vuestras habilidades para afrontar de otra manera este “nacer a la profesión”. Este es mi problema. Y creo que el de todos los que estamos aquí.

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