Mi cuaderno de Bitácora: 3 del 2004-05

Mi diario de Bitácora: 3 del 2004-05

Nuestro primer día efectivo. Los que no os habíais podido incorporar lo hicisteis hoy, bienvenidos. Y ¿qué os pareció la sesión de hoy? ¿qué apuntaréis en vuestro cuaderno de bitácora? Dentro de quince días comenzaré a recoger unos cuantos.

Me sentí bien entre vosotros. Ya os lo dije. Sea por el tipo de aula, sea por el “parquet” sea por vosotros… ¡qué se yo! Pero me sentí bien. Y algunos de vosotros pudisteis comenzar a traer material. Temas como el proceso, el aprendizaje recíproco, la similitud de nuestro trabajo con el que hacemos los profesionales, el tema de la confianza, los temores persecutorios, la dificultad de hablar y de escuchar… Ideas, pensamientos que surgen de vosotros, de nosotros, y que si somos capaces de escuchar con atención se corresponden, muy mucho, a los que sienten los pacientes y los profesionales frente a cada caso, cada sesión, cada encuentro.

Os expresé mi deseo: que seamos capaces de crear una atmósfera de confianza suficiente como para que os sintamos libres para compartir pensamientos, emociones… Es posible que lo consigamos, pero requiere esfuerzo. Y honestidad. Ser honestos con nosotros mismos y con nuestros compañeros; y con el grupo.

Por otro lado… fijaros una cosa: fuimos capaces de hablar a caballo entre lo que estábamos viviendo, lo que habíamos podido leer y con los aspectos de las experiencias que tenemos todos. Sé que os preocupa vuestro futuro profesional. Y que tenéis prisa. Un consejo, no la tengáis. Ved vuestro proceso personal y profesional como una secuencia de hechos, de aprendizajes y experiencias que os irán configurando como psicólogos. Nadie sale psicólogo de la Facultad. Cierto que os dan un título; pero este papel que colgamos orgullosos de una de las paredes de nuestra casa o despacho sólo es el reconocimiento oficial que habéis estudiado psicología. Nada más. No os engañéis. El psicólogo no se forma mediante un proceso de micro-ondas, sino con el chup, chup, de la cazuela al fuego de leña de la vieja cocina de casa. Entiendo que estamos en períodos de la vida social y cultural en la que lo rápido se cotiza mucho. A este paso, hasta vamos a pretender utilizar el orgasmatrón de Woody Allen para ir rápidos hasta en ello.

Lo mismo sucede con los procesos terapéuticos. Tienen su ritmo y no el que imponemos nosotros. Esto sucede en muchos ámbitos de la vida. Como a muchos de vosotros os habrá sucedido y si no ya llegará el día, he dado muchas papillas: a algunos de mis hermanos primero, y a mis hijos después. Y sí es verdad que queremos que coman deprisa, pero la realidad es que… bueno ¡qué deciros! A la una andaba la mula, a las dos la coz, a las tres… Pues algo parecido sucede en nuestro terreno. Y tenemos que ir aprendiendo a andar al paso de quien se acercó a nosotros. Eso tiene mucho que ver con la idea de therapós, acompañante. Ir a su ritmo y si, por lo que sea quiere ir rápido, introducir calma. ¿por qué? me podríais preguntar. Pues porque en muchas ocasiones ese ir rápido tiene más de huida que de necesidad, más de pasar por encima de las cosas que de tratar de resolverlas. “La gent de Barcelona – me decía una vieja amiga- sempre aneu corrent… com si us empaités algú! O perdéssiu quelcom!

Fijaros en una cosa: ¿habrá alguna cosa de olor fóbico en estas prisas? ¿Qué elemento fóbico sería ese? Me viene a la memoria un caso que tengo, un profesional de la salud que tiene fobia a la sangre. Lo empecé a ver hace… no os exagero, creo que casi dos años. Tuvimos una primera temporada en la que ese tema, el de la fobia, era el central de su tratamiento. Hasta que un día comenzaron a aparecer contenidos que tenían que ver con su madre, ya fallecida. A las pocas semanas interrumpió el tratamiento. Volvió a los seis meses. El tema era el mismo. Volvimos a hablar del tema central y de otros que, tímidamente, podía abordar. Un día, comenzó a hablar de su padre… pocas semanas más tarde interrumpió el tratamiento. Ahora, hace pocas semanas y tras tres meses de “descanso” ha vuelto al tratamiento. Sólo que ahora, aunque persiste la fobia, puede comenzar a hablar de sus hijos, de su mujer… ¿qué estará representando esa fobia a la sangre? Pero fijaros cómo esta persona ha necesitado casi dos años para poder escucharse a sí mismo, para poder comentar aspectos de su vida cotidiana que le afectan, le paralizan, le atormentan…

Los procesos de Orientación psicológica inciden precisamente en todo este período que va desde el momento en que esta persona se puso en contacto conmigo y el día de hoy en el que , tímidamente, puede comenzar a pensar, o a “pensarse” como sujeto con una vida plena llena de incertidumbres, temores, enfados e ilusiones.

Bueno, seguiremos otro día.
Hasta el martes.

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